jueves, 2 de noviembre de 2017

Nuestras Reflexiones 2017



Mujeres anónimas, juzgadas y liberadas en la época de Jesús y en la de  hoy                                                                                                      
En el evangelio de Juan (8, 2- 11), se narra cómo  “Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio y poniéndola en el centro le preguntaron – Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La ley de Moisés ordena que mujeres como ésta sean apedreadas; tú, ¿qué dices? Decían esto para ponerlo a prueba, para tener de qué acusarlo. Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo: el que no tenga pecado, tire la primera piedra…De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos, hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí en el centro. Jesús se incorporó y le dijo: -Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Ella contestó: Nadie, Señor. Jesús le dijo: -Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más”.

En la época de Jesús el desprecio, la marginación y la opresión hacia las mujeres era fuerte, las leyes de pureza y el sistema jerárquico patriarcal aseguraban esta realidad. Este episodio puede ser un ícono de la acción violeta que se generaba hacia los cuerpos y la dignidad de las mujeres.  

Este hecho que nos recuerda el evangelio de Juan, de la mujer presentada por los letrados y fariseos a Jesús, puede tener varias interpretaciones. Hoy, este acontecimiento y la realidad que viven muchas mujeres en los países del tercer mundo nos invita a interpretarlo, haciéndonos conscientemente las siguientes preguntas: ¿Cómo vemos a los hombres, a la mujer y a Jesús en el texto? ¿Qué hacen, qué dicen los hombres, qué hace y qué dice la mujer y Jesús? ¿Cuáles serían las representaciones de otras mujeres en el texto? ¿Qué nos diría la mujer si le diéramos voz? ¿Qué le preguntaríamos?¿Habrían algunas preguntas que quisiéramos realizar a los letrados y fariseos o a los hombres de hoy, cuáles?...


Volviendo al texto, vemos una mujer sola, puesta en el centro, juzgada por los varones celosos de las leyes religiosas.  Hoy, ¿no nos es muy conocido, cuando una mujer es tema de conversación en un grupo y que generalmente es para juzgarla desde estereotipos, desde la poca estima y para estigmatizarla?... ¿O cuando en temas de sexualidad, y violencia sexual se le condena, se le responsabiliza, se le desacredita, sin preguntar por el hombre  adultero que la forzó?

Las mujeres hoy, como en la época de Jesús siguen siendo juzgadas y sometidas a la falta de educación, trabajo y salud. Según fuentes oficiales se registra una estadística  alta de analfabetismo y en las áreas rurales es mayor, pues, son las que tienen menos posibilidades de acceso a la educación[1]. También el 20 por ciento de las mujeres alguna vez casadas o unidas han experimentado la violencia física o sexual, según la Encuesta Nacional de la Salud Materno Infantil realizada en 2014-2015[2]; sin mencionar la carencia de servicios para cubrir las necesidades básicas.  Haciendo una interpretación plástica, las acusaciones y pedradas serían las faltas de oportunidades que se le niegan a la mujer, y por si fuera poco, el femicidio ha cobrado demasiadas víctimas en Guatemala, solo en el mes de octubre de este año, ya se ha llegado al total del año pasado, es decir que ha incrementado.

Otro aspecto preocupante es que los hombres que detentan el poder no hacen más que enriquecerse, no sólo a costa de los pobres, sino a costa del trabajo anónimo  e invisibilizado de las mujeres, aprovechando, muchas veces su energía  creadora y emocional.   

Y nos surge la siguiente pregunta: ¿Será que los hombres, como esposos, hijos, padres de familia, como miembros activos de esta sociedad, seguirán solo viendo o buscarán formas para que a las mujeres se les dé su lugar en todos los espacios donde les corresponde y renunciarán a seguir ejerciendo esa violencia hacia las mujeres o simplemente se quedarán como espectadores? Jesús nos cuestiona entonces, a cristianos y cristianas. En ninguna familia debe haber una mujer que no sepa leer, en ninguna familia se le debe dar importancia sólo para los oficios domésticos, en ninguna familia debe haber una mujer que se esfuerza trabajando en la calle para llevar su aporte económico a la casa y continuar haciendo las labores  del hogar siendo invisible y no apoyada ante la misma, duplicando y triplicando así su trabajo.

Lo interesante de Jesús es que no se deja condicionar por la ley, es decir, actúa con libertad, la cuestiona, y pone a la mujer por encima de la misma. Reacciona diferente a nosotras  y nosotros, que ponemos pretextos para comprender a  todas las mujeres que durante toda una vida se han dedicado al trabajo como empleadas domésticas,  ¿Cuál es el trato y el pago que les doy y se merecen? ¿Cuál es la comida que les ofrezco?...la que sobra o la que comemos en la familia.
Este evangelio nos inspira a la ternura, a la calidez, al amor y a la libertad de Jesús para acoger con toda la humanidad de que somos capaces a las mujeres y así lograr una sociedad más equitativa... Cambiar las piedras, las leyes, el sistema de relaciones desigual y la violencia por el  amor, la justicia, la igualdad, la educación y las condiciones igualitarias de oportunidades de trabajo. 


                                  Felícita Pineda García* 
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* Esposa y madre de un hijo, licenciada en pedagogía y ciencias de la educación, tercer año de diplomado en Teología de la Liberación en la Escuela Monseñor Gerardi y miembro del Núcleo Mujeres y Teología, catedrática del Instituto Nacional de Educación Básica Atlántida.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Comunicado URGENTE XX Jornadas Mujeres y Teología












Les deseamos paz en nombre de Núcleo Mujeres y Teología.


Con inmensa tristeza compartimos con ustedes que hemos recibido notificación reciente por parte de la comunidad de la Dra. Joan Chittister, respecto a que ella está sufriendo serios quebrantos de salud que le impedirán viajar y participar en las jornadas programadas para la próxima semana.

Por tal razón nos vemos en la penosa posición de CANCELAR las XX Jornadas Mujeres y Teología "Una espiritualidad saludable para quienes buscan despertar", que hemos estado preparando con mucho entusiasmo durante varios meses.

Desde ya lamentamos los inconvenientes que pueda producir la cancelación de estas jornadas, especialmente a quienes, participan en las mismas, ya era parte de sus planes.

Así mismo agradeceremos socializar este comunicado con quienes consideren necesario.

Esperamos su comprensión y solicitamos nos acompañen con sus oraciones por la salud de la Dra. Joan.

En esperanza,


Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala
24 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

"HACIA UNA ESPIRITUALIDAD SORORARIA"

                                     Lubia de León      
   “Solo haciendo pactos entre mujeres alcanzaremos
niveles superiores de humanidad”


La humanidad y el cosmos en continuo devenir van tejiendo cambios inherentes a su subsistencia. Así también las mujeres y los hombres han ido adquiriendo a través de la historia nuevas consciencias, desde diversas miradas y experiencias que reclaman serias transformaciones en sus relaciones.

Los terribles problemas sociales evidencian la división y el dualismo entre seres humanos. Habitamos en una “casa común”, donde descubrimos que, a pesar de cohabitar nos sentimos personas totalmente extrañas; enemigas y enemigos eternos de los otros y de las otras que sean o piensen distinto, limitando así nuestra capacidad de formar comunidad, un ser nosotras y nosotros.















                 Las mujeres en especial, atravesamos una larga historia de división intergenérica e intragenérica que no es natural. Esta situación ha sido generada por la cultura patriarcal y sus efectos perjudiciales aún persisten en nuestras vidas y en nuestras relaciones, ya sea en menor o mayor escala. 

Podemos constatar como la enemistad y rivalidad con las de nuestro propio género sale a cada paso, sin ni siquiera percatarnos de las consecuencias... Y pensar que, cada vez que nos dividimos retrocedemos al estadio anterior.

Hablar de espiritualidad es referirse a un sentido profundo de vida, de plenitud que nos lleva a la trascendencia y por ende a la transformación.  Lamentablemente, por siglos, las mujeres nos hemos visto desprovistas de la oportunidad de desarrollar nuestra propia espiritualidad, una espiritualidad que en primera instancia sea sanadora de nuestras memorias y de nuestros cuerpos heridos por la deshumanización ejercida hacia las de nuestro género. De ahí que, el propósito de esta reflexión sea propiciar la búsqueda de una espiritualidad sororaria, es decir de hermanas, que dé sentido a nuestras relaciones entre mujeres...Y pensar que, hasta estar saneada la propia casa se podrá habitar en ella.


Siguiendo esta misma intuición y con la esperanza de encontrar pequeñas luces para la construcción de relaciones sororales; invito a dar una mirada a la situación de dos mujeres que refiere el evangelio de Lucas (Lc 10, 38-41), ellas son “Marta y María”, muy bien conocidas como las amigas y discípulas de Jesús, en Bethania.

En este pasaje, se contrapone la actitud de Marta preocupada por realizar las actividades domésticas con la de María, su hermana, quien decide quedarse a escuchar al Maestro como discípula. En la actitud de Marta se puede deducir su solicitud por cumplir con los roles asignados a las mujeres de su época, llegando en ese momento a sentirse cargada y “sola”. María ya no le acompaña, ha transgredido el sistema y decide quedarse escuchando al Maestro, una actividad que era propia de los varones. María en ese momento deja de escuchar a su hermana; el diálogo entre ellas está ausente y ya no se ven juntas buscando el mismo fin.

La mediación de Jesús es solicitada por Marta, quien más que dar solución, confirma una manera distinta de relación a la marcada por el patriarcado y que será la instaurada en el nuevo proyecto del reino. No obstante el desencuentro de las dos hermanas, esta dinámica de libertad contribuirá a una evolución en su relación sororal.

Indicios de esta evolución se pueden percibir en el Evangelio de Juan, capítulo 11 que  refiere a Marta y María en una nueva situación donde aparecen rasgos de su profunda sororidad. Aquí se comunican y juntas son capaces de suscitar que Jesús realice aquel milagro de resurrección para su hermano.


A partir de esta breve reflexión, quiero conectar algunos elementos que puedan ser útiles a la hora de abordar nuestra conflictividad entre mujeres desde una espiritualidad sororaria. Un primer punto es reconocer el mal que nos afecta. Las mujeres del siglo XXI, queramos o no, aún seguimos inmersas en un sistema patriarcal, donde la división de las mujeres sustenta en gran parte la permanencia y reproducción del mismo, por lo que es importante identificar la problemática intragenérica concreta, confrontarla y disuadirla a través del diálogo, la apertura, el reconocimiento mutuo y la conversión propia.

Un segundo elemento será la capacidad de decidir por nosotras mismas,convirtiéndonos en transgresoras del sistema que nos oprime y en constructoras de nuestra propia humanidad. Implica la tarea de sanarnos, reconstruir lo dañado y permitirnos llegar a un nivel de evolución expresado en el cuidado, la alianza, la confianza, el apoyo y el perdón.


Un tercer elemento será vernos y experimentar que podemos llegar a ser verdaderas  hermanas de nosotras mismas, de la tierra, de las criaturas, de la naturaleza, de los hombres y sobre todo de las demás mujeres donde a manera de espejo “nos reflejamos”. Amarnos entre nosotras, nos humaniza.

Esta espiritualidad sororaria podrá construirse paso a paso en la cotidianidad, en el intercambio, en el rito, en el canto, en la danza, en la celebración, en el dolor, en la paz, en el conflicto y en todo aquello que nos afecte... para llegar como nuestras amigas Marta y María, a ser capaces de propiciar la resurrección y la vida.


miércoles, 9 de agosto de 2017

Soltando dos pájaros de la jaula


   Por Geraldina Céspedes, op               

Hay dos realidades que nos están urgiendo hoy a un cambio de mentalidad en la manera de percibir y de vivir la relación con el cosmos y la relación entre hombres y mujeres: el deterioro del medioambiente y la violencia hacia las mujeres. Precisamente, con el objetivo de responder al desafío que estas dos magnas cuestiones nos presentan surge la corriente denominada ecofeminista que analiza la conexión entre la crisis ecológica y la crisis del patriarcado y que nos plantea que nuestro sueño de otro mundo posible ha de articular la lucha por la sostenibilidad medioambiental con la lucha por relaciones justas y equitativas entre hombres y mujeres.

El ecofeminismo intenta soltar dos pájaros de una jaula al buscar sanar y liberar desde la escucha a los dos gritos que hoy expresan con más fuerza el sufrimiento ecohumano: el grito de la tierra y al grito de las mujeres. Es una perspectiva que indica la relación existente entre dos de los movimientos más importantes de nuestra época: el movimiento feminista y el movimiento ecológico, que junto a otros movimientos están sacudiendo las referencias tradicionales en nuestra forma habitual de entender el mundo.

El ecofeminismo se opone a la apropiación patriarcal tanto de la naturaleza como de las mujeres, considerados objetos de dominación para el crecimiento del capital, y al modelo dominante de desarrollo, basado en el crecimiento y el lucro y su estrategia de modernización que destruye la diversidad biológica y cultural. Uno de los rasgos fundamentales del ecofeminismo es que percibe la interconexión entre todas las formas de opresión y violencia que afectan a las mujeres y a la naturaleza. Así, quiere oponerse a la apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción (fertilidad de la tierra y fecundidad de la mujer), que no es más que una consecuencia del desarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista. Dicha apropiación se manifiesta especialmente en dos efectos perniciosos para la naturaleza y para las mujeres: la sobreexplotación de la tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina, cuya expresión más degradante lo constituye hoy día el tráfico de niñas y mujeres para fines de prostitución.


                                                                          El actual modelo económico, basado en la obtención de un máximo beneficio, necesita del sistema patriarcal, es decir, necesita que unos dominemos sobre otras/otros para poder mantenerse. El ecofeminismo busca derrumbar esa mentalidad patriarcal que no sólo considera a las mujeres como ciudadanas de segunda categoría, sino que usa la naturaleza como objeto de dominación y lucro, sometiendo a ambas desde una visión jerárquica y sexista del mundo. Desde esa mentalidad, la tierra y las mujeres son vistas como objetos a utilizar, conquistar, someter y violar. Por eso se usa el mismo vocabulario machista para hablar de las mujeres y la naturaleza.

El ecofeminismo analiza la vinculación entre patriarcado, militarismo y destrucción del medio ambiente. Las guerras conllevan la destrucción de la naturaleza: seres humanos, cultivos, animales, contaminación del aire, del agua y de los suelos, etc. Muchos conflictos actuales, que frecuentemente sólo se consideran desde la perspectiva política o económica, tienen que ver con la crisis medioambiental y con la imposición de un paradigma patriarcal y androcéntrico que no ha hecho más que deshumanizar tanto al hombre como a la mujer.

Al analizar los distintos síntomas de la degradación medioambiental captamos su relación con el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, percibiéndolo como un problema de injusticia en la relación Norte-Sur. El Norte no sólo consume sus propias materias primas, sino que consume más del 60% de los alimentos que produce el planeta, más de dos tercios de los metales y la madera que se extrae en todo el mundo y quema el 70% de la energía. Este despilfarro de recursos por parte de unos pocos es insostenible e injusto desde todo punto de vista (ecológico, ético, religioso) y está produciendo consecuencias nefastas para los pobres, de forma más brutal en las mujeres pobres que sufren más los efectos de un sistema que se sostiene en 3 grandes fábricas: la fábrica de la violencia, la fábrica de basura y la fábrica de la miseria.

Este es el contexto en que surge el ecofeminismo como una filosofía, una espiritualidad y una teología ligada a las necesidades fundamentales de la vida, a la subsistencia, una perspectiva muy cercana a las mujeres pobres del Sur que son las más afectadas por el hambre y la desnutrición, el analfabetismo y la carencia de tierra. Son ellas las que tienen que vivir en lugares inseguros y viviendas indignas, en suelos minados, contaminados con tóxicos, expuestas a radiaciones nucleares. Son ellas quienes ocupan los lugares más amenazados del ecosistema y quienes viven en propia carne las amenazas que les impone el desequilibrio ecológico.


La nueva conciencia ecofeminista se articulan en torno a tres ejes: 1) la sustentabilidad ecológica y social, basada en relaciones de sororidad/fraternidad para con la naturaleza y entre los seres humanos; 2) el respeto y la preservación de la diversidad biológica y cultural en medio de un sistema que busca la uniformidad y la destrucción de las diferencias; 3) la participación en las relaciones sociales y en las formas de gobierno, inspiradas en la democracia como valor a vivir en todos los niveles de nuestra vida (familia, relaciones entre hombres y mujeres, escuela, sindicato, iglesias, religiones, movimientos de base, organizaciones, estado, etc.). Así, cuando hablamos de ecofeminismo nos estamos refiriendo a una nueva visión del mundo, del cosmos y de toda la realidad que nos desafía a buscar formas organizativas en los que se dé una democracia inclusiva en la “que todos y todas quepamos”, incluida la naturaleza.

El crecimiento de la conciencia ecofeminista es un signo de la presencia de la Ruah y es una perspectiva capaz de mantener en alerta a la vez al movimiento ecológico y al movimiento feminista, pues nos hace ver que el análisis de la crisis ecológica no toca el corazón de la cuestión hasta que no vea la conexión entre la explotación de la tierra y la definición y el tratamiento sexista hacia las mujeres; pero también nos hace ver que la teoría y la práctica feminista tiene que incluir una perspectiva ecológica y las soluciones a los problemas de la Casa Común. El ecofeminismo logra este propósito al poner un fuerte énfasis en la relacionalidad y la interdependencia entre todos los seres, como principio absolutamente fundamental para el mantenimiento de la vida. Al colocar la relacionalidad como principio fundante de nuestra vida, somos capaces de superar las jerarquizaciones y separaciones que establecemos entre la naturaleza y los seres humanos y nos encaminamos a vencer el complejo de superioridad de los humanos frente al resto de los seres y el de superioridad de los hombres frente a las mujeres, de los blancos frente a los negros, de los ladinos frente a los indígenas, etc. Al percibir la articulación entre las opresiones de clase, sexo y raza y asumir que la lucha por la liberación ha de abarcar todos los niveles, el ecofeminismo es una postura político-crítica relacionada con la lucha antirracista, antisexista, antielitista, antimilitarista, antisistema. Sus principios cuestionan no sólo la organización jerárquico-piramidal del mundo, las organizaciones y las iglesias, sino también las filosofías, las antropologías y las teologías que fundamentan esa estructuración.

jueves, 1 de junio de 2017

NUESTRAS REFLEXIONES


Espacio de promoción y reflexión teológica feminista       mayo 2017

Liberando el texto

Una relectura bíblica del relato de la creación humana

Por Lilian Vega






Este mes integramos a nuestras reflexiones la relectura bíblica como método de la hermenéutica, que pretende liberar al texto de las interpretaciones que interfieren en el propósito de Dios, aquellas que han intervenido tanto nuestros pensamientos como nuestra manera de actuar. 

Necesitamos conocer la hermenéutica, o sea la interpretación de los textos con los lentes de mujeres, de migrantes, de personas discapacitadas, entre otras. Lentes que nos lleven a las teologías contextuales. Entonces podemos cuestionar al texto, también sospechar  cuando aparecen incongruencias, porque vulneran la vida de las mujeres a través de las interpretaciones androcéntricas.
Cabe mencionar que las culturas desde la antigüedad han narrado la historia de la creación humana en diversas formas e imágenes. Así, en el Popol Vuh, libro sagrado de la cultura maya, la creación humana a partir del intento con diferentes materiales, entre estos el maíz. En la Biblia es narrada la historia de los orígenes de la humanidad desde un proceso alfarero-quirúrgico, moldeando y acomodando la tierra o barro adamah (en hebreo tierra fértil).

A continuación compartimos los textos del estudio: Génesis 1:27; 2:18, 20-23; I Timoteo. 2:12-13.

En la Biblia se encuentra en el Génesis, en el primer capítulo la narración de la historia de la creación humana: varón y mujer hechos a “imagen y semejanza de Dios” (1:27). Y en el segundo capítulo hay otra narración de la creación humana  con imágenes y las expresiones: “ayuda idónea”, la mujer formada de la “costilla” de Adán, también “carne de mi carne, hueso de mis huesos”(2:20-23). Las dos narraciones  contienen un mensaje que fundamenta la vida y el señorío sobre lo creado, en condiciones de igualdad.
Debemos detener la atención al segundo relato, el que menciona varias expresiones, lo enfatizamos porque el sentido de su comprensión interpretativa es el que aparece en textos a partir del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento. Escritos  así:
Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; Ti. 2:12-13ª.
 El apóstol formula instrucciones restrictivas hacia la mujer y las sustenta aludiendo el origen, y les imprime la categoría, es decir establece orden de jerarquía.
 Este  texto ha generado  implicaciones indeseables dentro del cristianismo hasta nuestros días, por la interpretación contaminada del patriarcado y del androcentrismo que imperaba.

Por eso mismo, reconocemos como realidad que existen personas que aceptan la desvalorización de las mujeres creyendo que la Biblia es sustentadora de dicho razonamiento; sitúan directamente la imagen del relato de la creación en que la mujer es sacada de la costilla de Adán, como el acto que marca su inferioridad.  Además nuestra sociedad ha admitido conceptos erróneos desde este relato mítico-religioso,  que avalan la violencia en muchos hogares, desde rasguños hasta la muerte. Es más, el maltrato a las mujeres prolifera como algo natural.

¿Cómo se ha leído el texto bíblico?

El relato en mención se ha leído de una forma superficial, literalista, en donde no se llega a comprender el mensaje de Dios. El cual fue intervenido por la cultura y la filosofía griega, luego asimilado por los padres de la Iglesia, quienes influyeron en Pablo. Esto ha sido determinante para establecer un sistema patriarcal, de dominio y opresión. En donde al varón se le ha considerado como “cabeza” y la mujer queda en inferioridad, discriminada o invisibilizada. Con esa lectura  superficial del relato, solo tomaron las formas e imágenes, y priorizaron el aparecimiento de las mismas, pero no atendieron el valor y  la significación.

Propuesta de relectura bíblica

Es preciso acercarnos al texto sin velos, sin prejuicios, sin ataduras y sentirnos en libertad para cuestionarlo abiertamente. Podemos preguntarnos ¿Desde cuáles lentes o esquemas se lee el texto? Cabe señalar la apropiación de  los lentes de la justicia, de la misericordia, para entrar en comunicación con el texto. Necesitamos liberar la palabra, reivindicarla, para que el mensaje ilumine la voluntad de Dios.  En una palabra: despatriarcalizarlo.

Por lo tanto,  debemos rescatar del relato mítico la existencia de símbolos que marcan el evento. Además, reconocer que el mito nos conecta con lo sagrado, con lo religioso. En este caso el mito interviene en la explicación del relato del origen de la humanidad, sobre una historia verdadera, porque somos parte de la misma, porque se fundamenta desde la imagen y semejanza de Dios, cuya representación simbólica humana está en Eva y Adán, sin importar el orden de aparición.

Así podemos comprender que la historia de la creación humana está escrita en dos momentos, diferentes fuentes y culturas. El relato primero, corresponde a la fuente sacerdotal, que data esta del período exílico e inmediatamente post-exílico, s. VI-V a. C.  Solo analizamos 1:27: Cuando Dios creó  al  hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó.

El segundo relato, más antiguo que el primero de Gn. 1:27, fue escrito probablemente de los siglos X-IX a. de C, en el reino del sur, en Judá. Pertenece a la fuente Yahvista; utiliza el nombre de Yahveh o Jahveh para referirse a Dios, y se caracteriza por una teología que presenta a un Dios cercano a las realidades humanas, en un estilo muy popular. Solo analizamos: Génesis 2:18,20-23.
 18Luego Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle ayuda adecuada.” 20Así el hombre fue poniéndoles nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo. Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre. 21Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. 22De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, 23el cual exclamó: “Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada”.

Cuando nos acercamos al término “idónea” o “adecuada”, en Gn. 2:18, señala González y Maldonado (2003), “literalmente quiere decir “como enfrente de él”, que se refiere a la imagen que se refleja en un espejo”. Se comprende que los animales no calificaron por no ser semejantes a Adán. Eva se encuentra al igual a Adán a la imagen de Dios. Esto se afirma en Gn 3:26, sobre la potestad que tienen en común, como creación humana. Podemos comprender que no existe rasgo alguno sobre la idea de jerarquización.

Lo que expone el relato segundo es una explicación detallada y coloquial, adornada con figuras que faciliten la percepción de la artesanía humana. Se instala en la tierra el origen de representación humana, la especie homo sapiens, el género humano.

También expone la llamada “ayuda idónea”,  hacia el respeto y dignidad. Para comprender la trascendencia del término “costilla” en su significación de vida (Gómez-Acebo, 1999)[1].  Además, que hagamos de la expresión “carne de mi carne y hueso de mis huesos”, el reconocimiento de una sola naturaleza.  En donde se comprendan las diferencias,  dignificándolas.

Por eso proponemos la resignificación del mito y que desde este relato cambiemos paradigmas patriarcales hacia consensos por la igualdad de oportunidades. Necesitamos hacer una relectura bíblica que comprenda las diferentes expresiones y significación para absorber el mensaje de Dios, genuino. Por último, que la humanidad, imagen y semejanza del Dios justo, del Dios de la vida, pueda corresponder a dicha asignación. Que la relectura bíblica nos llene con el soplo de la Ruah, para captar en nuestro contexto el reinado de Dios. 



Bibliografía
Gómez-Acebo, Isabel. En clave de mujer…Relectura del Génesis. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1999.
González, Justo L. y Zaida Maldonado Pérez. Introducción a la Teología. Nashville: Abingdon Press. 2003.
Biblia nueva generación. Nueva versión Internacional 1999. Por la Sociedad Bíblica Internacional. Florida.         



[1] “La palabra hebrea sela es la versión semítica de un vocablo sumerio ti, que tiene dos acepciones: costilla y vida”. Hay un juego de palabras en esto, que viene a ser señora de la costilla o señora de la vida y que hace vivir”.

jueves, 27 de abril de 2017

Nuestras reflexiones, abril 2017

Espacio de promoción y reflexión teológica feminista                               abril 2017

Por María Jesús Laveda

“Por esos gritos de ayuda,
por esas voces que no se escucharán más,
¡Me dueles Guatemala!”
 Dicen que era nuestro día, el día Internacional de la Mujer, aunque muchas de nosotras no hablamos de celebración, sino de recuerdo y conmemoración por el asesinato de aquellas otras mujeres que dieron su vida en defensa de los derechos de todas. Y mientras caminábamos, levantando nuestra voz, otras voces gritaban pidiendo ayuda para salvar sus vidas del fuego.

Mientras, en un mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción, -producto  de la mentira y la indiferencia de quienes debieran cuidar la vida-, sucedía lo inimaginable, la muerte de 41 niñas y adolescentes a quienes no escucharon sus gritos de dolor. Eran niñas rebeldes, malas, ellas se lo buscaron… es lo que muchas personas piensan y han expresado en relación a estos hechos.

Pero el grito de las niñas y de otras organizaciones de defensa de sus derechos ya resonó en otro tiempo clamando humanidad y exigiendo justicia para sus cuerpos maltratados, violados por la prepotencia de quienes debían protegerlas, sobreviviendo en un mundo falto de ternura, amor, respeto y dignidad. No escucharon. No hicieron caso de sus denuncias. Ni las de ellas, ni las de los otros organismos que conociendo la realidad exigieron cambios. No escucharon. No eran importantes. No valían la pena. 

Y hoy, a nosotras, a todo el país, nos faltan 41 niñas y adolescentes.

Una vez más, sea el día que sea y el mundo entero cante otra cosa, las mujeres seguimos siendo personas de segunda clase, sin derecho a ser respetadas, acogidas, reconocidas en nuestra dignidad.

Resuena en mi interior uno de los gritos escuchados en la concentración  organizada por la sociedad civil que decía: ¡Los cuerpos de las niñas, no se tocan, no se violan,  no se queman, no se matan!

Era un solo grito, pero no fue suficiente. La plaza se tiñó de rojo, de sangre inocente derramada y sumiendo al país es un desconcierto y un sentimiento de rabia, impotencia, incredulidad frente a lo sucedido.

¡Hasta cuando hemos de seguir sufriendo! ¡Hasta dónde nos es posible resistir, perder vidas humanas, rotas en sus sueños y robada su esperanza!

Nadie se hace responsable. Unos dicen: es un asesinato de Estado… otros comentan en voz baja: todos somos culpables… pero hoy 40 niñas ya no pueden levantar su voz.

Y esto va seguir así mientras a cada uno y una de nosotras no nos queme el alma, no nos salpique el dolor de esas niñas y sus familias que las lloran, mientras otras aún no saben dónde se encuentran sus hijas.

¡Me quema…me quema!  En tantas otras oportunidades hemos levantado la voz exigiendo justicia para nosotras las mujeres, reconocimiento de nuestra dignidad, derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra libertad, de nuestros sueños… hoy también gritamos pero hoy además, nos quema y duele el alma.

¿Y dónde queda la teología en toda esta experiencia?

Dice Jesús: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron… Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, no me lo hicieron a mí” Mt. 25, 41 – 45

Jesús se encarna en nuestra realidad humana, se identifica con cada ser humano, se hace uno de nosotros, asume nuestra misma debilidad, por eso el daño causado a uno de los más pequeños, empobrecidos, marginados, violentados en su dignidad, se lo hacemos al mismo Jesús. Somos su mismo cuerpo, su misma sangre. Somos cuerpo de Cristo. Desde su encarnación ya no hay diferencia entre lo divino y lo humano. Todo es sagrado a los ojos de Dios.

Pero nuestra hipocresía, nuestra indiferencia nos permite seguir creyendo que estamos en el lado bueno de la historia, porque cumplimos leyes y realizamos ritos sagrados, olvidando reconocer en cada ser violado, excluido, en cada mujer violada, discriminada, al mismo Dios.

 Nuestra dignidad nos viene de nuestro ser personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nuestra imagen la expresamos en los dones recibidos de Él, nuestra libertad, inteligencia, capacidad de pensar y decidir, nuestra creatividad para el bien. Nuestra semejanza la expresamos en nuestros actos de bondad, rectitud, responsabilidad, servicio. Pero tenemos una falsa imagen de Dios y por lo mismo, una falsa imagen del ser humano. Por eso lo hacemos propiedad nuestra, y hacemos con él lo que se ajusta a nuestros intereses mezquinos y personales, violando, quemando sus cuerpos y rompiendo sus vidas. No nos interesan.

Es tiempo de despertar. Todas y todos. Es tiempo de actuar de manera profética. No es suficiente romper el silencio. No son suficientes los gritos, el llanto y las palabras por fuertes que las pronunciemos. Hay que actuar. Desde la conciencia de nuestro ser personas y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano.

Aún ahora yo siento que levanto mi voz, pero ¿me arriesgo a la acción comprometida en defensa de todos los que sufren marginación y violencia?

Resulta, en cierto modo fácil reconocer el rostro de Dios en los empobrecidos, pero en los violadores, los corruptos, ¿logramos verlo? Resuena en mi interior la palabra de Pedro: “Si mi hermano me ofende, cuántas veces debo perdonarlo, ¿hasta siete veces?” Y la respuesta de Jesús: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.  ¿Cómo anidar estas actitudes en nuestro corazón dolido, indignado, cansado de tanto sufrimiento? No es sencilla una respuesta al estilo de Jesús. Pero hay que dar pasos para un cambio de sociedad, más humana y digna.

Hay que exigir responsabilidades. Eso es lo que gritamos. Pero mientras no cambiemos nuestro interior, mientras no nos convirtamos todos y todas en un pueblo profético que trabaje por un mundo distinto, seguiremos gritando y nuestra cosecha será más muerte.



Chus Laveda
Licenciada en Pedagogía
Miembro del Núcleo Mujeres y Teología
Abril 2017