
Desde el sentir y pensar de las mujeres en la tierra de la eterna primavera
martes, 10 de diciembre de 2019
Adviento con ojos de Madre

jueves, 31 de octubre de 2019
Geraldina Céspedes: ¿Por Qué no le llamamos madre a Dios?
A continuación les anotamos el enlace de la entrevista realizada por Carmen Quintela, a la Doctora en Teología, Geraldina Céspedes, integrante del Núcleo Mujeres y Teología en Guatemala.
https://agenciaocote.com/
Esperamos que sea de su agrado esta amena e ilustrativa entrevista.
miércoles, 23 de octubre de 2019
Simón el leproso, desde otra ventana

Lilian Haydee Vega Ortiz
Participante activa del Núcleo Mujeres y Teología
lunes, 23 de septiembre de 2019
Empoderar a las mujeres para vencer el analfabetismo


miércoles, 17 de julio de 2019
“UN GRAN VACÍO EN LA POLÍTICA GUATEMALTECA”
La historia de Guatemala dará un giro en positivo, de crecimiento e inclusión cuando la mayoría de las mujeres estemos convencidas de que es un derecho inexcusable participar en la política como una plataforma para alcanzar espacios de toma de decisiones en políticas públicas que puedan llegar a promover leyes de igualdad de género. Porque, volviendo a algunos de los datos para las elecciones guatemaltecas, no es posible que, del total de personas analfabetas, el 66.3% corresponda a mujeres y que ellas constituyan el 53.8% del padrón electoral[2]
jueves, 4 de julio de 2019
Niña, ¡levántate!

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Escrito por: Cinthia Méndez Motta Participante Activa del Núcleo Mujeres y Teología |
miércoles, 24 de abril de 2019
Después del Sábado
Hoy
día todos hablan de procesos, es una palabra que metodológicamente explica
algunos cambios de paradigmas sean sociales, culturales o religiosos. En las
iglesias se habla de procesos de conversión, procesos de evangelización,
procesos pastorales, entre otros. Los procesos tratan de mantener la
continuidad en los hilos conductores.
En el ámbito
empresarial y organizacional se hablan de procesos sistémicos, se utiliza el
ejemplo del cuerpo humano con sus diferentes sistemas; el sistema nervioso,
sistema respiratorio o el sistema circulatorio; el mejor ejemplo suele ser el sistema
digestivo. Este último, con el proceso de la digestión, transforma los alimentos
en energía calórica para el cuerpo, dándole vida y posibilidad para realizar
otros procesos transformadores sean endógenos, dentro del mismo cuerpo humano o
exógenos, fuera de sí para transformar la realidad y construir la historia.
Otra cosa que podemos decir sobre los procesos sistémicos es que tienen puertas de entrada y de salida. El espacio, sea temporal o físico, que media entre esa puerta de entrada y de salida permite la intervención de diferentes actores y factores. El aporte que estos deben hacer es para contribuir al logro de metas o la obtención de los cambios y situaciones nuevas deseadas.
Estas pocas ideas
y la realidad que nos circunda hacen plausibles los “procesos” en sí mismos.
Todo proceso, en las condiciones ideales o por ley de inercia, debe alcanzar
los fines deseados. Pero, hoy por hoy, la misma realidad histórica nos hace
notar que no todo es procesual, de repente se requieren saltos cualitativos y
radicales que cambian totalmente el rumbo, que rompan los procesos. Nos referimos
a un “antes” o un “después”, se trata de acontecimientos puntuales que, como
hitos o señales clavados en el camino, marcan un límite, un hasta aquí nomás,
de aquí para allá hay otra cosa.
El
Evangelio de San Lucas que se lee en la Vigilia Pascual de la Iglesia Católica Romana
en este año 2019, inicia con un hito. Una marca que señala un antes y un después.
“El primer día después del sábado, muy de mañana llegaron las mujeres al sepulcro,
llevando los aromas que habían preparado ...”
“Y
el primer día de la semana, muy de mañana” (v. 1a). Los
cuatro Evangelios nos dicen que era “el primer día de la semana” cuando
ocurrieron los eventos (Mateo 28:1; Marcos 16:2, 9; Juan 20:1, 19). El primer
día de la semana, claro, es el día siguiente al sábado y corresponde a nuestro
domingo. Lucas pronto nos dirá que la temprana iglesia veneraba el domingo
(Hechos 20:7; véase también 1 Corintios 16:2; Apocalipsis 1:10).[1]
Después
del sábado “llegaron las mujeres”,
el evangelio de San Juan nos hablará solo de una mujer, María de Magdala; El
evangelio de Lucas siguiendo a Marcos y muy ligado a la cultura patriarcal, se
refiere a las mujeres en plural. Según la tradición judía, el testimonio de una
sola mujer no sería creíble, es necesario el testimonio de varias. En este caso
se menciona a tres mujeres con nombre propio, “Eran María Magdalena y Juana y María, la madre de
Jacobo (Santiago). También las demás mujeres con ellas…”
Un
versículo más adelante, el texto confirma este pensamiento patriarcal de
minoridad de las mujeres. Las tres mujeres son consideradas como delirantes, aun
así, Pedro prefiere ir y cerciorarse de lo dicho por las mujeres. Ahora él
también entrará en una experiencia que lo deja confundido. Él, igual que las
mujeres, experimentará y será testigo de la
única prueba con que se cuenta acerca de la resurrección de Jesús, el sepulcro
vacío y los lienzos por el suelo (Kasper W).
Ahora
bien, nuestra lectura del texto quiere rescatar dos ideas que están al inicio
de este escrito, “lo procesual” y el “después de”. Las mujeres han seguido a
Jesús desde Galilea, probablemente ellas miraban a Jesús como el iniciador de
un proceso de cambio en sus vidas y en la vida de su pueblo. El Sábado se
habían asegurado conocer dónde yacía el cuerpo de Jesús, habían preparado los
aromas y el día después del Sábado se disponen a cumplir con los rituales señalados
por la tradición, embalsamar el cuerpo del muerto.
Para
su asombro, después del Sábado las cosas cambiaron radicalmente, y ese primer
día de la semana la situación es totalmente otra. El Sábado con todo el peso de
la tradición ha quedado atrás. La experiencia de la resurrección las saca
abruptamente de lo habitual y procesual y las lleva a un salto radical, al
punto de ser consideradas delirantes. Esa experiencia marca sus vidas y después
del sábado, en ese primer día de la semana nada volverá a ser igual.
Creo
en los procesos como necesarios para la correlación de fuerzas y avance de la
historia. Pero también creo que los procesos, algunas veces, nos hacen ir por
inercia y nos pueden llevar al continuismo haciéndonos creer que lo que hacemos
es parte de un proceso. Hoy más que nunca estamos llamadas a ser como esas
mujeres que fueron al sepulcro y dieron un salto en sus vidas.
Necesitamos
saltos cualitativos en los procesos políticos y sociales, en las relaciones de
pareja, la familia, las redes y organizaciones de mujeres, la participación colectiva
para el desarrollo sostenible y sustentable, necesitamos vivir nuestro primer
día de la semana después del Sábado. Necesitamos empezar a vivir desde cambios
radicales. Cada una está llamada identificar su propio Sabat y empezar a vivir
después del Sábado, empezar a vivir su primer día de la semana.
La experiencia del resucitado nos urge a ser anunciadoras de tiempos nuevos. No busquemos entre los muertos al que vive. Hoy es el primer día de la semana, estamos estrenando la historia, nos toca escribir páginas nuevas.
viernes, 8 de marzo de 2019
Calladas Nunca Más
La comunidad formada por Jesús, que con el tiempo fue conocida como la Iglesia – aunque no siempre sean lo mismo – ha sido una comunidad conformada por mujeres y hombres desde sus inicios hasta nuestros días. Sin embargo, la historia tradicional le da voz solamente a los hombres: los doce apóstoles, los padres de la iglesia, los obispos, los papas, los reformadores, los pastores, y otros.
Es obvio que las mujeres no hemos estado calladas en la historia de la Iglesia. Y, quienes hoy sostienen todavía esta línea de pensamiento, quieren tapar el sol con un dedo, intentando silenciar las voces de las mujeres en el pasado y en el presente. Lo cierto es que, desde este pretendido silencio de las mujeres, el sistema nos adormece con románticas historias de mujeres calladas, amorosas y hogareñas. Estas historias ensalzan su entrega total, su maternidad, su servicio en el hogar como su espacio natural, su obediencia a sus maridos, obispos y reyes. Así, para el sistema, las calladitas son más bonitas.
La consigna “calladita te ves más bonita…” es una forma artificiosa del sistema patriarcal para acallar a las mujeres que quieren manifestarse como seres libres, autónomas y críticas. Esta forma de callar a las mujeres es una práctica enmascarada o explícita en la formación de las mujeres en diferentes ámbitos. Cuando yo era estudiante en la escuela de secretarias, una maestra nos hizo leer y aprender una composición – de autoría anónima – que decía: “Mujercita: Se amable, pero no fácil… Se digna, pero no orgullosa… Ríe, pero no a carcajadas… Mira, pero con recato… Se alegre, pero no frívola… Conversa, pero con mesura… Se dulce, pero no empalagues…”
Esta imagen de mujercita dulce y recatada es también la figura ideal de mujer dentro de la Iglesia. Como mujer crecida dentro de la Iglesia, recuerdo las largas pláticas sobre cómo ser una “buena mujer”. Las mujeres adultas enseñaban – adoctrinaban – sobre cómo debería ser la niña, la joven y la mujer adulta: recatada, sencilla, servicial, respetuosa, dispuesta y sobre todo, callada… aprendiendo en silencio. En sí, el mandato era: no mires, no toques, no hagas, no hables… y si hablas, repite solamente lo aprendido, no te salgas del guión.
Es triste señalar que estas prácticas siguen dándose en las diferentes denominaciones cristianas. A veces de maneras muy explícitas y, en otras ocasiones, las enseñanzas vienen disfrazadas de un lenguaje bíblico con ropajes de doctrina cristiana.
En la actualidad, muchas tradiciones cristianas impulsan los liderazgos de las mujeres. Y todo va muy bien, siempre y cuando las voces de las mujeres se plieguen a los ideales del sistema. Sin embargo, cuando ellas quieren mirar, tocar, experimentar y hablar desde ellas mismas, chocan contra las paredes del sistema en donde se lee “calladita te ves más bonita”.
Las comunidades cristianas fieles al Evangelio de Jesús, no callan las voces de sus integrantes, más bien animan su libre participación. Este principio tiene su fundamento en la práctica de la primera comunidad de Jesús. Ésta era una comunidad diversa, con una alta participación de mujeres, a pesar del contexto patriarcal en el cual se desarrolló. De esta manera, las mujeres de la comunidad primigenia de Jesús no eran calladitas, más bien eran mujeres activas, libres y con una voz propia.
Los Evangelios abundan con testimonios
de las voces de las mujeres en el movimiento de Jesús. Como una voz primordial escuchamos la voz de María
de Nazaret, la madre de Jesús, quien inclusive, ante lo numinoso, no se queda
en silencio. Ella dialoga, interpela y
responde al mensajero divino. Más tarde la oímos hablar con su prima Isabel y
prorrumpir en un abundante canto al Dios liberador de Israel. Isabel, su prima,
no era menos callada. Ella tiene el
poder de la palabra mientras su esposo, el sacerdote Zacarías ha sido
silenciado. Es ella quien tiene la voz para nombrar a su hijo. – Juan se
llamará – dice ella y su esposo deberá consentir (Lucas 1).
Ana la profeta en el templo, es una
mujer que exclama su agradecimiento a Dios, ante la presencia de Jesús en el
templo. Luego, seguirá hablando con esperanza a quienes esperaban la liberación
del pueblo (Lucas 2,38). No sabemos de voces clericales acallando la voz de
esta profeta.
María Magdalena, Juana, Susana y otras
muchas que seguían a Jesús, proclamaban junto a él y sus compañeros, las buenas
noticias del Reino en ciudades y aldeas (Lucas 8,3). Más tarde, María Magdalena
llevará, junto a otras mujeres, el
primer anuncio de la resurrección.
La viuda habla mucho ante el juez
injusto y exige sus derechos (Lucas 18). La mujer sirofenicia – o cananea – no
solo habla, sino grita. Jesús argumenta y ella contra argumenta hasta lograr
una respuesta (Mateo 15,21-18). La mujer conocida como la Samaritana, es una
mujer teóloga en franco diálogo con Jesús a quien reconoce como el Mesías. Más
tarde, se convierte en la Apóstol de Jesús ante su pueblo. Nadie la calla (Juan
4).
Estos y otros muchos relatos
evangélicos, nos dan testimonio de la participación amplia de las mujeres en la
comunidad de Jesús.
Y no tenemos registros acerca de Jesús callando o
silenciado a ninguna mujer, porque las buenas noticias del Evangelio no eran
para personas calladas. Más bien eran noticias para hablarse y proclamarse
abiertamente y llevar liberación a los pueblos. La libre participación de las
mujeres en la comunidad, permitió el anuncio rápido de la resurrección de
Jesús. En este sentido, sin las voces de las mujeres, no hay Evangelio.
Y, ¿Qué decir de la multitud de mujeres que durante la historia cristiana nos han dejado su apostolado, su teología, su música y sus escritos? ¿Qué decir de aquellas que alzaron su voz so pena de muerte? ¿Qué decir de aquellas que fueron acalladas con la muerte, y sin embargo, su martirio nos sigue gritando sus ideas? Así, la participación de las mujeres en la historia de la Iglesia, ha sido abundante, aunque más abundantes han sido los esfuerzos para silenciarlas.
Las voces de nuestras hermanas en las comunidades cristianas son parte de nuestra memoria hoy. Ha habido muchas voces de mujeres activas y eso ha sido una piedra irritante en los zapatos del patriarcado. Y por ello, se nos ha aplicado la consigna, disfrazada de dulzura, “Calladita te ves más bonita…” Bajo esta falsa premisa, a las niñas y a las jóvenes se les recorta todavía bajo el molde de la mujer cristiana, callada, sumisa a toda la estructura religiosa masculina.
¡No más silencio, no más amoldamiento al sistema que nos quiere calladas!
Hoy, nos apoyamos en la fuerza de las
miles de voces de mujeres que nos gritan desde la historia y que nos llaman a
alzar la voz en nuestro tiempo. Hoy,
alzamos nuestras voces fuertes, suaves, melodiosas, roncas o gritonas en busca
de la liberación de nuestros pueblos.
Hoy, nos asumimos como discípulas de
Jesús y escuchamos su llamado de liberación de este sistema de injusticia que
nos ha oprimido, violentado, asesinado y acallado nuestras voces. Hoy también
escuchamos la voz de Jesús que nos llama a dejar nuestro silencio, a escuchar su Evangelio, a participar
activamente en nuestras comunidades cristianas y en el desarrollo de nuestros
pueblos.
Hoy unidas a la multitud de voces de nuestras hermanas que nos gritan desde la historia, nosotras también gritamos ¡Calladas nunca más!
Integrante activa del Núcleo Mujeres y Teología