jueves, 8 de diciembre de 2022

MUJERES GESTORAS DE NUEVA HUMANIDAD


                                   Un canto de esperanza, Lucas 1,46-56                               “Por eso las mujeres mientras marchan y cantan siguen exigiendo vida digna, pan y rosas…”                En esta época en la que varias tradiciones cristianas celebran el tiempo litúrgico de Adviento, cabe preguntar cómo mantener la esperanza ante tanta adversidad y violencia latente sobre la vida y los cuerpos de las mujeres. Termina un año y pronto comenzará uno más, no obstante, los tipos de violencia infligidas hacia las mujeres a nivel global continúan, pero tampoco parecen importar, sino más bien, favorecen la prevalencia de los sistemas patriarcales que mantienen el orden social, desde lo económico, político y religioso; con lo que se impide el desarrollo de una vida digna.

El canto que el evangelista Lucas coloca en la voz de María de Nazaret (Lucas 1,46-55) evoca el espíritu liberador que caracteriza la tradición hebrea del exilio de Egipto, la tradición profética en el Testamento judío y la de los Evangelios en el Testamento cristiano. Esta tradición se centra en la liberación de las personas oprimidas y marginadas en los contextos socio culturales. Lo que anuncia María en este canto es una clara resonancia política respecto al fin de los privilegios de quienes oprimen este mundo[1]. Desde esta perspectiva: ¿en dónde se sitúa la liberación de las mujeres y los cuerpos de las mujeres frente al sistema patriarcal?

Uno de los mecanismos utilizados por el patriarcado ha sido el dominio de los cuerpos de las mujeres y su sexualidad a través de la reproducción. En el contexto de Israel, a las mujeres y a los hombres estériles se les consideraba estar fuera de “la bendición” de que Dios creara a través de sus cuerpos, por lo que a las mujeres se les discriminaba socialmente, no así a los varones[2]. En cambio, las mujeres fértiles gozaban de esa “bendición” siempre y cuando se ajustaran al sistema del control patriarcal, y fueran útiles a la hora del intercambio de sus cuerpos vírgenes, por dotes que beneficiaban a los varones.

La obra lucana impregna con maestría la visión humanizadora de su evangelio en los primeros dos capítulos, pese a que en los textos bíblicos predominan las visiones androcéntricas y patriarcales. En estos textos el autor utiliza varios paralelismos y antítesis a fin de abrir un nuevo horizonte de justicia, que lleva a la transformación de las relaciones de poder, y que incluye la participación igualitaria de las mujeres en el movimiento de Jesús, desde el inicio hasta el fin del evangelio (Lucas 1-2 y Lucas 24) [3].  

Las protagonistas en estos dos primeros capítulos son las madres de los futuros profetas que establecerán las bases para la liberación social y humana del pueblo: Isabel, mujer de edad avanzada, es bendecida con una maternidad tardía después de afrontar durante su vida el estigma social de ser estéril. Ella comporta la sabiduría de las justas que esperan la liberación, experimenta que es posible lo inverso, ya que de su cuerpo debilitado está por nacer una criatura llena de fuerza. María, una joven que ya estaba comprometida para casarse bajo la ley, afronta el estigma de un embarazo también insólito.  Ella representa la sabiduría de una nueva generación dispuesta a actuar ya en favor de la justicia, experimenta la “gracia” de ser copartícipe de una nueva creación.

El evangelista las vincula por parentesco y misión.  Isabel, reconoce la grandeza de la nueva sabiduría y se goza por la liberación que se está gestando en sus vientres.  María por su parte, exulta en su canto el triunfo del restablecimiento de un orden social fuera del dominio patriarcal, que crece ya en su útero; esa es su bienaventuranza, la proclamación de salvación. Por lo tanto, sus cuerpos y los de sus criaturas pasan de la dimensión privada a la dimensión política-pública en aras de una transformación social. Proclaman gozosamente el nacimiento de una nueva humanidad, bajo un gobierno según la voluntad divina y trascendente. Ambas se abrazan en sororidad, traspasando así los prejuicios y condicionamientos establecidos para ellas.

Este gesto profético del abrazo intergeneracional puede alentar hoy a las tantas luchas de las mujeres por alcanzar la vida digna, desde los diversos contextos y ámbitos donde se ubican. Las mujeres gestan en sus cuerpos nuevas relaciones capaces de superar la enemistad y la competencia para dar paso a la inclusión, así como la creación de redes para alcanzar juntas metas que contribuyan a la humanización.

¿Qué proclaman hoy las mujeres?

·         La bienaventuranza de la alegría compartida por los logros y los derechos que se van alcanzando.

·         La bienaventuranza de ser gestoras de nuevos pensamientos, epistemologías y saberes.

·         La bienaventuranza del poder de dar vida, no única y exclusivamente como reproductoras por medio de maternidades, sino de generar nuevas condiciones para la vida digna de otras, otros y otres.

·         La bienaventuranza de abrazar la memoria y las reivindicaciones de las mujeres de generaciones pasadas para no olvidar su legado.

·         La bienaventuranza de acoger la sabiduría y la fuerza de las nuevas generaciones que tienen en sus manos el desarrollo de prácticas humanizadoras.

·         La bienaventuranza de la lucha por la defensa de los cuerpos de personas vulnerables, ante el abuso del poder de los sistemas imperantes.

·         La bienaventuranza de la esperanza que se teje desde la sororidad y la solidaridad hacia quienes más sufren violencia y opresiones.

·         La bienaventuranza de la indignación ante la injusticia y la normalización de la desigualdad de las mujeres.

·         La bienaventuranza de la búsqueda de la interconectividad y la armonía con la naturaleza y el cosmos.

 “…Así las mujeres siguen proclamando con sus cuerpos y voces, la llegada de un tiempo nuevo”.

                                                                   Lubia De León                                                                         Integrante de Núcleo Mujeres y Teología



[1]Isabel Gómez Acebo, Lucas, guía de lecturas del NT (España: Editorial Verbo Divino,2008), 49.

[2]Ivoni Ritcher Reimer, “Lucas 1 y 2, una perspectiva feminista…y la salvación se hacer cuerpo”, RIBLA 44, (2003), 37.

[3]Ibíd., 33.


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