viernes, 20 de marzo de 2026

Agar ¿Esclava o princesa?

Agar es una de las mujeres olvidadas de la Biblia, cuya historia cambia según quién la mira. Es conocida como esclava de Sara, esposa de Abraham, princesa egipcia, rebelde, abandonada en el desierto, matriarca de los árabes, o bien, modelo de liberación y fortaleza. También se le reconoce como la primera mujer en sostener un diálogo con Yahvé y de llamarle por su nombre, El Roi. Ali Bobziena le llama “la primera teóloga de las Escrituras.”

Repasamos brevemente la trama presentada en Génesis donde Agar es colocada junto con Abraham y Sara. Según Génesis 11,31 Téraj sale de Ur con su hijo Abraham, su nieto Lot y su nuera Sara, con camino a Canaán. Téraj se queda en Jarán mientras que Abraham, Lot y Sara siguen camino a Canaán (Gen 12). Con el tiempo, surge una hambruna en Canaán y deciden buscar mejor vida en Egipto. Abraham corría peligro al ser esposo de la bella Sara y se presentó como su hermano (hecho cierto, ya que ambos eran hijos de Téraj, con madres diferentes, Gen 20,2). El faraón tomó a Sara en su casa, y por su parentesco, Abraham, recibió bienes y riquezas. Mejorada la situación en Canaán, la pareja regresa con una esclava, Agar, una princesa que el faraón entregó a Sara para tener una mejor condición de vida, ya que era preferible que fuera sierva y no una concubina en Egipto.

Transcurren diez años y la pareja no logra tener hijos (Gen 16). Ante esta situación, Sara decide entregar a Agar a Abraham como esposa, con el fin de tener un hijo. En la cultura hebrea de ese tiempo, los hijos nacidos de la sierva eran considerados como propios de la esposa. Agar queda embarazada, pero pronto la relación entre ambas mujeres se deteriora: surgen tensiones marcadas por los celos de Sara y la actitud rebelde de Agar. El conflicto llega a tal punto que Agar finalmente huye hacia el desierto. Esto desata la siguiente escena:  

Junto a un pozo, el ángel del Señor entra en conversación con Agar (Gen 16,8-13):

Ángel: ¿De dónde vienes y a dónde vas?

Agar: Huyo de mi señora.

Ángel: Vuelve a tu señora y sométete a ella. Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar. Mira, estás en cinta y darás a luz a un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un hombre indómito: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.

Agar: Tú eres Dios, que me ve, y dice: ¡He visto al que me ve!

Estas líneas del Génesis son fundamentales porque expresan que Agar es la primera mujer en la Biblia en sostener una conversación con Dios y no solo escuchar su voz. Otro aspecto relevante es que ella es de la cultura politeísta egipcia, reconoce a Dios como Señor. Desde nuestra óptica de sospecha, hay que señalar que el calendario litúrgico de la Iglesia Católica omite los versículos 13 y 14, escondiendo esta afirmación de Agar en la conversación[1]. Además, las palabras del ángel anticipan la separación entre Ismael e Isaac y la hostilidad entre los árabes y los israelitas.

Agar le hizo caso al ángel, regresó y nació Ismael que significa “Dios oye”. El niño creció junto a su madre y su padre. Transcurrieron unos catorce años y la ya anciana Sara dio a luz a Isaac (Gen 21). Los celos de Sara aumentaron por temor a que su hijo Isaac no recibiera herencia, por lo que exigió a Abraham la expulsión de Agar e Ismael, sin embargo, este, al escuchar tal petición, se entristeció porque amaba a sus hijos. No obstante, Dios le indicó que atendiera la petición de Sara, por lo que, Abraham se despidió de Agar e Ismael, entregándoles provisiones: pan y un odre con agua.

A partir de este momento, Agar inicia un nuevo camino, el de una mujer valiente y libre, ya no esclava (Gen 21,14-21). Madre e hijo vagaron por el desierto hasta que el agua se agotó. Desesperada, Agar dejó a Ismael a la sombra de unas matas y se apartó, incapaz de presenciar la muerte de su hijo. Entonces, la voz de un ángel la llamó y le anunció que Dios ha escuchado el llanto del niño. Le pide que lo levante, asegurándole que de él nacerá un gran pueblo. En ese instante, Agar ve un pozo, llena el odre y da de beber a su hijo. Bajo la protección de Dios, ambos logran sobrevivir en el desierto, a pesar de las condiciones adversas. Ismael crece y se convierte en un hábil arquero, y Agar le consigue una esposa egipcia. La Biblia no vuelve a ofrecer más detalles sobre la vida de Agar. Pero sí menciona que tiempo después, Ismael e Isaac se reúnen para dar sepultura a su padre en la cueva de Macpela, junto a Sara (Gen 25,9-10).

En continuidad con el relato anterior, la tradición cristiana ha transmitido, en gran medida, una versión como la presentada, modelada a lo largo de los siglos (a,b,d,g,h); por intereses de carácter patriarcal. Sin embargo, las tradiciones judía e islámica ofrecen una imagen de Agar más compleja, dotada de mayor protagonismo y autoridad. Gail Labovitz (f) señala que Agar desempeñó distintos roles en la familia. Según algunas fuentes, fue entregada a Sara como esclava; otras, en cambio, sostienen que fue dada directamente a Abraham como esposa. En ambas versiones, Agar es presentada como una princesa, hija del faraón, ofrecida como muestra de estima hacia los "hermanos" hebreos. Posteriormente, Sara la habría entregado a Abraham no como concubina ni sierva, sino como esposa. Desde esta perspectiva, la tensión entre ambas mujeres no se explicaría únicamente por celos o rivalidades, sino también por la falta de reconocimiento de Sara hacia el estatus de Agar como mujer con origen real. Más adelante, algunas fuentes afirman que Queturá, la otra esposa de Abraham, no es otra que la misma Agar (e,f,h).

Las tradiciones islámicas mantienen a Agar en alta estima, reconociéndola como madre de Ismael, princesa egipcia y esposa de Abraham (c,h). No es presentada como una esclava al servicio de Sara, sino como una mujer con dignidad y estatus propio. Un aspecto particularmente significativo es que Agar no solo fue colmada de bendiciones, sino que Dios se dirigió directamente a ella, un privilegio que, según las escrituras, está reservado a profetas, apóstoles y mensajeros. Esto resalta su importancia espiritual y su lugar destacado dentro de la historia sagrada.

Agar es una de las matriarcas de las tres religiones monoteístas y la primera  mujer en sostener un diálogo con el Ser Supremo. A pesar de dejar a su familia, su confort, su religión, supo llevar una vida digna con valentía en situaciones de hambre, opresión y hostilidad. Hoy, para nosotras es un modelo de mujer de fe y  liberación.

Sheryl Ann Schneider Bogh
Integrante Núcleo Mujeres y Teología

[1] Corresponde a las lecturas del tiempo ordinario, el jueves de la semana 12 del año I, es decir, año impar.
a)      Bobzien, Alli. Rediscovering the fiery and forgotten women of the Old Testament. America Magazine. The Jesuit Review. www.americamagazine.org/faithinfocus/2026/03/06/alli-bobzien-rediscovering-women-old-testament/
b)      Brancher, Mercedes. De los ojos de Agar a los ojos de Dios. "Pp. 11-27" en Nancy Cardoso Pereira, coordinadora. ¡Pero nosotras decimos! RIBLA 25. Editorial DEI, 1997, San José, Costa Rica.
c)       Chheenah, Muhammad Ashraf. Hagar The Princess The Mother of the Arabs & Ishmael The Father of Twelve Princes. Segunda edición, 2014. ISRC Interfaith Study and Research Centre. Islamabad, Pakistan. Disponible en internet en https://archive.org/details/hagar-the-princess-the-mother-of-the-arabs-and-ishmael-the-father-of-twelve-prin
d)      Gómez-Acebo, Isabel, editora. Relectura de Génesis. Segunda edición, 1997. Desclée De Brouwer, Bilbao, España.
e)      Kadari, Tamar. Hagar: Midrash and Aggadah. Jewish Women’s Archive. Visto el 4 de marzo de 2026 en https://jwa.org/encyclopedia/article/hagar-midrash-and-aggadah 
f)       Labovitz, Gail. Agar (las Agares) en el imaginario rabínico: en la encrucijada del género, la clase social y la etnia en Génesis Rabbá. Pp. 187-209 en Tal Ilan, Lorena Miralles-Maciá y Ronit Nicolsky, editoras, en Literatura rabínica. Exégesis judía. La Biblia y las Mujeres 8 Verbo Divino, 2021, Estella, Navarra, España
g)      Támez, Elsa. La mujer que complicó la historia de la salvación. Pp. 189-206 en Sergio Silva, Equipo SELADOC, editor. La mujer. Panorama de la teología latinoamericana VIII. 1990. Sígueme, Salamanca, España.
Tomassone, Letizia. Las hijas de Agar. dos madres en los orígenes del monoteísmo. 2017, Editorial Claretiana, Buenos Aires, Argentina.

viernes, 6 de marzo de 2026

8 DE MARZO: MEMORIA QUE RESISTE, ESPERANZA QUE CAMINA

 Hoy recordamos que somos resistencia: mujeres que, como tantas antes que nosotras, sostienen la vida cuando es amenazada. Resistimos desde el amor, desde la conciencia, desde la memoria que se niega a callar. Sostenemos la vida que habla desde adentro, de nuestro corazón unido al corazón de la Madre Tierra. Porque la historia no se olvida, se guarda para ser custodiada y validada.

Somos lucha: acción silenciosa y valiente que transforma la historia paso a paso. Porque incluso el gesto pequeño puede abrir caminos de dignidad. Porque nuestro actuar acontece en el silencio del gesto sencillo y amoroso, pero como la semilla de mostaza, brota poco a poco y llegará a dar frutos y ramas bellas en donde anidarán infinidad de pájaros.

Defendemos la vida en toda su plenitud. La vida de las niñas, de las abuelas, de las que trabajan, de las que cuidan, de las que sueñan. Porque somos vida, aliento que emana de la fuerza de la Sabiduría.

Tenemos hambre y sed de justicia, y no renunciamos a ella. Creemos en la promesa de que quienes la buscan serán saciadas. Porque la sed de justicia espera a ser denuncia y anuncio de que ya viene el Reino.

Y afirmamos nuestra identidad: somos parte de la historia, no sus márgenes. Que nos vean. Que nos escuchen. Que nuestra voz cuente.

Este 8 de marzo caminamos juntas. Por la dignidad. Por nuestra voz. Por la memoria. Por la vida.


Rita María Gálvez Retolaza
Psicóloga Clínica
Diplomada en Teología


jueves, 5 de marzo de 2026

8 de marzo – Día Internacional de las Mujeres

En este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, nos unimos a la memoria viva de quienes abrieron camino con su palabra, su organización y su lucha. Esta fecha conmemora a las trabajadoras que a inicios del siglo XX se organizaron para exigir condiciones laborales dignas, reducción de jornadas extenuantes y reconocimiento de sus derechos políticos. Durante todo ese siglo, las mujeres siguieron reclamando sus derechos y fue en 1975 que la Organización de las Naciones Unidas reconoció oficialmente el 8 de marzo como el día para exigir el cumplimiento de los derechos de las mujeres. Por esas vidas, luchas y brechas abiertas, esta es una jornada de memoria, denuncia, compromiso colectivo por la justicia y horizonte de esperanza activa.

Como organización de mujeres diversas que nos hemos unido para repensar la fe desde una perspectiva feminista, liberadora y ecofeminista levantamos nuestra voz ante las múltiples formas de exclusión, silenciamiento y violencia simbólica que atraviesan la vida de las mujeres en la sociedad, en general, y las iglesias, en particular. 

Denunciamos la persistencia de estructuras patriarcales que restringen el acceso de las mujeres a espacios de decisión, que limitan su autoridad teológica y pastoral, y que deslegitiman sus experiencias espirituales, así como la desigualdad en el reconocimiento del trabajo pastoral, educativo y comunitario que miles de mujeres sostienen cotidianamente sin recibir el mismo valor ni la misma visibilidad que sus pares varones.

Afirmamos que la fe no puede ser utilizada para perpetuar el miedo ni para justificar la subordinación. La espiritualidad que proclamamos nace del Evangelio de la dignidad y del cuidado, y coloca en el centro la vida plena de las mujeres en toda su diversidad. Desde esta convicción afirmamos que, para que pueda surgir una nueva humanidad, es imprescindible que existan nuevas relaciones entre mujeres y hombres. Por eso luchamos por la liberación de las mujeres como condición indispensable para la transformación profunda de nuestras comunidades de fe y de nuestras sociedades.

Reivindicamos el derecho de las mujeres a interpretar las Escrituras desde nuestros cuerpos y territorios, a nombrar a Dios con metáforas que abracen la experiencia femenina, a participar en igualdad de condiciones en los ministerios y liderazgos, a decidir sobre nuestras vidas y proyectos.

Reconocemos la fuerza de todas las mujeres que sostienen la fe comunitaria. Reafirmamos que la justicia de género es inseparable de la justicia social y de la defensa de los derechos humanos.

En este 8 de marzo tendemos un puente con otras mujeres creyentes, religiosas, pastoras, catequistas, laicas comprometidas, así como con movimientos sociales, colectivos feministas y organizaciones de derechos humanos. Les convocamos a fortalecer redes de sororidad, formación crítica y acción pública. Les invitamos a imaginar juntas iglesias donde la autoridad no se funde en la exclusión, donde el lenguaje litúrgico nombre la experiencia femenina, donde la toma de decisiones incluya la voz de todas.

Silvia Trujillo