martes, 6 de abril de 2021

Ser Mujer hoy en Honduras

En estos momentos en que el mundo entero se ve enfrentado a una crisis global, en el contexto de una pandemia que desafía proyectos sociales, personales, nacionales y globales, se percibe de manera más latente la vulnerabilidad en la vida de millones de seres humanos, pero sobre todo en la vida de los más excluidos, las mujeres, las niñas, los ancianos y ancianas, indígenas, afro descendientes, la comunidad LGBTIQ+, los migrantes y las personas en situaciones de calle.


En Honduras particularmente la situación política, social y económica se ha deteriorado de manera vertiginosa a partir del golpe de Estado del 2009, desde este momento la sociedad entera se ha visto afectada por la vorágine de la corrupción, las continuas violaciones a los Derechos Humanos, el narcotráfico, que involucra a altos funcionarios del Gobierno y un fuerte sector de la empresa privada. La desaparición de la clase media cada día y la creciente pobreza a causa del desempleo, la privatización de los servicios públicos y la explotación de los bienes comunes mediante los proyectos extractivistas que destruyen el medio ambiente, son causas que afectan la vida de cada habitante de este territorio. En 2020 además de la pandemia, el país fue fuertemente azotado por los huracanes Eta e Iota que afectaron duramente la región norte y occidental del territorio.

Keyla Martínez, tenía solo 26 años, llena de sueños, y de ganas de vivir. Fue aprehendida el sábado 6 de febrero de 2021, por incumplir el toque de queda. Fue llevada a una posta policial de la localidad en donde fue asesinada. La sociedad entera reaccionó ante este caso, sin embargo, hasta el día de hoy el caso está en “investigación” como los cientos de casos de mujeres asesinadas en el país.  Solo en un 3 o 4% de los casos se castiga a los culpables, quedando la gran mayoría en la impunidad.   Entre estos casos podemos incluir el de Berta Cáceres la líder indígena lenca, ambientalista defensora de los ríos, quien a 5 años de su muerte los culpables no han sido castigados.  A esta lista podemos agregar a Margarita Murillo, dirigente campesina y a cientos de mujeres líderes defensoras de los Derechos Humanos y de los territorios quienes han sido víctimas de la violencia e impunidad en el país.

Todo esto, ha provocado que los últimos dos años hayan sido también marcados por el éxodo de miles de personas que se organizan en “caravanas” para huir del país, porque quedarse significa, hambre, desempleo, violencia, y muerte.  Algunos, obligados por la persecución o desplazamiento forzado a causa de que sus territorios están controlados por las “maras” o pandillas ligadas al crimen organizado. Comunidades enteras sin esperanza, sin oportunidad, sin salida huyen ante la falta de respuesta del Estado.

Según el informe Periódico Universal de revisión de los Derechos Humanos de la ONU, en “2020, más de 7,500 hondureños han salido del país hacia Estados Unidos en estas caravanas, y otros miles por diferentes medios; 31,000 han sido retornados.[1]” 

 En este contexto dirigimos una mirada a la realidad que viven las mujeres en este país. Ser mujer nunca ha sido fácil en nuestras sociedades patriarcales, que han impuesto a las mujeres «cargas pesadas y difíciles de llevar»[2]. Se estima que en el país más del 30% de los hogares está a cargo de madres solteras. Por lo tanto, con toda propiedad podemos afirmar que ser mujer en nuestro contexto hondureño se vuelve cada vez más un reto difícil que requiere mucha valentía, energía, riesgo y decisión por vivir y ayudar a otros y otras a sobrevivir.   En este contexto la toma de conciencia de su potencialidad, y las necesidades que enfrentan muchas mujeres en nuestro país, les lleva a asumir su liderazgo y a comprometerse en las luchas de sus derechos y los derechos de todas y todos. Evidencia de ello son los casos emblemáticos de lo que aquí se expresa y las consecuencias que esto conlleva.


La violencia contra las mujeres marca una tendencia creciente en el año 2020, debido al confinamiento, según el servicio 911 ha registrado 90,547 denuncias de acoso, abuso sexual, violencia doméstica, violencia intrafamiliar y de género. El Observatorio Nacional de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras  registró entre enero y agosto de 2020 un total de 217 muertes violentas de mujeres y  “ante la ola de feminicidios que se han dado en los meses de enero y febrero de  2021, donde se registra la muerte de 26 mujeres por causas relacionadas con la violencia de género que impera en el país;  OXFAM ha mostrado datos que indican que cada 18 horas una mujer es asesinada, en su mayoría por parientes cercanos o cónyuges, siendo el trasfondo de los feminicidios de origen ideológico patriarcal y donde las partes de los entes del Estado actúan como cómplices”[3].

El sueño, la meta de quienes confiamos que el Reinado de Dios impere en nuestra tierra, nos lleva a trabajar por una sociedad más igualitaria, sin discriminaciones de ningún tipo, por un Estado de Derecho que se comprometa a hacer respetar los Derechos Humanos y especialmente los de las mujeres.  Todos y todas estamos llamados a trabajar en la transformación de estructuras sociales, inspiradas en los valores humanos y cristianos, donde las mujeres no sean excluidas para que una nueva humanidad sea posible.  Comprometernos en esta lucha es construir Reino aquí y ahora.

 




 

Miriam Ester Landa R.S.R

Es, religiosa de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora del Santo Rosario. De origen hondureño.  Licenciada en Teología y Magíster en Teología Espiritual. Ha trabajado en Pastoral Parroquial en diferentes parroquias de Honduras, como docente en la Universidad Católica y como acompañante espiritual en el Campus de Espiritualidad Las Tres Rosas y El Tabor. También ha prestado sus servicios en los medios de Comunicación de la Iglesia Católica, en Suyapa Medios.

 



[1]Traducción No Oficial del Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la Situación de los Derechos Humanos en Honduras (A/HRC/46/75). Consultado el 11 de marzo de 2021 en : https://reliefweb.int/report/honduras/traduccion-no-oficial-del-informe-del-alto-comisionado-de-las-naciones-unidas-para

[2] Cf. Mt 23,4

[3] Pronunciamiento de diversos colectivos: #Honduras   #YoNoQuieroSerViolada
#NiUnaMenos, #JusticiaParaKeyla

 

miércoles, 3 de marzo de 2021

¿Quién lucha por mis derechos?






        Hablemos un poco sobre la celebración del 8 de marzo que, en este año 2021, tendrá que ser atípica a consecuencia de las medidas de seguridad y distanciamiento social recomendadas debido al coronavirus, que ya ha ocasionado más de 6,000 muertes en Guatemala y más de 2.3 millones en todo el mundo.

Fue en el año de 1909 (hace 112 años) que una organización de Mujeres Socialistas celebró en Estados Unidos el primer Día Internacional de la Mujer, con una participación de alrededor de 15,000 mujeres de dos estados: Nueva York y Chicago.  Un año después se unieron algunos países de Europa como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

[1]

            Tuvieron que pasar 66 años para que las Naciones Unidas estableciera este día para la conmemoración del Día Internacional de la Mujer decretando que "se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre". 

Esto hace ver que este movimiento creyó y sigue creyendo en el derecho de las mujeres de tener el lugar dentro de la sociedad que les corresponde y que les ha sido negado durante siglos. Por eso la lucha es constante y tenaz, paradójicamente, en paz, lo que hace que día a día y año a año gane más fuerza.  Se ha extendido a muchísimos países en donde cada vez más mujeres salen a las calles buscando que sus exigencias sean vistas ya sea a través de mensajes escritos o consignas que pueden ser escuchadas y repetidas. 

 

En la caminata del 2020, hubo algunas mujeres jóvenes que pintaron estaciones de bus.  Al cuestionárseles por qué lo estaban haciendo si sabían que eso iba a generar que la opinión pública criticara la actividad, enfocándose a lo negativo y no a las peticiones y tranquilidad con que la gran mayoría celebró la fecha, respondieron que cada una protestaba como podía.  Lo que había de trasfondo era que, en esas estaciones de bus, las mujeres sufren constantemente de acoso callejero, tanto verbal como físico. 

 

A la luz del Evangelio, ¿Cómo podríamos leer todo esto?  

 

“¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho?” (Mc 4, 21).  Las mujeres sabemos que tenemos un gran potencial y que tenemos derecho a que se nos reconozca en nuestra dignidad de personas, en nuestras capacidades que no se circunscriben a ser madres o esposas. 

 

Nuestra dignidad se nos ha concedido por el solo hecho de haber sido creadas, como los varones, a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27).  Ese Dios que es bondad, misericordia, que invita a todas y todos, sin exclusiones de ninguna naturaleza, a vivir a la luz de la sociedad construyendo el amor, la libertad y justicia, perfeccionando con suavidad y sabiduría cada contexto para hacer visible Su Reino.

 

Seguir aceptando que debemos callar en lo público, que debemos obedecer a los hombres, que no tenemos derecho a educación y que debemos encerrarnos en el cuidado del hogar, es poner la lámpara debajo de la cama, es enterrar nuestros talentos (Mt 25,18).

 

Y aunque parece que estas son luchas sin un final feliz, es todo lo contrario.  Denunciar se hace crítico. Como cristianas y cristianos sabemos que el sacramento del bautismo llama a ser profetas y la característica principal del profeta es que habla de parte de Dios y señala lo que va en contra del Reino.

 

Recordando el pasaje del Evangelio de Juan de la mujer adúltera (Jn 7,53- 8-11), se puede constatar que Jesús protegió a la mujer, la levantó de la situación en la que estaba (a la que finalmente no se sabe si pudo haber sido forzada y por la que luego sería condenada, sólo ella, y no el compañero con quien fue encontrada en flagrante adulterio) y la invitó a comprometerse con su propio cuidado.  Al resto, les hace ver su proceder hipócrita, así como la obligación de responsabilizarse de sus actos.

 

Si nos denominamos o pretendemos ser seguidores de Jesús, estamos llamadas y llamados a proteger a las y los más vulnerables: las mujeres somos parte de ese grupo. También Él nos pide velar por un cuidado integral hacia otras mujeres, no de manera asistencial (hay que poner mucha atención para no crear dependencia) sino trabajando por el reconocimiento de su dignidad y visibilización creando espacios de escucha, de acogida para que se levante y puedan asumir con libertad, alegría y responsabilidad el rol que les toca desempeñar en la sociedad para que ésta sea más justa y equitativa. 

Para que el mundo sea diferente, se debe empezar en el propio entorno comunitario desde el cual se pueda gestar una vida libre y misericordiosa en donde se aprenda a escuchar y a ser incluyentes, a formar para cuestionar aquellos mensajes que buscan mantener el miedo, opresión, sumisión y estructuras que no permiten que las mujeres asuman roles de autoridad, liderazgo y toma de decisiones. 

Muchísimas mujeres han demostrado que saben recoger las necesidades de otras para ganar espacios en la sociedad.  Se ha comprobado también que es necesario salir a las calles para hacer ver las injusticias y que se logren cambios estructurales.  Es claro que el movimiento no debe paralizarse ante el desánimo y rechazo que los grupos que buscan sociedades más justas experimentan ante la reacción que tienen aquellos a quienes les incomoda enterarse de los reclamos y las denuncias que se hacen, reacciones que tendrían que legitimar y motivar aún más la lucha.

Dice Joan Chitister[[3] : “El discipulado cristiano es por naturaleza una cosa muy peligrosa…pone a cada nueva comunidad cristiana en tensión con los tiempos en los que crece” porque busca construir un mundo diferente y evidenciando todo aquello que no lo permite.

Dios escucha el clamor de las y los más necesitados, así que cada logro en el camino de la justicia a las mujeres, por pequeño que parezca, es significativo porque ayuda a construir y extender el camino hacia sociedades más equitativas.  Y para ello, las cristianas y los cristianos tenemos la responsabilidad de no quedarnos con los brazos cruzados y colaborar, a la luz del Evangelio, en esta labor.


Ana Luisa Argueta,
teóloga y laica.
Integrante del Núcleo de Mujeres y Teología






viernes, 26 de febrero de 2021

La mujer fuerte – borrada de la liturgia

 



En el Núcleo, la sospecha durante la lectura bíblica, o más bien, durante la lectura de las interpretaciones bíblicas, forma parte de nuestra rutina. Buscamos entender las lecciones del ser supremo, de Dios, desde la perspectiva de la experiencia femenina. El desarrollo de la teología cristiana ha excluido las voces de las mujeres y sus experiencias. Se han juzgado y explicado el actuar de las mujeres desde la experiencia masculina patriarcal. Al cuestionar esta interpretación, buscamos la voz silenciada de las mujeres. La sospecha que se presenta acá no trata propiamente de la interpretación de la lectura, más bien, de descubrir los versículos omitidos en las lecturas litúrgicas.                     

         Queremos comentar como ejemplo, la liturgia del 33er domingo (tiempo ordinario A) de finales del año 2020, cuando encontramos la lectura del libro de Proverbios, capítulo 31. Los versículos 10-31 es un poema conocida como La mujer ideal en la biblia de Jerusalén. Otras traducciones incluyen la mujer digna, la mujer fuerte, la mujer de carácter noble, la mujer de valor. El poema es un acróstico, con la primera palabra de cada versículo siguiendo la orden del alfabeto hebreo. A continuación, se presenta el poema con la traducción del Vaticano:[1]

10 [Alef] Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.

11 [Bet] El corazón de su marido confía en ella y no le faltará compensación.

12 [Guímel] Ella le hace el bien, y nunca el mal, todos los días de su vida.

13 [Dálet] Se procura la lana y el lino, y trabaja de buena gana con sus manos.

14 [He] Es como los barcos mercantes: trae sus provisiones desde lejos.

15 [Vau] Se levanta cuando aún es de noche, distribuye la comida a su familia y las tareas a sus servidoras.

16 [Zain] Tiene en vista un campo, y lo adquiere, con el fruto de sus manos planta una viña.

17 [Jet] Ciñe vigorosamente su cintura y fortalece sus brazos para el trabajo.

18 [Tet] Ve con agrado que sus negocios prosperan, su lámpara no se apaga por la noche.

19 [Iod] Aplica sus manos a la rueca y sus dedos manejan el huso.

20 [Caf] Abre su mano al desvalido y tiende sus brazos al indigente.

21 [Lámed] No teme por su casa cuando nieva, porque toda su familia tiene la ropa forrada.

22 [Mem] Ella misma se hace sus mantas, y sus vestidos son de lino fino y púrpura.

23 [Nun] Su marido es respetado en la puerta de la ciudad, cuando se sienta entre los ancianos del lugar.

24 [Sámec] Confecciona telas finas y las vende, y provee de cinturones a los comerciantes.

25 [Ain] Está revestida de fortaleza y dignidad, y afronta confiada el porvenir.

26 [Pe] Abre su boca con sabiduría y hay en sus labios una enseñanza fiel.

27 [Sade] Vigila la marcha de su casa y no come el pan ociosamente.

28 [Qof] Sus hijos se levantan y la felicitan, y también su marido la elogia:

29 [Res] «¡Muchas mujeres han dado pruebas de entereza, pero tú las superas a todas!».

30 [Sin] Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada.

31 [Tau] Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente.

El poema describe a una mujer sabia, inteligente, trabajadora, emprendedora, independiente, virtuosa y amable. Tiene negocios propios que administra con éxito, igual que a su hogar. Ayuda a los pobres y los necesitados. Entre los estudiosos, hay debate sobre esta mujer. ¿Existió? ¿Es una imagen compuesto de varias mujeres virtuosas? ¿Es un modelo inalcanzable para nosotras las terrenales?

La escritora Jaime Waters comenta en la revista America de los Jesuitas en los Estados Unidos[2], que este pasaje podría ser una guía para los hombres cuando buscan su esposa, pero que esto es una visión demasiado simplista. Estas características son válidas para todas las personas, hombres y mujeres, y son las que los hombres deberían buscar en sí mismos además de en su pareja.

La liturgia para el 33er domingo (tiempo ordinario A) limita la lectura a Proverbios 31, 10-13, 19-20 y 30-31, pasajes en negrilla en el texto arriba. La mujer de estos versos es amorosa esposa, benévola con los pobres y los necesitados, y habilidosa para tejer, una tarea que realiza en su casa. Es mujer de su hogar, sin salir al mundo exterior. La mujer de los versículos 14-18 y 21-29 es una persona mucho más íntegra. Es administradora de su hogar y de sus negocios. Es emprendedora, con iniciativa y presencia activa en su comunidad. Es buena madre y esposa, digna y apreciada por su familia. Es una mujer del primer testamento y una mujer de hoy.

Ilze Jansen desarrolló una exegesis sobre Proverbios 31, 10-31 en su disertación para el título de doctorado en la Facultad de Teología de la Universidad de Pretoria de Sudáfrica.[3] Además del contexto histórico en el que el libro fue escrito, valoriza cómo cada versículo es una luz para las mujeres de hoy.

Future Church, preocupada por la subordinación de las mujeres en las lecturas, presenta un listado de textos alternos como parte de su campaña de la Sagrada Familia.[4] Esta campaña busca la reforma de la liturgia católica para eliminar las inequidades sociales, motivadas por género y por la esclavitud. Pretende dar voces a las mujeres que han sido calladas y borradas de la liturgia, especialmente las de las cartas de Pablo a quienes no se les permitía hablar en las reuniones de la joven iglesia. Información complementaria en español puede encontrarse en “Mujeres en el Leccionario” de Future Church.[5]

La hermana Ruth Fox OSB lleva más de 25 años buscando a las mujeres en la Biblia y en el leccionario. En un artículo publicado en 1996 en la revista LITURGY de la arquidiócesis de Chicago[6], descubre a las mujeres escondidas en las páginas sagradas, especialmente después del nuevo orden de lecturas para la Misa aprobada por la Congregación para el Culto Divino en 1969. Ella explica que, aunque la mayoría de las personas creen que el leccionario presenta fielmente la esencia de la Biblia, omitiendo solo unos cuantos pasajes problemáticos o sangrientos, realmente ha omitido un número desproporcionado de pasajes referentes a las mujeres. Ejemplos de las omisiones en las lecturas del Primer Testamento incluyen a las dos valientes parteras, Sifrá y Púa (Éxodo 1, 15-21) quienes rechazan matar a los niños hebreos cuando fueron obligadas a hacerlo por el rey de Egipto; Débora (Jueces 3, 1-31) profetisa, jueza y estratega militar; Hulda, la profetisa (II Reyes 22, 15-19) quien verificó la autenticidad de un antiguo pergamino encontrado en el templo, probablemente la versión original de Deuteronomio; Ester quien es recordada solo por su oración pidiendo fuerzas a Dios y no por su valentía en salvar a su pueblo de la aniquilación; a Judit los pasajes incluidos en el Leccionario la alaban por su belleza física pero no la recuerdan por su gran coraje para salvar a su nación. Son muchas más las borradas en el Segundo Testamento. Quizá lo más impactante es la falta de reconocimiento a las mujeres como las primeras en encontrarse con el Resucitado. María Magdalena fue relegada a la oscuridad. Ruth Fox entra en más detalle al identificar también el amplio uso de estereotipos para borrar a las mujeres líderes en la Iglesia primitiva.

Como advertencia final, cuando estudiamos las lecturas, hay que dejar entrar la sospecha, leer los versículos que han sido excluidos, evaluar el texto en el contexto en el cual fue escrito y en el contexto de hoy. Hay mujeres valientes y dignas salpicadas a lo largo de las Escrituras. Las referencias incluidas en este texto pueden servir de guías para iniciar el encuentro con ellas.  

Sheryl Schneider, Bióloga y estudiante de Teología.
Miembro activo de Núcleo de Mujeres y Teología de Guatemala











[2] Jaime L. Waters. «Seeing ‘Woman of Power’». America Magazine. Noviembre, 2020. Acceso el 15 de noviembre de 2020 en https://www.americamagazine.org/faith/2020/10/16/seeing-woman-power

[3] Ilze Jansen. «Proverbs 31:10-31: A contextual reading». (Tesis doctoral, Facultad de Teología de la Universidad de Pretoria, noviembre, 2018), acceso el 4 de febrero de 2021 en Jansen_Proverbs_2019.pdf (up.ac.za) 

[4] «Holy Family Campaign». Future Church. Acceso el 3 de febrero 2021 en https://www.futurechurch.org/holy-family-campaign-downloads

[5] «Mujeres en el Leccionario». Future Church. Acceseo el 11 de febrero 2021 en https://www.futurechurch.org/mujeres-en-el-leccionario

[6] Ruth Fox. «Mujeres en la Biblia y en el leccionario». Future Church. Acceso el 11 de febrero de 2021 en https://www.futurechurch.org/mujeres-en-la-biblia-y-en-el-leccionario


jueves, 12 de noviembre de 2020

Pandemia, tiempo de oportunidad para un nuevo amanecer

           

La pandemia ha sido un golpe bajo para la arrogancia humana.  Vino sin ser invitada y no está dispuesta a irse pronto.  El ser humano, explorador, conquistador, creativo; se ha visto ninguneado, con toda su ciencia y tecnología, por un virus que, según los científicos, no mide más de 67 nanómetros[1] de diámetro.

Aún no está claro, después de un año de su aparición en el mundo, cómo se propaga, qué órganos ataca, cuáles son sus síntomas específicos o cómo muta. Sin embargo, ha llevado a la humanidad a verse de frente con su insignificancia, su nulidad, su temporalidad.  No hay humano inmune al virus, y por ahora, no hay dinero que pueda garantizar la vida de nadie frente a este.  Al ser humano, que pensaba que tenía el control de todo, no le queda otra que aceptar que vida y muerte escapan de su dominio y que son “un asunto serio”[2].

Al mundo, que no podía parar; a los mercados que solo conocían crecer, les fue puesto un alto.  Los índices de las bolsas cayeron; el consumo, supuesto motor del desarrollo, se detuvo.  ¿Quién diría que las otroras multimillonarias líneas aéreas, las grandes cadenas hoteleras, las petroleras, junto con tantas otras empresas, tuvieran un colapso económico? ¿Que los grandes índices del mercado dejarían de controlar el mundo para dar paso a la espera e incertidumbre?  Pareciera como si un rayo de luz divina se hubiera abierto paso entre el humo de la industria para iluminar tantas vidas que, al detenerse, descubrieron dimensiones de su ser desconocidas.

Las dificultades económicas de tantas familias obligaron a muchos a buscar refugio con sus familiares, volviendo a sus vínculos más ancestrales.  Los hijos regresaron al regazo de sus madres, llorando sus pérdidas, pero honrando sus orígenes.  El tráfico y la neurosis colectiva pasaron al trabajo en casa, reuniendo parejas que antes no tenían tiempo para compartir, dando ahora la oportunidad de evaluar si podían convivir.

Los hijos fueron obligados a pasar más tiempo en casa y los padres a ser creativos para compartir tiempo con ellos.  Las familias recordaron los viejos juegos de mesa.  Los jóvenes buscaron recetas en redes sociales para sorprender a los demás.  Incluso hubo competencias en artes culinarias.  Los padres desempolvaron las viejas recetas de la abuela buscando superar las novedades de las redes.

Las grandes bodas fueron canceladas y triunfó el amor, ya que los jóvenes decidieron que aún sin espectáculo, valía la pena entregarse uno al otro por el resto de sus vidas.   También hubo quien descubrió que vivía con algún desconocido y decidió darse la oportunidad para conocerse a sí misma.

Muchas personas habrán tenido el tiempo de leer libros que desde tiempo atrás querían leer, meditar, pintar, escribir, hacer el jardín, contar cuentos, aprender algo nuevo online… tanto por hacer, cuando podemos decidir por nosotras mismas cómo invertir el tiempo.

Las mujeres ante la crisis sanitaria

La emergencia médica, sacó lo mejor de tantas personas comprometidas con la salud, pero su insuficiencia despertó la medicina alternativa que había sido desdeñada.  De repente, tuvieron importancia las mujeres que guardaban los secretos de las plantas, las sanadoras, las chamanas, las que honran la naturaleza, las cuidadoras.  Valdría la pena hacer un estudio comparativo entre la eficacia de los métodos alopáticos comparados con las terapias alternativas y naturales ya que, ante las manifestaciones tan erráticas del virus, no hay tratamiento seguro y los pueblos parecieran tener buenos resultados con tratamientos naturales y energéticos frente al virus. 

Con este fuerte cambio en el orden mundial, empezó a adquirir importancia la acogida de la madre, la cocina en casa, la nutrición sana, mientras más natural y en contacto con la tierra, mejor.  Empezamos a buscar la cercanía con la madre tierra, sus medicinas y terapias y nos abrimos a las fuerzas del cosmos buscando relacionarnos con la energía del universo que lo penetra todo.  Y allí, abriendo nuestras conciencias, descubrimos que la muerte no es la enemiga que nos roba la vida, sino una gran hermana que puede sacar lo mejor de nosotras.  Ya lo había dicho Francisco de Asís hace siglos.

También han sido esas mujeres sanadoras, quienes han acompañado a las familias que enterraron seres amados, sostuvieron sus manos, oraron, invocaron y llevaron luz, esperanza y consuelo entre tanto dolor ante la muerte repentina.  Las mujeres suelen organizarse para acompañar a quienes sufren, escuchan los lamentos, acogen del dolor, llevan alimento para el cuerpo y el alma, y transmutan el sufrimiento.

Las mujeres saben honrar la vulnerabilidad y recuperar la sacramentalidad de la vida.  Viven el dolor de la opresión de su género día a día y desde allí reconocen que el hombre no tiene la última palabra.  Saben que la muerte, desde Jesús de Nazareth, es una buena noticia, que el Dios revelado por Jesús, no abandona al ser humano en la cruz, que la última palabra no la tiene el poder del mundo, ni la violencia, ni la muerte.  Confían en Dios que levanta los huesos secos del desierto (Ez 37), saben que la muerte ha perdido su aguijón (1 Cor 15,55ss), que es ganancia (Flp 1, 21) y llenas de fe, llevan amor y esperanza a los hogares sufrientes.

La oportunidad

Resulta que este ínfimo virus trae un mensaje: ha venido a subvertir el orden mundial.  Ha venido a cambiar las estructuras y los valores de las cosas, ha desafiado a las fuerzas ostentosas y la dominación, haciendo surgir la necesidad del cuidado del otro, la acogida y el amor sororales. Se reveló la urgente necesidad de la solidaridad, del cuidado por los otros, la responsabilidad social, la dependencia mutua; tal como muy bien lo ha expuesto el papa Francisco en su encíclica Fratelli tuti; y que todos los grandes místicos de todas las religiones no han cesado de repetir por milenos. 

Nos enseñó lo absurdo de la competencia, del afán de tener y poseer, y la necesidad de construir sociedades más solidarias y fraternas, donde nos importen nuestros vecinos como seres humanos, hermanas y hermanos todos.  Donde dejemos de construir muros para defender nuestras posesiones de las personas desposeídas.  Ya que este virus ¡se salta los muros!  Debe preocuparnos que las y los más pobres entre los pobres estén libres del virus.  Mientras alguien tenga el virus ¡todas las personas estamos en riesgo!  No había sido así con el hambre, la pobreza, la esclavitud, la migración….  Siempre hubo palacetes donde, quien podía, se refugiaba de lo que incomoda.  No es así con este implacable virus, que no respeta condición social, económica ni nada, ha sido el bicho más democrático del último siglo.

Pareciera ser que la Madre Tierra nos ofrece un año de gracia, una nueva oportunidad para recrearnos como humanidad, un año sabático según la tradición bíblica:   cada siete años, se perdonaban las deudas, los esclavos eran dejados en libertad, los campos quedaban sin cultivar y sus frutos espontáneos quedaban para los pobres (Ex 21, 2-6; 23, 10-13; Dt 15, 1-18; Lv 25, 1-7.20-22)[3].   El Covid 19 ha revelado que los sistemas ideológicos construidos por los hombres son insostenibles ya que, han creado mayores brechas entre los habitantes.  El consumismo, al final, nos consume a nosotros mismos; el patriarcado, con su idea de conquista y dominio, no puede hacer nada frente a este ínfimo virus, tampoco el más robusto sistema económico de mercado puede comprar un minuto de vida a un enfermo, o dar fuerza a un médico exhausto. 

Abrazando el dolor y la muerte, con fe en que la vida tiene sentido más allá de nuestro espacio temporal, podemos reconocer este tiempo como un extraordinario tiempo de gracia ofrecido a la humanidad, tiempo de vuelta al interior, de vincularnos con nuestras entrañas y descubrir nuestra relación con toda la creación.  El dolor y la muerte, tal y como lo han enseñado todas las tradiciones religiosas, son parte de la vida misma.  Traen un nuevo amanecer, redimensionan la vida descubriendo lo que en realidad importa.

¿No ha sido el ser humano y su avaricia un virus implacable para el mundo y su diversidad de vida?

Al final de cuentas, lo que en lo más íntimo de nuestro ser buscamos, es volver al regazo de la Madre Tierra, que acoge incondicionalmente, transmuta nuestra energía y nos hace eternos.  Sin lugar a dudas, esto es un gran mensaje del Covid 19:  si escuchamos, podemos reconocer esta época como un tiempo de gracia para redescubrir lo importante, reconocer que necesariamente estamos todas/os en un mismo barco y nos necesitamos unos/as a otras/os, es una invitación a construir una nueva humanidad.  Todas y todos somo hermanas/os como lo dijo el jefe Seattle[4]:  hijos de la tierra, los ríos son su sangre y ella no se puede poseer.     

                                                                                

Silke Apel, teóloga y comunicadora 







[2] Sutra del final del día: “Desde lo más profundo del corazón os digo a todos: Vida y muerte son un asunto serio.

Todo pasa deprisa; estad todos muy vigilantes. Nadie sea descuidado. Nadie olvidadizo”.

[3] Diccionario de términos religiosos y afines; Editorial Verbo Divino, Madrid 1996

[4] Cf. Carta del Jefe Seattle al presidente norteamericano Franklyn Pierce, 1854

martes, 11 de agosto de 2020

Analogía: Agua-Mujer

 

Mujer, eres agua, fuente del beber de la vida. Danzas en los riachuelos, nacimientos y todo lo que invita a moverte, a extenderte al vaivén de tu alegre paso. Es una danza al verdor, a la creación, a los frutos; das vida a la creación. Mujer, danzas y tus movimientos despuntan firmeza y lucha, fecundas pensamientos que impulsan a la vida, refrescas los corazones con tu ternura, afán y espíritu de crecimiento para una humanidad  fértil, justa, libre, soñadora. Eres agua que, cuando la mano violenta contamina tus sueños sufres, mueres, pero no detienes tu rumbo. El mar muerto yace, pero es historia.

Tú, Mujer, que manos violentas con escasez de sentimientos mutilan tu fertilidad, tus sueños, tu justa lucha, mueres, pero sigues en movimiento, siguen existiendo tus sentimientos en la humanidad que has bañado con tu agua a lo largo de los años, y los corazones no pueden borrar esas huellas impregnadas. ¡Vives, agua; vives, ¡mujer! Sigues en la ruta del camino eterno de la realización, de la proyección justa que nadie podrá truncar.

Agua, te veo inmortalizada en Semuc Champey, en el río La Pasión, en el lago de Atitlán, en el lago de Amatitlán, en todas las hermosas cuencas de nuestro país y en todas las personas que luchan por cuidarte y conservarte. Mujer, te veo en las mujeres que Dios ha tocado y no permiten que sus cuerpos sean abusados. Le dan libertad a su cuerpo para que exprese lo que siente.

Madre, mujer de tierra, de monte fresco, de agua cristalina, me enseñaste el valor de convivir con la naturaleza, el agua, las flores, los animales. Siempre con la vida. La frescura de esta hermana mía siempre, siempre, mojaba mis pies, refrescaba mi vida y la hacía plena. Por eso hoy al amanecer me sumerjo en el agua fresca, y esta frescura besa mi alma, me reconforta, nuevamente armonizo con la naturaleza que me ha besado por años.

Pero, ¡alto!, has sido mancillada, mi hermana; sin embargo, sigues recorriendo los caminos de la Madre Tierra y hace elevar mi espíritu que me une al cordón umbilical y este me empuja a seguir rompiendo las cadenas y a fecundar mis sueños.

El agua cristalina y fresca ha cambiado su color, se ha tornado oscuro triste. Su frescura  ha perdido candidez. Han roto tu corazón y hundido sus raíces en el barro. Pero Jesús mismo, mujer reconoce tu grandeza, ternura, generosidad; con Él al vaciar el perfume impregnas tu olor a tierra mojada, y Él lo recibe con mucho amor (Mt. 26,1-13), Jesús también resalta la igualdad el respeto y la dignidad, sin hacer ninguna diferencia de clase, religión o territorio (Juan 4-42). Jesús, gracias por tu agua viva que anima siempre nuestras luchas en busca de la justicia, la igualdad y sororidad.

Sin embargo, en ciertas circunstancias de la vida sus besos se volvieron insípidos, duros y desafiantes. Quieres refrescar mi alma, pero has encontrado bejucos, piedras y laberintos que se lo impiden. Mas la fuerza de tu frescura ha abierto mi mente y mi corazón.

 Por tanto, agua, Santa Agua, dulce agua, bella agua, tierna agua, Santa de mi infancia, agua de mis caminos. Mujer de lucha, de fuerza incansable, de bellos colores, no doblegues tu lucha. Tu fe, tu fuerza, tu diálogo interior, el reconocimiento de tus cualidades, no solo purificarán esa Santa Agua, esa fuerte mujer. Cada cambio de color de tu agua es una lección en tu vida. Cada pérdida de frescura es un nuevo aprendizaje, una lección que robustece tu alma, tu espíritu, tu caminar.

Agua, regresa a mi camino como fuente inagotable, como compañera fuerte, limpia y transparente. Mujer, tus raíces resurgen de la tierra con nueva frescura, con ímpetu de gracia, color, armonía, equilibrio, esperanza, fuerza y presencia infinita.  


 

Feli Pineda, es pedagoga, en educación  tiene un Diplomado                    
 en Teología  es  Socia del Núcleo Mujeres y Teología