Agar es una de las mujeres olvidadas de la Biblia, cuya historia cambia según quien la mira. Es conocida como esclava de Sara, esposa de Abraham, princesa egipcia, rebelde, abandonada en el desierto, matriarca de los árabes, o bien, modelo de liberación y fortaleza. También se le reconoce como la primera mujer en sostener un diálogo con Yahvé y de llamarle por su nombre, EL Roi. Ali Bobzeina la llama “la primera teóloga de las Escrituras.”
Repasamos brevemente la trama presentada en Génesis donde Agar es colocada junto con Abraham y Sara. Según Génesis 11,31 Téraj sale de Ur con su hijo Abrahám, su nieto Lot y su nuera Sara, con camino a Canaán. Téraj se queda en Jarán mientras que Abraham, Lot y Sara siguen camino a Canaán (Gen 12). Con el tiempo, surge una hambruna en Canaán y deciden buscar mejor vida en Egipto. Abraham corría peligro al ser esposo de la bella Sara y se presentó como su hermano (hecho cierto, ya que ambos eran hijos de Téraj, con madres diferentes, Gen 20,2). El faraón tomó a Sara en su casa, y, por su parentesco, Abraham, recibió bienes y riquezas. Mejorada la situación en Canaán, la pareja regresa con una esclava, Agar, una princesa que el faraón entregó a Sara para tener una mejor condición de vida, ya que era preferible que fuera sierva y no una concubina en Egipto.
Transcurren diez años y la pareja no logra tener hijos (Gen 16). Ante esta situación, Sara decide entregar a Agar a Abraham como esposa, con el fin de tener un hijo. En la cultura hebrea de ese tiempo, los hijos nacidos de la sierva eran considerados como propios de la esposa. Agar queda embarazada, pero pronto la relación entre ambas mujeres se deteriora: surgen tensiones marcadas por los celos de Sara y la actitud rebelde de Agar. El conflicto llega a tal punto que Agar finalmente huye hacia el desierto. Lo que desata la siguiente escena:
Junto a un pozo, el ángel del Señor entra en
conversación con Agar (Gen 16,8-13):
Ángel: ¿De
dónde vienes y a dónde vas?
Agar: Huyo
de mi señora.
Ángel:
Vuelve a tu señora y sométete a ella. Haré tan numerosa tu descendencia, que no
se podrá contar. Mira, estás en cinta y darás a luz a un hijo y lo
llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un hombre indómito: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.
Agar:
Tu eres Dios, que me ve, y dice: ¡He visto al que me ve!
Estas líneas del Génesis son fundamentales porque
expresan que Agar es la primera mujer en la Biblia en sostener una conversación
con Dios y no solo escuchar su voz. Otro aspecto relevante es que ella es de la
cultura politeísta egipcia, reconoce a Dios como Señor. Desde nuestra óptica de
sospecha, hay que señalar que el calendario litúrgico de la Iglesia Católica
omite los versículos 13 y 14, escondiendo está afirmación de Agar en la
conversación[1].
Además, que las palabras del ángel anticipan la separación entre Ismael e Isaac
y la hostilidad entre los árabes y los israelitas.
Agar le hizo caso al ángel, regresó y nació Ismael que significa “Dios oye”. El niño creció junto a su madre y su padre. Transcurrieron unos catorce años y la ya anciana Sara dio a luz a Isaac (Gen 21). Los celos de Sara aumentaron por temor a que su hijo Isaac no recibiera herencia, por lo que exigió a Abraham la expulsión de Agar e Ismael, sin embargo, este al escuchar tal petición, se entristeció porque amaba a sus hijos. No obstante, Dios le indicó que atendiera la petición de Sara, por lo que, Abraham se despidió de Agar e Ismael, entregándoles provisiones: pan y un odre con agua.
A partir de este momento, Agar inicia un nuevo camino, el de una mujer valiente y libre, ya no esclava (Gen 21,14-21). Madre e hijo vagaron por el desierto hasta que el agua se agotó. Desesperada, Agar dejó a Ismael a la sombra de unas matas y se apartó, incapaz de presenciar la muerte de su hijo. Entonces, la voz de un ángel la llamó y le anunció que Dios ha escuchado el llanto del niño. Le pide que lo levante, asegurándole que de él nacerá un gran pueblo. En ese instante, Agar ve un pozo, llena el odre y da de beber a su hijo. Bajo la protección de Dios, ambos logran sobrevivir en el desierto, a pesar de las condiciones adversas. Ismael crece y se convierte en un hábil arquero, y Agar le consigue una esposa egipcia. La Biblia no vuelve a ofrecer más detalles sobre la vida de Agar. Pero si menciona que tiempo después, Ismael e Isaac se reúnen para dar sepultura a su padre en la cueva de Macpela, junto a Sara (Gen 25,9-10).
En continuidad con el relato anterior, la tradición cristiana ha transmitido, en gran medida, una versión como la presentada, modelada a lo largo de los siglos (a,b,d,g,h); por intereses de carácter patriarcal. Sin embargo, las tradiciones judía e islámica ofrecen una imagen de Agar más compleja, dotada de mayor protagonismo y autoridad. Gail Labovitz (f) señala que Agar desempeñó distintos roles en la familia. Según algunas fuentes, fue entregada a Sara como esclava; otras, en cambio, sostienen que fue dada directamente a Abraham como esposa. En ambas versiones, Agar es presentada como una princesa, hija del faraón, ofrecida como muestra de estima hacia las "hermanos" hebreos. Posteriormente, Sara la habría entregado a Abraham no como concubina ni sierva, sino como esposa. Desde esta perspectiva, la tensión entre ambas mujeres no se explicaría únicamente por celos o rivalidades, sino también por la falta de reconocimiento de Sara hacia el estatus de Agar como mujer con origen real. Más adelante, algunas fuentes afirman que Queturá, la otra esposa de Abraham, no es otra que la misma Agar (e,f,h).
Las tradiciones islámicas mantienen a Agar en alta estima, reconociéndola como madre de Ismael, princesa egipcia y esposa de Abraham (c,h). No es presentada como una esclava al servicio de Sara, sino como una mujer con dignidad y estatus propio. Un aspecto particularmente significativo es que Agar no solo fue colmada de bendiciones, sino que Dios se dirigió directamente a ella, un privilegio que, según las escrituras, está reservado a profetas, apóstoles y mensajeros. Esto resalta su importancia espiritual y su lugar destacado dentro de la historia sagrada.
Agar es una de las matriarcas de las tres religiones monoteístas y primera mujer en sostener un dialogo con el Ser Supremo. A pesar de dejar a su familia, su confort, su religión, supo llevar una vida digna con valentía en situaciones de hambre, opresión y hostilidad. Hoy, para nosotras es un modelo de mujer de fe y liberación.
![]() |
| Sheryl Ann Schneider Bogh Integrante Núcleo Mujeres y Teología |
a) Bobzien, Alli. Rediscovering the fiery and forgotten women of the Old Testament. America Magazine. The Jesuit Review. Visto el 6 marzo 2026 en www.americamagazine.org/faithinfocus/2026/03/06/alli-bobzien-rediscovering-women-old-testament/
b) Brancher, Mercedes. De los ojos de Agar a los ojos de Dios. Pp 11-27 en Nancy Cardoso Pereira, coordinadora. ¡Pero nosotras decimos! RIBLA 25. Editorial DEI, 1997, San José, Costa Rica.
d) Gómez-Acebo, Isabel, editora. Relectura de Génesis. Segunda edición, 1997. Desclée De Brouwer, Bilbao, España.




