Publicación de: https://www.rtve.es/noticias/20221127/objetivo-igualdad-geraldina-cespedes-religiones-legitiman-opresion-mujeres/2408898.shtml
Por: LUCÍA BLÁZQUEZ 27/11/2022
Desde el sentir y pensar de las mujeres en la tierra de la eterna primavera
Publicación de: https://www.rtve.es/noticias/20221127/objetivo-igualdad-geraldina-cespedes-religiones-legitiman-opresion-mujeres/2408898.shtml
Por: LUCÍA BLÁZQUEZ 27/11/2022
Estamos celebrando el tiempo pascual, la presencia viva del amigo, acogida, por primera vez, por María de Magdala. Una mujer con la mente y el corazón abierto, para ser capaz de descubrir presencia viva de la trascendencia en su corazón y en su espíritu. Amaba mucho y por eso creyó en lo que su sentipensar le hablaba al corazón como su verdad más plena.
Creemos porque amamos. Así expresamos nuestra fe las mujeres amigas y seguidoras de Jesús de Nazaret. Este es nuestro Credo:
“Creemos, porque amamos, a quien nos trasciende y no podemos nombrar por eso inventamos lenguajes nuevos con el que acercarnos a ÉL/Ella Sentipensamos que es una fuente de energía que nos da vida, que nos regala paz y armonía entre nosotras y con todos los demás seres de la creación. Creemos en aquel/aquella que podemos llamar Papá Bueno, Mamá entrañable, amiga, amante, compañera y compañero. luz, sabiduría, ternura, misericordia, amor incondicional, que nos permite recrearlo en cada una de nuestras experiencias. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos, creemos en Él/Ella, porque lo/la amamos.
Creemos, porque amamos, en Jesús de Nazaret, al que podemos nombrar, tocar y reconocer en las hermanas y hermanos en los que descubrimos su rostro. Creemos, porque amamos a Jesús que nos hace hijas en el Hijo, que da sentido a nuestras historias, sueños y proyectos, que nos ama y acoge como mujeres, que nos acompaña, que nos hace sabernos y sentirnos dignas e importantes. Estuvimos con él desde el principio de su aventura por el Reino y nos quiere presentes en la transformación de cada día. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos en Él porque lo amamos.
Creemos, porque la amamos, en la Ruah a la que hemos aprendido a nombrar y que es nuestro aliento de vida. Ella es presencia, lugar de encuentro, empuje, verdad, fiesta, novedad, vuelo alto. También es desafío, riesgo y compromiso. Nos enseña a dialogar con la Verdad de D**s y la humanidad de Jesús. Creemos que está en lo más íntimo de nuestra intimidad, nos conoce y reconoce nuestro ser mujeres, anima nuestras luchas por nuestra propia dignificación y nos quiere libres y felices. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos en Ella, porque amamos.
Creemos, y por eso, empujamos el proyecto de una comunidad de iguales donde lo que importe no sea el nombre, sino la sororidad entre mujeres y hombres, porque ese es el sueño de Jesús, que todas y todos participemos de la mesa de la comensalía universal. Creemos que la verdadera religión es la que nos hace más humanas porque ella nos acerca a D**s, a todas y todos. Sabemos que nuestra fe se sostiene en el abrazo de Jesús, la confianza en D**s y la cercanía de la Ruah. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos que otro mundo es posible y eso es lo que amamos.
Creemos, porque las amamos, en nuestras raíces ancestrales que nos han enseñado a nombrar al Formador y Creador Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra. Amando a todos y cada uno de los seres que integran la Casa Común en igualdad de relaciones, en sororidad y respeto, formando parte de ese equilibrio cósmico que humaniza. Y dialogando con la tierra, el viento, el aire y el fuego que conforman las entrañas de la vida, cantamos nuestra fe y nuestra esperanza. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos, creemos y esperamos un mundo nuevo”.
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¿Y cómo se llegó al 8 de marzo? El 23 de febrero de 1917 por el
calendario ruso, que correspondía al 8 de marzo en el calendario occidental,
las tejedoras de Rusia comenzaron una huelga que cambió completamente el curso
de la política del país. En 1921, la Conferencia de Mujeres Socialistas,
celebrada en Moscú, adoptó el 8 de marzo como la fecha unificada del Día
Internacional de la Mujer. A partir de esta fecha el 8 de marzo pasó
a ser la fecha de las celebraciones de las luchas de las mujeres.
La historia de la huelga de las mujeres rusas fue olvidada por mucho
tiempo y una nueva versión del 8 de marzo comenzó a circular entre el
movimiento feminista y el movimiento obrero. Una triste historia que hablaba de
una huelga, que ocurrió en 1857 en Nueva York, en la que 129 trabajadoras
textiles habían sido quemadas después de que su jefe prendiera fuego a la
fábrica.
Desde la
década de 1970 este hecho fue cuestionado por las mujeres que estudiaron el
tema. ¿Esta huelga realmente ocurrió? ¿Y las mujeres fueron quemadas? No había
pistas sobre ellas en ningún periódico u otro documento de la época. Ni siquiera
informes orales. Estas investigadoras fueron persistentes y buscaron por el
origen de la fecha y demostraron que la historia del origen del 8 de marzo es
muy distinta; es una historia alegre y de resistencia, que hace memoria de la
exitosa huelga de las costureras de San Petersburgo, Rusia, en 1917, que obligó
al Czar a cambiar radicalmente el régimen de opresión. La huelga fue el
detonante de la Revolución Rusa.
Por tanto, el Día de la Mujer
nació de la decisión de la Conferencia de Mujeres Socialistas en Dinamarca en 1910.
Allí no hubo ninguna referencia a la huelga de Nueva York (1857), y a las 129
mujeres quemadas. Se señaló como origen del primer 8 de marzo de la
historia la famosa huelga de mujeres costureras de San Petersburgo, (que
correspondía al 23 de febrero por el calendario ruso)[1].
[2] Cfr. Judith VanOsdol-Hansen –
Pastora Luterana - Trabaja en la Pastoral de las Mujeres y Género del Consejo Latinoamericano de Iglesias-CLAI. Acceso el
24 de febrero de 2023, disponible en: Día de la mujer - No romantizar
(webselah.com)
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Las
teólogas feministas nos planteamos preguntas recurrentes sobre algunos
comportamientos de opresión entre mujeres, de traición de género y aunque
queramos justificarlo como un acontecimiento histórico, sabemos que su raíz está
en el sistema patriarcal. Por esa razón es muy importante interpelar las
relaciones de poder entre mujeres. Hablo
de las tensiones, encuentros y desencuentros entre mujeres como género.
No hay una
rivalidad de mujeres como algo antiguo, sino como la desigualdad de condiciones
y la violencia naturalizada de unas a otras.
Al
margen de las narrativas bíblicas de los capítulos 16 y 21 del libro de Génesis,
encontramos experiencias de la humanidad, como las marginaciones,
discriminación, migración, trata de personas, desalojos territoriales, opresión,
luchas de poderes etc. Hoy nos detendremos, en la experiencia de la lucha de
poder entre dos mujeres desiguales ante el sistema económico patriarcal. El texto parafraseado, trata de una mujer
llamada Agar, que es comprada como esclava egipcia, para el servicio de otra
mujer llamada Sara.
Sara
plantea que para que se cumpla la promesa de Dios hecha a su esposo Abram, de
tener descendencia, dispone del cuerpo de su esclava, como un vientre alquilado
y obtener un hijo que ella no puede concebir.
El problema se da luego que Agar queda embarazada, cuando Sara observa
que la esclava la mira con desprecio y esto provoca maltratarla; por la opresión
recibida, Agar no tiene más opción que huir.
La
interacción entre Sara y Agar está determinada por el sistema de valor
patriarcal.
El patriarcado no permite la interacción
humana basada en el respeto y las alianzas mutuas.
En
la configuración patriarcal, las mujeres quedamos atrapadas en rivalidades, pues las mujeres somos
producto de este sistema social
asimétrico, con una jerarquía rígida, que tiene la intencionalidad de
desarrollar relaciones de superiores e inferiores, dominadas y dominantes, que
establece una clara competencia, de ahí que socialmente hay roles valorados y devaluados.
¿Cómo nos sentimos accionando en contra de nuestra propia libertad y la de
otras mujeres? La crisis patriarcal nos acecha más a las mujeres en nuestras
relaciones, el poder autoritario, la opresión, la explotación, las hegemonías, hoy
más que nunca debemos reflexionar sobre la forma de ejercer el poder en
nuestras relaciones cotidianas, ya sea como madres, hijas, amigas, colegas, empleadas
etc.
El
mundo patriarcal no tolera las complicidades entre mujeres, por lo que es
importante que apliquemos una crítica al poder a nosotras mismas y no solo a la
“sociedad patriarcal”. Debemos reconocer las propias limitaciones y la
posibilidad de construir con las otras una complicidad, una paridad, para
cambiar la vida.
Las mujeres tenemos cualidades que nos permiten relaciones asertivas, porque podemos acompañar, abrazar o simplemente respetar. Por esto, celebremos hoy que tenemos amigas, vecinas, comadres, confidentes, acompañantes, y cómplices. Las mujeres requerimos de la sororidad para superar las dudas sobre nuestra valía, así también requerimos del reconocimiento y fortalecimiento mutuo de las potencialidades, virtudes y talentos.
Delia Leal
Teóloga-Pastora Iglesia Bautista Luz.
Cada vez recibimos noticias alarmantes respecto al cambio abrupto del clima en todos los países, sin exceptuar continente alguno. Hemos escuchado expresiones como: ¡esto es insólito!, ¡es increíble! y otras; las mencionamos como espectadoras algunas veces, y cabe considerar que dichos calificativos no quedan distantes de las acciones poco amigables de quienes la habitamos, y la realidad es que desangran nuestro planeta. De dichas prácticas acumuladas no escapamos en responsabilidad. 🌎👣
Por ello, hay cuentas pendientes por solventar con urgencia. La Pachamama espera nuestra intervención como defensoras, como personas comprometidas con la vida.
En la
consigna a la participación activa desde lo individual y colectiva a favor del
ecosistema, en este año 2023, con esperanza convocamos a hacer nuestra esta
reflexión:
* Oh! Gran Espíritu, Cuya voz oigo en el viento Y cuyo respiro da vida A todo el universo.
¡Óyeme! soy pequeña/o y débil, uno de tus muchos hijas/os.
Déjame pasear en la belleza y permite que mis ojos siempre puedan contemplar el rojo y el púrpura de la puesta de sol.
Haz que mis manos respeten las muchas cosas que tú has creado y agudiza mis oídos para oír tu voz.
Hazme sabia/o para comprender todas las lecciones que tú has escondido detrás de cada hoja y de cada roca.
Dame fuerza, no para ser más fuerte que mi hermana/o sino para luchar .contra mi peor enemiga/o: yo misma/o.
Y hazme siempre lista/o para ir ante ti con las manos limpias y la mirada recta para que cuando la luz se desvanezca como se desvanece la puesta de sol mi espíritu pueda llegar a ti sin ninguna vergüenza.
El canto que el evangelista Lucas coloca
en la voz de María de Nazaret (Lucas 1,46-55) evoca el espíritu liberador que caracteriza
la tradición hebrea del exilio de Egipto, la tradición profética en el Testamento
judío y la de los Evangelios en el Testamento cristiano. Esta tradición se
centra en la liberación de las personas oprimidas y marginadas en los contextos
socio culturales. Lo que anuncia María en este canto es una clara resonancia
política respecto al fin de los privilegios de quienes oprimen este mundo[1]. Desde esta perspectiva:
¿en dónde se sitúa la liberación de las mujeres y los cuerpos de las mujeres frente
al sistema patriarcal?
Uno de los mecanismos utilizados por el
patriarcado ha sido el dominio de los cuerpos de las mujeres y su sexualidad a
través de la reproducción. En el contexto de Israel, a las mujeres y a los
hombres estériles se les consideraba estar fuera de “la bendición” de que Dios creara a través de
sus cuerpos, por lo que a las mujeres se les discriminaba socialmente, no así a
los varones[2].
En cambio, las mujeres fértiles gozaban de esa “bendición” siempre y cuando se ajustaran
al sistema del control patriarcal, y fueran útiles a la hora del intercambio de
sus cuerpos vírgenes, por dotes que beneficiaban a los varones.
La obra lucana impregna con maestría la visión
humanizadora de su evangelio en los primeros dos capítulos, pese a que en los
textos bíblicos predominan las visiones androcéntricas y patriarcales. En estos
textos el autor utiliza varios paralelismos y antítesis a fin de abrir un nuevo
horizonte de justicia, que lleva a la transformación de las relaciones de poder,
y que incluye la participación igualitaria de las mujeres en el movimiento de
Jesús, desde el inicio hasta el fin del evangelio (Lucas 1-2 y Lucas 24) [3].
Las protagonistas en estos dos primeros
capítulos son las madres de los futuros profetas que establecerán las bases
para la liberación social y humana del pueblo: Isabel, mujer de edad avanzada,
es bendecida con una maternidad tardía después de afrontar durante su vida el
estigma social de ser estéril. Ella comporta la sabiduría de las justas que
esperan la liberación, experimenta que es posible lo inverso, ya que de su
cuerpo debilitado está por nacer una criatura llena de fuerza. María, una joven
que ya estaba comprometida para casarse bajo la ley, afronta el estigma de un
embarazo también insólito. Ella representa
la sabiduría de una nueva generación dispuesta a actuar ya en favor de la
justicia, experimenta la “gracia” de ser copartícipe de una nueva creación.
El evangelista las vincula por
parentesco y misión. Isabel, reconoce la
grandeza de la nueva sabiduría y se goza por la liberación que se está gestando
en sus vientres. María por su parte, exulta
en su canto el triunfo del restablecimiento de un orden social fuera del
dominio patriarcal, que crece ya en su útero; esa es su bienaventuranza, la proclamación
de salvación. Por lo tanto, sus cuerpos y los de sus criaturas pasan de la
dimensión privada a la dimensión política-pública en aras de una transformación
social. Proclaman gozosamente el nacimiento de una nueva humanidad, bajo un
gobierno según la voluntad divina y trascendente. Ambas se abrazan en
sororidad, traspasando así los prejuicios y condicionamientos establecidos para
ellas.
Este gesto profético del abrazo
intergeneracional puede alentar hoy a las tantas luchas de las mujeres por
alcanzar la vida digna, desde los diversos contextos y ámbitos donde se ubican.
Las mujeres gestan en sus cuerpos nuevas relaciones capaces de superar la
enemistad y la competencia para dar paso a la inclusión, así como la creación
de redes para alcanzar juntas metas que contribuyan a la humanización.
¿Qué
proclaman hoy las mujeres?
·
La
bienaventuranza de la alegría compartida por los logros y los derechos que se
van alcanzando.
·
La
bienaventuranza de ser gestoras de nuevos pensamientos, epistemologías y
saberes.
·
La
bienaventuranza del poder de dar vida, no única y exclusivamente como
reproductoras por medio de maternidades, sino de generar nuevas condiciones
para la vida digna de otras, otros y otres.
·
La
bienaventuranza de abrazar la memoria y las reivindicaciones de las mujeres de
generaciones pasadas para no olvidar su legado.
·
La
bienaventuranza de acoger la sabiduría y la fuerza de las nuevas generaciones
que tienen en sus manos el desarrollo de prácticas humanizadoras.
·
La
bienaventuranza de la lucha por la defensa de los cuerpos de personas vulnerables,
ante el abuso del poder de los sistemas imperantes.
·
La
bienaventuranza de la esperanza que se teje desde la sororidad y la solidaridad
hacia quienes más sufren violencia y opresiones.
·
La
bienaventuranza de la indignación ante la injusticia y la normalización de la
desigualdad de las mujeres.
·
La
bienaventuranza de la búsqueda de la interconectividad y la armonía con la
naturaleza y el cosmos.
Lubia De León Integrante de Núcleo Mujeres y Teología
[1]Isabel Gómez Acebo, Lucas, guía de lecturas del NT (España: Editorial
Verbo Divino,2008), 49.
[2]Ivoni Ritcher Reimer, “Lucas 1 y 2, una perspectiva feminista…y la
salvación se hacer cuerpo”, RIBLA 44, (2003), 37.
[3]Ibíd., 33.