jueves, 11 de noviembre de 2021

Al encuentro de Orfa

 
Por: Lilian Haydee Vega Ortiz

"Orfa se fue de su lado y no se sabe nada más de ella, pero Rut se quedó con Noemi" 
Rut cap 1:14, A.T. 

Es importante anotar que en la narrativa bíblica existe un rasgo literario que presenta a los personajes en pares. Así, en el libro de Rut encontramos a Orfa/Rut, Mahlon/Chilion; Boaz/Fulano; mujeres del pueblo/ancianos de la puerta.

El libro de Rut es un ejemplo del arte narrativo hebreo.1 El carácter dramático domina y el/la autor/a crea un ambiente aldeano, medido por las faenas agrícolas y desemboca en el tiempo de la fecundidad humana. Hay un proceso de contrastes, de la desdicha a la dicha, del vacío a la plenitud. De ahí el protagonismo está reflejado en Rut, en cambio Orfa, apenas mencionada sale pronto de escena.

Tras la búsqueda de Orfa se le descubre incorporada a las mujeres reprobables de la Biblia. Y es desde la incomodidad que se elabora la presente reflexión. Porque ¿Cuántas veces logramos ver solo una cara o perspectiva de cualquier situación humana? Esa interrogante despliega el interés por seguir sus pasos y compartir algunas consideraciones sobre ella, desde la narrativa del texto. 

De ahí se marca la ruta opuesta de ambas y optan por el retorno a sus raíces, a la tierra donde su ombligo les llama. Una regresa a Belén, la otra a Moab. Sin embargo, sobre la amargura de Noemí se menciona, y quedan en incógnita los sentires de Orfa...

Incluso, hay ciertos personajes, a quienes nos parece común verles en función del otro: Jacob y Esaú, Isaac e Ismael. Usualmente uno de los personajes es visto desde una perspectiva de luz y el otro de la sombra, y en el caso que nos ocupa Rut y Orfa, podría tomarse como papeles o roles antagónicos, "quien hace el bien y quien hace el mal". Conocemos escasamente de Orfa, y aquí queda reducida a un rasgo. Hay una comprensión anticipada, inducida con sutileza hacia condenarle que a entenderle. Lo que nos lleva desde el inicio a una lectura atrapada, que acompaña el pre-juicio.

Cabe señalar también que en algunos relatos de la narrativa bíblica, algunos personajes realizan una función instrumental: aparecen en un momento del relato, actúan en lo necesario y luego desaparecen sin dejar huella, son fugaces. Este procedimiento unidimensional lleva a pasar por alto, o ignorar la complejidad literaria y la riqueza sicológica de la narración.

De esa cuenta, en el caso de Orfa, (heb. zOpah, "testarudo", "cuello (crin)" o "cervato") cuyo nombre la ha marcado, por su nombre que significa "nunca", está etiquetada sobre el reverso de Rut ("amiga", "aliada"). Es señalada al nombrarla, como "la que da la espalda", se le asocia con Sara la mujer de Lot. Así también, los antiguos comentarios rabínicos indicaban que "el nombre de una (de las esposas) era Orfa porque ella había dado la espalda a su suegra" (MidrashRabbah, Ruth II, 9).

Sin embargo, en la relación con Noemí recibe de ella como nuera, la libertad en lo que se refiere al amor, de seguir tras de ello. Recibe además sus buenos deseos y el consejo de volver a casarse. Es así que elabora una libertad interior y opta por seguir la exhortación de su suegra.

En esta historia no hay villanas ni villanos, a ninguna persona se le censura. Y, aunque distintas las lecciones, en ningún momento son desaprobadas. Cada una elige lo mejor para sí.

Orfa al igual que Rut toma su propia decisión, seguir el camino que le dice su corazón. Pese a que en ese contexto cultural del Antiguo Testamento era algo insólito. Por eso, ellas representan dos modalidades de ser, diversas. En esta dualidad de personajes, el narrador reconoce la posibilidad de la diferencia. El coraje y la madurez de ambas, radica en haber seguido cada una la voz de sus consciencias. Orfa es la persona que gusta de lo concreto, de lo sedentario. Rut es la persona soñadora, la que gusta de la dimensión de lo posible. Orfa es una mujer de raíces, que celebra la presencia de Dios en lo acontecido, en la regularidad, en lo inmanente.

Ella decide aceptar la petición de Noemí, y ¿qué lleva en su interior esta mujer?, sino lo mismo que lleva Noemí: ir al encuentro de si misma. Aún a riesgo de caminar "sola" el trayecto de vuelta, Orfa eligió su propio camino, en busca de "sus dioses y diosas".

Por lo anterior debemos comprender el antagonismo en las creencias, porque para el pueblo de Israel, monoteísta y patriarcal, los moabitas debían ser despreciados por ser politeístas. Adoraban a Quemos su dios nacional. Y había vinculo con la diosa Astarté, Diosa madre fenicio cananea, de origen sumerio, que representaba la naturaleza, la guerra, el amor y la fecundidad.

Es desde esta joven mujer, que hay una provocación a comprender el dolor desde la separación, desde el amor. Su despedida, es ese acto de cruzar el umbral. En esa dolorosa despedida de Noemí, que es como un rito de iniciación. En ese recorrido las lágrimas quedaron en el Jordán, luego, al encauce del re- descubrimiento personal. Y esa separación no es meramente geográfica, es una marcha como "El Éxodo", o como "La Odisea", es algo más que un viaje. Es un peregrinaje interior, un caminar al re-encuentro de sí misma, y de lo suyo, al encuentro de aquello para lo cual una ha sido llamada.

Se desconocen las vivencias de Orfa al regreso, a su tierra natal. Sin embargo, por lo escrito podemos sospechar que había conocido sobre las costumbres de su esposo, del judaísmo, con la familia de él (diez años de casada), por eso, la plausibilidad de ubicarse en resiliencia, dentro de las vicisitudes de supervivencia, y a direccionarla hacia el emprendimiento, a la proactividad.

¿Por qué no sospechar que logró estabilizar su situación e inició una labor de protección a la niñez y a otras mujeres? Que se revistió de empatía con las personas en vulnerabilidad... e instauró el arte de abrazar. Además, cabe cuestionar sobre la compasión de Dios también para ella. 

Es hora que reivindiquemos su nombre y su dignidad.

 ¿Podríamos hacer una teología desde Orfa?





Lilian Haydee Vega Ortiz
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología


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1 Alonso Schökel, L. (2002). Biblia del Peregrino. Ediciones Mensajero


viernes, 8 de octubre de 2021

Del Rosa al Violeta, una Sinergia Liberadora.

 

La Organización Mundial de la Salud, OMS o WHO por sus siglas en inglés, entre sus tareas de prevención y cuidado de la salud, impulsa campañas globales con el objetivo de sensibilizar a la población mundial e involucrarla en la búsqueda de soluciones sostenibles frente a diferentes situaciones de salud. Cada año en el mes de octubre se colocan en agenda dos fechas importantes, el día 10 de octubre nominado “Día Mundial de la Salud Mental” y el 19 de octubre, “Día Internacional de lucha contra el Cáncer de Mama”.

Según datos oficiales de la organización Panamericana de la salud, “El Cáncer de Mama es uno de los tipos de cáncer más común en las mujeres en la Región de las Américas: más de 462.000 mujeres fueron diagnosticadas y aproximadamente 100.000 mujeres mueren por cáncer de mama cada año” [i] Las cifras de muerte se aumentan en los países con bajo nivel de ingreso y desarrollo. La sobrevivencia sigue siendo baja. Además de los efectos nocivos en los núcleos familiares, el deterioro de la salud a causa del cáncer y en muchos casos el proceso de duelo ante la amputación de una o ambas mamas son parte de los efectos emocionales que enfrentan muchas mujeres sobrevivientes.



Estética, belleza y erotismo en escritos bíblicos
Los colores rosa y violeta

Suele decirse que el concepto de belleza depende del ojo de quien observa, sin embargo, podemos afirmar que al hablar de belleza nos referimos a algo que al ser visto provoca sensación de equilibrio, armonía y placer a la vista de quien observa. Sin duda alguna, dentro de los cánones de belleza femenina alimentados por la mirada patriarcal, los pechos o senos son la parte anatómica del cuerpo de las mujeres más relevante al hablar de belleza. También, desde el punto de vista de la sexualidad, es una de las partes del cuerpo con más capacidad erógena; o sea capaz de desencadenar el placer erótico en la mujer y su pareja.

En la Biblia judeo cristiana, tanto en el AT como en el NT, encontramos muchas referencias a los pechos femeninos. En algunas ocasiones se habla de los senos como símbolo de la maternidad, cuidado y nutrición: “Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado! (Salmo 131, 2).

En esa misma línea nutricia, el evangelista nos narra el saludo de una mujer hacia Jesús que exclama “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!” Esta aclamación es uno de los halagos más elocuentes referidos a María la mujer, madre de Jesús.

Además de fijarnos en papel de la maternidad, los escritores bíblicos sobreabundan con imágenes eróticas: “amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre. (Proverbios 5:19). Otros textos subrayan la profundidad de las relaciones hombre mujer: “Así que sé feliz con tu esposa, disfruta a la mujer con la que te casaste de joven; hermosa cervatilla, gacela encantadora. Que sus senos te satisfagan por completo, que su amor te apasione para siempre. ¿Por qué, hijo mío, dejarte seducir por la mujer de otro? ¿Por qué abrazar el seno de la extraña?” (Proverbios 5:18-20);

Estas imágenes cargadas de erotismo y sensualidad sirven elocuentemente para ilustrar la alianza de Dios y su pueblo: “Tu estatura es semejante a la palmera, y tus pechos, a {sus} racimos. Yo dije: ``Subiré a la palmera, asiré sus frutos. ¿Sean tus pechos como racimos de la vid, el perfume de tu aliento como manzanas, (Cantares 7:7-8)”

Valgan estos cuantos ejemplos para subrayar la importancia de los pechos femeninos en las diversas y profundas relaciones vitales que desde el ser mujeres se instalan en el contexto judeocristiano. Muchas veces este contexto erótico ha sido invisibilizado en la religión cristiana, debido a parámetros moralista, dualistas y patriarcales que niega a la mujer el derecho al placer erótico, otorgándole tan solo un papel nutricio. Por tanto, se hace urgente realizar una lectura del texto bíblico que deconstruya esos parámetros y ceda el paso al empoderamiento de las mujeres y sus cuerpos como espacios de salud, vida y placer.

Desde hace algunos años se utilizan colores para simbolizar fechas o temáticas reivindicativas, por ejemplo, el color violeta utilizado en las luchas feministas del 8 de marzo y del 25 de noviembre; el lazo rojo para la campaña de lucha contra el VIH/Sida. El tema del Cáncer de Mamas y la campaña de prevención que se realiza en octubre se simboliza con el lazo color rosa.

El uso del lazo rosa para alentar la lucha del Cáncer de Mama, nació el siglo pasado a mediados de la década de los 90’s muy unido a una marca cosmética[ii] y una visión femenina. La campaña del lazo rosa se ha ganado su propio espacio en la lucha contra el cáncer, hoy se habla de “Octubre Rosa” y durante este mes se realizan muchas actividades de sensibilización. Las jornadas de prevención y detección temprana del Cáncer de Mama, han resultado muy eficaces para disminuir la mortalidad de este mal. El color rosa ha contribuido a salvar muchas vidas de mujeres.

El color violeta usado en la lucha feminista es también el símbolo de una espiritualidad ecofeminista que reclama el territorio corporal para liberarlo de las miradas patriarcales. Desde nuestra experiencia de trabajo en salud y reflexión ecofeminista, consideramos oportuna una sinergia entre el lazo rosa femenino y el violeta feminista para salvar la vida de las mujeres, recodificar los cánones de belleza, devolverle el derecho al disfrute erótico y el justo reclamo de sistemas de salud accesibles, igualitarios e incluyentes. Sinergia para tener servicios de salud organizados desde y para las mujeres.



María Concepción Vallecillo. MSC

Médica, Teóloga y Magister en Salud Pública

Integrante del Núcleo Mujeres y Teología

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[1]https://www.paho.org/es/temas/cancer/cancer-mama-hojas-informativas-para-profesionales-salud

[1]https://www.cosmopolitan.com/es/salud-fitness/salud/a29518306/lazo-rosa-significado/

sábado, 11 de septiembre de 2021

‌ “La inmensa potencialidad del caos y sus innumerables posibilidades”


 

Hoy día, en medio de la crisis en la que vive la humanidad y el planeta, la palabra Caos = χάος (kaos), pasó a ocupar un lugar común; frecuentemente se dice que “el mundo volvió al caos primigenio”. Aquí, nos interesa reflexionar sobre el sentido de este término desde una mirada bíblica.

Caos es un vocablo griego que, en el discurso mítico-religioso, vino a significar lo opuesto a orden. Según las cosmogonías griegas, el caos es el estado en que se encuentra la materia antes de la existencia del mundo. De él surgió las fuerzas organizadoras del universo, el Cosmos. [1] 

En esa perspectiva mítica el Caos fue el origen de todo y lo primero que existió, incluso las diosas y los dioses, según la mitología de los pueblos. Era un vacío primordial, del que todo fue creado. También se traduce como «el vacío abierto». Las primeras deidades que surgieron del Caos fueron Gea (la Tierra), Tártaro (el Inframundo) y Eros (el Amor); y más tarde también se crearon Erebus (la Oscuridad) y Nyx (la Noche)[2].

Al principio, el Caos era un estado de desarmonía o desorden aleatorio que existía en el vacío primordial. Poco después se formó un Huevo Cósmico en su vientre y eclosionó produciendo las primeras deidades en la oscuridad. Se pensaba que el caos era femenino, que poseía cualidades antropomórficas y tangibles. Esta interpretación ha cambiado, según las ideas de diferentes historiadores y poetas, a medida del avance histórico del sistema patriarcal, que se impuso sobre las culturas.

La Biblia también habla del Caos en el libro del Génesis (1,1-2): “En el principio, cuando Dios empezó a crear el cielo y la tierra, la tierra era caos y confusión: oscuridad cubría el   abismo y la Ruah de Dios aleteaba por encima de las aguas”.

El término Ruah (Espíritu), en las tradiciones religiosas más antiguas, aparece vinculado al viento, a la respiración y a la energía. Se manifiesta en femenino en la simbología de un ave aleteando, llamas de fuego y la luz.

El sentido onomatopéyico (sonido de las palabras) del término Ruah sugiere lo que quiere comunicar: Ruah significa aliento, viento, amplitud, algo en movimiento, que se opone a lo que es rígido, lo que está inmóvil, represado, calcificado. Es el mismo sonido respiratorio que emite la mujer en el momento de dar a luz a una nueva creatura. En esta perspectiva lo opuesto a Ruah no es el cuerpo, lo material, lo visible, lo concreto. Lo opuesto a Ruah es la parálisis, la desarmonía, la confusión, la muerte, en síntesis, el caos.

En algunos pasajes bíblicos la Ruah aparece como el viento que todo desestabiliza (Ej. Hechos 2,1-21), que produce caos para hacer surgir una nueva realidad. En otros, ella se la presenta como la Brisa Suave, la energía vital que recompone el orden (1Reyes 19,12). Es propio de la Ruah descomponer los patrones rígidos e inmutables y crear una nueva realidad con armonía, belleza y flexibilidad.

Así que, también en medio del caos de esta pandemia en la que vivimos hoy, podemos sentir la Ruah en acción, la organizadora y mantenedora de la vida en medio al caos, transponiendo fronteras, ampliando horizontes, creando espacios de comunicación, integración, articulación y solidaridad, movilizando e impulsando la historia del mundo. Vivimos sostenidas por esa “Dynamis” que despierta en nosotras las grandes inspiraciones e intuiciones dormidas y nos mueve a organizarnos para luchar en contra de todos los mecanismos de muerte que se arrojan sobre la humanidad, y de forma más violenta sobre las mujeres y las niñas.

          Se trata de ser dóciles para dejarnos conducir por la Ruah Divina por donde muchas veces no conocemos y entendemos. Como nuestra Maestra interna, ella nos enseña a dejarnos conducir a la bondad, donación, alegría y paz.

En otras palabras, vivir bajo el Soplo de la Ruah implica activar en nosotras el impulso hacia el "más" y ordenar" los dinamismos humanos hacia un horizonte de sentido: el Reino de Dios como el campo donde actúa la Ruah para que la vida nazca y se desenvuelva.

Su trabajo de transformación y de re-creación nos enseña a reconciliarnos con las dimensiones no integradas de nuestra vida, de la realidad que nos rodea y de las personas, de las cuales nos habíamos distanciado y separado. Su discreta presencia alentadora nos mueve a acoger nuestro potencial de ternura, cuidado y resistencia ante todas aquellas situaciones y fuerzas que desintegran la vida.

Esta es la tierra propicia donde actúa la Ruah. Donde hay más carencia, vulnerabilidad, pobreza y desintegración hay más posibilidades creativas. Ninguna situación puede alejarnos de su Soplo creador y restaurador. Todo vacío es un buen campo para el actuar de la Ruah. Por tanto, nos toca abrir espacio en nuestro ser para que ella pueda realizar su obra transformadora. 


Alzira Munhoz

Integrante del Núcleo Mujeres y Teología

martes, 10 de agosto de 2021

Tres claves para redoblar la esperanza [1]



Por: Silvia Trujillo/La Cuerda 

Transformemos el dolor en flama que alumbre.

En estos tiempos de desazón e impotencia, ¿qué tal si redoblamos la esperanza? El contexto pide a gritos obediencia y pensamiento desde la derrota, pero nosotras, nutridas desde el feminismo, decimos que no, que nos negamos a aceptar sus migajas, que sabemos que son tiempos hostiles, pero creemos, más que nunca, en juntarnos con quienes compartimos luchas y necesidades a sumar fuerza política. Y si al leer “política” frunció el ceño o elevó su ceja, llamémosle de otra forma o inventemos nuevas, “corazonémosla” como nombran en el sur de Abya Yala a esta forma de poner la política en función de la vida. 

Sabemos, estamos seguras que no solo se vale, sino que es necesario y urgente pensar el futuro en clave de las respuestas que tenemos para nuestras necesidades. Y eso exige diálogo, conversa, escucha atenta y trenza (primera clave). Y ahí radica uno de los desafíos ¿a quiénes o con quienes solemos hablar?, ¿con qué voces solemos acompañar nuestras luchas? Quizás, entonces, se trata de preguntar(nos) ¿dónde han quedado las voces de quienes nos antecedieron? ¿Cuánto apelamos a sus enseñanzas?

Cuando me hice estas preguntas aparecieron mis abuelas, una de ellas fue sanadora, poderosa y fue de quien aprendí la persistencia. La otra -flaca como vara, pero fuerte como huracán- fue quien me legó la necesidad de la resistencia. Y cuando las evoqué, sus voces, sus historias, sus enseñanzas me hicieron sentir acuerpada. Pero, sobre todo, las sentí a ellas vivas en mi memoria. 

Y ahí, la segunda clave. Recuperar la memoria. Aún la de los dolores porque en la medida que nos conectemos con los dolores que son “ajenos” pero “nuestros”, los traemos del pasado al presente, los traducimos y pueden transformarse en motores de nuestras luchas. Es decir, en su potencialidad nos brindan herramientas para sanar. Porque si no ¿qué hacemos con tanto dolor acumulado? O lo transformamos en flama o probablemente nos abrume y nos apague. Recuperemos la mecha y permitamos que alumbre el porvenir, que nos nutra de sus experiencias. Pero no solo.  

Tercera clave. Atrevámonos a crear, a soñar, a imaginar cómo queremos vivir y convivir. Radicalicemos nuestra defensa de la vida, del territorio – cuerpo, hagámonos responsables del milímetro de historia que nos toca para conformar la historia de la humanidad. Derrumbemos los viejos modelos, pongamos en duda las certezas y hagamos una reingeniería de las formas, amalgamémonos sin volvernos masa amorfa y homogénea, encontrémonos en los puntos que nos conectan con las otras personas, luchas, memorias.

Si al leer esta columna una llamita le atravesó el cuerpo, quizás llegó la hora de pensar en un horizonte distinto, en dejar de entregarle su energía vital a quienes todos los días trabajan para la muerte. Más que reaccionar: accionemos. (¡Ah! Seguro no son tres las claves, pero, para empezar un camino siempre hay que dar el primer paso).

 


[1]SilviaTrujillo, Tres claves para redoblar la esperanza, publicado en  https://elperiodico.com.gt/opinion/opiniones-de-hoy/2021/07/24/tres-claves-para-redoblar-la-esperanza/

 


jueves, 3 de junio de 2021

Se hace camino al andar



“Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
   se ha de volver a pisar…”

                                                                (Antonio Machado)

Como dice el poeta Antonio Machado: Se hace camino al andar… Hay caminos tortuosos, cuesta arriba, con grandes tropiezos y dificultades; otros son más llanos, más fáciles y algunos, cuesta abajo. A lo largo de la vida recorremos muchos tipos de caminos, pero la mayoría de ellos no los volvemos a pisar, lo que sí podemos es volver la vista atrás y contemplar los caminos recorridos y aprender de la experiencia.

A lo largo de la historia de la humanidad, las mujeres hemos recorrido un largo camino, pero desde hace miles de años, ha sido un camino difícil, angosto, costoso, lleno de mucho sufrimiento, discriminación, invisibilización, como si las mujeres fueran, simplemente, objetos  que no había que tener en cuenta. Así ha sido durante miles y miles de años.

En esta larga y extensa historia, llegó un momento, en que mujeres valientes que no se conformaron con lo asignado por el poder dominante, hicieron frente a los estereotipos, rompiendo barreras, luchando contra viento y marea, abriendo nuevas brechas para las mujeres que les seguían. Hoy podemos, mirar los caminos recorridos por ellas y lo que lograron, gracias a su fortaleza y convicción de que todos los seres humanos tenemos dignidad, poseemos derechos y merecemos respeto.         

          

Por citar algunas de esas mujeres, creo que hay que destacar: Sor Juana Inés de la Cruz
(México, 1651-1695) escritora y poeta; Olympe de Gouges (Francia, 1748-1793) la autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía; Mary Wollstonecraft (Inglaterra, 1759-1797) considerada una pionera del movimiento feminista en Europa, su célebre obra Vindicación de los derechos de la mujer; Sojourner Truth (Estados Unidos, 1797-1883) fue abolicionista y peleó por los derechos de las mujeres; Simone de Beauvoir (Francia, 1908-1986) autora de El segundo sexo, considerada la "biblia" del feminismo del siglo XX. Malala Yousafzai (Paquistán, 1997) los talibanes le dispararon en la cabeza por defender la escolarización de las mujeres.

Son muchas más las que a lo largo de la historia nos han ido abriendo caminos para las que hoy transitamos este momento presente; somos deudoras de ellas y gracias a su denodado esfuerzo, que algunas pagaron incluso con su vida, hoy gozamos de unos derechos reconocidos aunque no del todo respetados. Todavía hay mucho que hacer y mucha igualdad que lograr para tantas mujeres que carecen de ella.

Hoy tenemos ante nosotras el reto de tomar el testigo como en una carrera de relevos, para que otras mujeres puedan gozar de los mismos derechos que nosotras. ¿Aceptaremos el reto o dejaremos que la historia siga su camino sin contar con nuestro aporte? Lo que vamos descubriendo y aprendiendo no es para vanagloria del conocimiento ni para ser pozos de sabiduría, sino para compartirlo con otras y enriquecernos mutuamente con la experiencia de  todas.                       

El conocimiento ha de fluir como las aguas de un río.

 

Maite Menor Esteve 
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología

 


                                                                                               

                                                                   

martes, 4 de mayo de 2021

¿Qué las mujeres no tenemos historia?


Este año he iniciado un Diplomado denominado Mujeres y Teología y en el curso “Mujeres en la Prehistoria hemos ido trabajando la “presencia invisibilizada” de tantas mujeres que, en verdad, han hecho un gran aporte a la cultura. Interesada en este tema he querido centrar mi comentario en dos aportaciones interesantes que me permiten expresar mi propio pensamiento.  ¿Que no tenemos historia las mujeres?

 En el capítulo 11 del libro de Gerda Lerner “La creación del patriarcado”, del que recomiendo su lectura, se hace referencia a Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo” y cuando explicaba “por qué las mujeres carecen de medios concretos para organizarse y formar una unidad” en defensa de sus intereses, declaraba con llaneza: “Ellas (las mujeres) no tienen pasado, ni historia, ni religión que puedan llamar suyos”[1]. Esto significa que el pensamiento y los saberes de las mujeres han sido olvidados, sin trascender en el tiempo, pero no significa que no tengan historia.

 En los períodos hasta ahora conocidos como históricos desde el inicio de las grandes civilizaciones antiguas (alrededor de 3,500 años A.C.) de la tradición oral, eran las mujeres las que, como formadoras de los hijos, fueron las transmisoras de las tradiciones, creencias, valores, rituales religiosos. Pero como no disfrutaban de autonomía y lugar social, toda esa tarea quedó en el silencio, permaneciendo solo aquellas acciones y saberes de los varones.

 Posteriormente, con la escritura se fue afianzando el pensamiento de los varones, quedando postergadas las mujeres del acceso a la educación. La dominación masculina, la exclusión de las mujeres del ámbito público y de la elaboración de un pensamiento propio mantuvo a la mitad de la humanidad en el silencio e impidió a las mujeres ser intérpretes de la historia, quedando ésta registrada como “historia” solo desde una visión parcial interpretada por los varones y desde sus intereses andocráticos. Mujeres invisibilizadas e imposibilitadas de interpretar su propia historia quedan sin futuro, ya que la historia de los pueblos permite reflexión, avance y elaboración de nuevas propuestas y saberes.

 Esta perspectiva histórica androcéntrica-patriarcal permaneció hasta los inicios de la época Contemporánea, hace más o menos dos siglos, las mujeres han trabajado para hacerse presentes en la cultura, en la literatura, en la investigación, en el desarrollo de nuevas fuentes del saber, con una palabra y un estilo propios. No siempre ha sido fácil, incluso han tenido que adoptar formas masculinas para ser incluidas y escuchadas, pero va llegando el tiempo de decir nuestra palabra y levantar la voz con lenguajes propios de nuestro ser mujeres.

 La escritora Irene Vallejo, en su investigación sobre las huellas de las mujeres en los libros, destaca y considera que ellas han sido un eslabón fundamental en la educación y transmisión de los conocimientos, aún a pesar de permanecer en el ámbito privado. En el mundo romano las mujeres que estaban preparadas a nivel intelectual eran elegidas por varones, y al mismo tiempo utilizadas por ellos, para la educación de sus hijos. Sin embargo no estaban interesados en que las propias mujeres recibieran educación para sí mismas.

 Es interesante en su investigación el constatar que fueron las mujeres las primeras narradoras de historias mientras cosían, una tarea netamente femenina. La autora destaca el nexo entre las tareas de coser y narrar. Términos que encontramos en los textos y que guardan relación con la acción de coser: Y así nos encontramos con expresiones como “nudo de una historia, hilo del relato, urdir una trama, bordar un discurso, referirse al desenlace de una narración…” metáforas netamente femeninas. Se puede reconocer en esto que en la época de la oralidad, y mientras cosían, las mujeres contaban cuentos, narraban historias, utilizando metáforas de la costura.

Toda esta experiencia de saberes ha sido borrada…[2]

 Pero a través del tiempo, las mujeres siempre se han ido rebelando ante ese silencio impuesto. Repasando la historia esta misma escritora encuentra el texto más antiguo conocido con nombre propio y firmado por una mujer, sacerdotisa acadia hace 4.300 años y su nombre es Enheduanna.  Y Enheduanna utiliza, a su vez, una metáfora muy propia de las mujeres al manifestar que cuando ella escribe, la diosa Inanna entra en su cuerpo y da a luz las palabras.

 Es cierto que  través de los siglos las mujeres hemos ido ganando cierto espacio, tanto en la ciencia, como en la literatura, la investigación, el arte, la música, las distintas ramas del saber, pero es claro que este aporte viene de muchos años y etapas atrás.  Hay en nuestro ser una habilidad para, desde la situación concreta y sin demasiados recursos, hacernos presentes…aún en el silencio y la invisibilidad. Acudamos a la historia, investiguemos, utilicemos el criterio de la sospecha y hagamos preguntas al silencio donde reencontrar a nuestras ancestras.

 Yo he aprendido de otras mujeres que investigan la historia y se resisten a creer que solo ha habido vacío y silencio en relación al aporte de mujeres sabias. Invito a que levantemos la voz, digamos nuestra palabra y la pongamos al servicio de quienes nos precederán para que nos conozcan a través del tiempo. Porque las mujeres, SÍ,   tenemos historia.                                                                                          

Soy la mitad de la historia humana y la plenitud de la vida.


Todo el cosmos está dentro de mí.

Yo soy mi propio territorio.

Cierro los ojos y contemplo  a mis ancestras

toda la historia está en ellas.

Nos acompañan las mujeres que nos precedieron

las narradoras, las cuentacuentos, las sanadoras,

madres, amantes, amigas, sabias…

Sé de dónde vengo y a dónde voy

En mi ser ya brota la primavera,

Es nuestro tiempo de generar semillas de humanidad 

sabiendo de dónde venimos.

No temas, ya salgo de las sombras y el silencio

Para decir mi palabra.[3] 


Chus Laveda
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología 




                                                                           


[1] Gerda Lerner, “El origen del patriarcado”, cap.11, 321,   citando a Simone de Beauvoir, The Second Sex, Nueva York, 1953, Introducción, 22.

[2] Se puede descargar en: Irene Vallejo, “Las mujeres en la historia de los libros, un paisaje borrado” https://www.youtube.com/watch?v=yw7C_MLqgQw

[3] Poema escrito por María Jesús Laveda