lunes, 23 de septiembre de 2019

Empoderar a las mujeres para vencer el analfabetismo


El analfabetismo en Guatemala es una realidad muy dolorosa, no se puede cerrar los ojos y seguir haciendo caso omiso a este problema que mantiene a nuestro país en la ignorancia. Afecta sobre todo en las áreas rurales y mayoritariamente a los pueblos indígenas. El sistema educativo tiene muchas carencias y mientras esto continúe muchas mujeres y hombres seguirán siendo engañados de múltiples maneras por no saber leer ni escribir, principalmente las mujeres.

En el sistema patriarcal, las mujeres nacen con roles establecidos, ser esposas y madres, les imponen como meta principal de sus vidas atender los oficios del hogar, educar a los hijos y cuidar al cónyuge, vetadas del derecho a la educación. “Un 48.7% de las guatemaltecas de 15 a 24 años se dedica al hogar, porcentaje que crece entre las edades de 25-64 años (60.1%) y entre las de 65 y más (66.5%)”. (Jaramillo, 2019).

Para que la tasa de analfabetismo en el país disminuya, se debe iniciar desde la equidad de género “es garantizar las mismas oportunidades a mujeres y hombres, y la equidad consiste en aplicar medidas y acciones que tomen en cuenta las características o situaciones diferentes, género, clase, ideología, etnia, religión, edad, para que las personas efectivamente gocen de igualdad”. (Sec Mujeres Medellín, 2015)

Los tabús sociales: se marca muchas veces desde el género de la persona, en ocasiones las mujeres se encuentran en una situación de inferioridad determinado por reglas de una cultura o país, influyen en el comportamiento de las mujeres, en especial en las áreas rurales donde todavía se les impone casarse a temprana edad, por pertenecer a un grupo de personas vulnerables, pobres y marginadas, “1 de cada 3 niñas ve interrumpida su educación y desarrollo porque contrae matrimonio a temprana edad. Según los registros de la entidad global, Girls not Brides”. (Gonzalez, 2018). Como consecuencia las niñas no alcanzan a terminar sus estudios, los suspenden y se les dificulta conseguir un trabajo, riesgos en el embarazo, desnutrición, conflictos emocionales, entre otros.

Según la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) “es importante promover que se haga justicia para las menores y que reciban todos los beneficios que el Estado está obligado a brindarles, pues el llevar un embarazo a temprana edad transforma por completo su plan de vida. Una de las consecuencias es dejar los estudios para que niñas cuiden niños”. (Castillo, 2019)

En Guatemala se estima que hay “1 millón 241 mil personas mayores de 15 años que no saben leer ni escribir, cifra que representa el 12.31 por ciento de la población. Un dato que se mantiene sin alterar desde el 2016, y que se calcula con base a las proyecciones del Censo de Población de 2002”. (González, 2018). Derivado de dicha información algunos ciudadanos guatemaltecos se les dificulta expresarse, dar su opinión con libertad, defender sus derechos, implementar conocimientos en sus actividades cotidianas para mejorar sus condiciones de vida.

Las mujeres que no saben leer tienen limitados varios de sus derechos como ciudadanas. No pueden aspirar a un trabajo digno, son tratadas como objetos y no como personas solo por ser analfabetas.

A lo largo de la historia, las mujeres han sido discriminadas y Dios nos dio la mismas capacidades nos creó en igualdad y lo leemos en Génesis 1:27 dice “Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó”. Así que tanto el hombre como la mujer fueron creados con la capacidad de reflejar la personalidad de Dios. Su Creador les encargó la misma comisión y les otorgó los mismos derechos (Génesis 1:28-31).

Muchas israelitas sabían cómo llevar un negocio próspero (Prov. 31,24), Y las madres contribuían a la formación de los hijos varones hasta que se hacían adultos (Prov. 31,1). Sin duda alguna, la mujer del antiguo Israel no carecía de educación.

Jesús vino a enseñar como es Dios “No hago nada por mi propia  iniciativa; sino que hablo estas cosas así como el Padre me ha enseñado. Yo siempre hago las cosas que le agradan” (Juan 8,28-29) Colosenses 1,15). Jesús rompió con la exclusión hacía las mujeres, se relacionó con ellas de una forma cercana y liberadora, nunca las excluyó de la vida social, Jesús elevó el nivel de dignidad de la mujer. Les dedicó tiempo a las mujeres para instruirlas, a enseñarles con la verdad y las animaba para expresar lo que pensaban, no creía que hubiera que relegarlas a trabajar en la cocina. Lo demostró en el pasaje de Marta y María, donde a María no le negó la oportunidad de aprender (Lucas 10,38-42), y las respuestas que Marta le dio a Jesús tras la muerte de su hermano Lázaro, revelan que ella también sacó provecho de las enseñanzas cristianas. (Juan 11,21-27).

Jesús se preocupaba de educar a las mujeres. Y lo vemos cuando una mujer le dijo a Jesús: “feliz es la matriz que te llevo”, y Jesús aprovecho para enseñarle que es más valioso hacer la voluntad de Dios (Lc. 11,27-28). Así demostró que las mujeres tenían tareas más importantes que las que les imponía la tradición judía (Juan 8,32).

Mujeres guatemaltecas y de la humanidad entera, sigan luchando por el derecho básico a la educación, así gozarán del respeto y de la libertad que Dios había propuesto para las mujeres cuando las creó. (Gn. 1,27-28).

El analfabetismo las mantiene en tinieblas y en condiciones indignas, luchen por su educación y serán luz para alumbrar a otras mujeres a seguir su ejemplo.


Reflexión escrita por, Irma Yolanda Sinay Fuentes.   
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología.        
Guatemala, 2019


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