jueves, 27 de abril de 2017

Nuestras reflexiones, abril 2017

Espacio de promoción y reflexión teológica feminista                               abril 2017

Por María Jesús Laveda

“Por esos gritos de ayuda,
por esas voces que no se escucharán más,
¡Me dueles Guatemala!”
 Dicen que era nuestro día, el día Internacional de la Mujer, aunque muchas de nosotras no hablamos de celebración, sino de recuerdo y conmemoración por el asesinato de aquellas otras mujeres que dieron su vida en defensa de los derechos de todas. Y mientras caminábamos, levantando nuestra voz, otras voces gritaban pidiendo ayuda para salvar sus vidas del fuego.

Mientras, en un mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción, -producto  de la mentira y la indiferencia de quienes debieran cuidar la vida-, sucedía lo inimaginable, la muerte de 41 niñas y adolescentes a quienes no escucharon sus gritos de dolor. Eran niñas rebeldes, malas, ellas se lo buscaron… es lo que muchas personas piensan y han expresado en relación a estos hechos.

Pero el grito de las niñas y de otras organizaciones de defensa de sus derechos ya resonó en otro tiempo clamando humanidad y exigiendo justicia para sus cuerpos maltratados, violados por la prepotencia de quienes debían protegerlas, sobreviviendo en un mundo falto de ternura, amor, respeto y dignidad. No escucharon. No hicieron caso de sus denuncias. Ni las de ellas, ni las de los otros organismos que conociendo la realidad exigieron cambios. No escucharon. No eran importantes. No valían la pena. 

Y hoy, a nosotras, a todo el país, nos faltan 41 niñas y adolescentes.

Una vez más, sea el día que sea y el mundo entero cante otra cosa, las mujeres seguimos siendo personas de segunda clase, sin derecho a ser respetadas, acogidas, reconocidas en nuestra dignidad.

Resuena en mi interior uno de los gritos escuchados en la concentración  organizada por la sociedad civil que decía: ¡Los cuerpos de las niñas, no se tocan, no se violan,  no se queman, no se matan!

Era un solo grito, pero no fue suficiente. La plaza se tiñó de rojo, de sangre inocente derramada y sumiendo al país es un desconcierto y un sentimiento de rabia, impotencia, incredulidad frente a lo sucedido.

¡Hasta cuando hemos de seguir sufriendo! ¡Hasta dónde nos es posible resistir, perder vidas humanas, rotas en sus sueños y robada su esperanza!

Nadie se hace responsable. Unos dicen: es un asesinato de Estado… otros comentan en voz baja: todos somos culpables… pero hoy 40 niñas ya no pueden levantar su voz.

Y esto va seguir así mientras a cada uno y una de nosotras no nos queme el alma, no nos salpique el dolor de esas niñas y sus familias que las lloran, mientras otras aún no saben dónde se encuentran sus hijas.

¡Me quema…me quema!  En tantas otras oportunidades hemos levantado la voz exigiendo justicia para nosotras las mujeres, reconocimiento de nuestra dignidad, derecho a ser dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra libertad, de nuestros sueños… hoy también gritamos pero hoy además, nos quema y duele el alma.

¿Y dónde queda la teología en toda esta experiencia?

Dice Jesús: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron… Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños, no me lo hicieron a mí” Mt. 25, 41 – 45

Jesús se encarna en nuestra realidad humana, se identifica con cada ser humano, se hace uno de nosotros, asume nuestra misma debilidad, por eso el daño causado a uno de los más pequeños, empobrecidos, marginados, violentados en su dignidad, se lo hacemos al mismo Jesús. Somos su mismo cuerpo, su misma sangre. Somos cuerpo de Cristo. Desde su encarnación ya no hay diferencia entre lo divino y lo humano. Todo es sagrado a los ojos de Dios.

Pero nuestra hipocresía, nuestra indiferencia nos permite seguir creyendo que estamos en el lado bueno de la historia, porque cumplimos leyes y realizamos ritos sagrados, olvidando reconocer en cada ser violado, excluido, en cada mujer violada, discriminada, al mismo Dios.

 Nuestra dignidad nos viene de nuestro ser personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nuestra imagen la expresamos en los dones recibidos de Él, nuestra libertad, inteligencia, capacidad de pensar y decidir, nuestra creatividad para el bien. Nuestra semejanza la expresamos en nuestros actos de bondad, rectitud, responsabilidad, servicio. Pero tenemos una falsa imagen de Dios y por lo mismo, una falsa imagen del ser humano. Por eso lo hacemos propiedad nuestra, y hacemos con él lo que se ajusta a nuestros intereses mezquinos y personales, violando, quemando sus cuerpos y rompiendo sus vidas. No nos interesan.

Es tiempo de despertar. Todas y todos. Es tiempo de actuar de manera profética. No es suficiente romper el silencio. No son suficientes los gritos, el llanto y las palabras por fuertes que las pronunciemos. Hay que actuar. Desde la conciencia de nuestro ser personas y el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano.

Aún ahora yo siento que levanto mi voz, pero ¿me arriesgo a la acción comprometida en defensa de todos los que sufren marginación y violencia?

Resulta, en cierto modo fácil reconocer el rostro de Dios en los empobrecidos, pero en los violadores, los corruptos, ¿logramos verlo? Resuena en mi interior la palabra de Pedro: “Si mi hermano me ofende, cuántas veces debo perdonarlo, ¿hasta siete veces?” Y la respuesta de Jesús: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.  ¿Cómo anidar estas actitudes en nuestro corazón dolido, indignado, cansado de tanto sufrimiento? No es sencilla una respuesta al estilo de Jesús. Pero hay que dar pasos para un cambio de sociedad, más humana y digna.

Hay que exigir responsabilidades. Eso es lo que gritamos. Pero mientras no cambiemos nuestro interior, mientras no nos convirtamos todos y todas en un pueblo profético que trabaje por un mundo distinto, seguiremos gritando y nuestra cosecha será más muerte.



Chus Laveda
Licenciada en Pedagogía
Miembro del Núcleo Mujeres y Teología
Abril 2017

viernes, 10 de marzo de 2017


Así se hizo presente Núcleo Mujeres y Teología en la marcha del pasado 8 de marzo, en el día en que se conmemoran las luchas de todas las Mujeres por un mundo más justo. Estamos juntas en este caminar hacia la libertad. ¡Adelante compañeras, que no se apaguen nunca nuestras voces!



viernes, 3 de marzo de 2017

II Encuentro Entre Nos-Otras feministas y feminismos hoy


Los días 21, 22, 23 y 24 de febrero, nos unimos al II Encuentro Entre Nos-Otras feministas y feminismos hoy, realizado en el Centro Cultural de España en Guatemala. El Encuentro representó un espacio abierto para compartir diversidad y debatir sobre cuestiones de nuestras vidas y las limitaciones que el orden patriarcal impone sobre el sentir, pensar y hacer de las mujeres.

Por parte del Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala participaron como ponentes en la mesa de “Teología Feminista”, las compañeras Lubia De León, María Sol Puente y Lilian Vega. Ellas compartieron interesantes reflexiones en relación a los nudos en los que la participación religiosa de las mujeres se ve  menguada o empañada en el quehacer teológico.

Durante el desarrollo del Encuentro nos reunimos con diversos colectivos de mujeres para intercambiar conocimientos, reflexiones y utopías en la búsqueda de una vida plena. Al finalizar se hizo la denuncia conjunta de la violencia mediática y sistematizada en contra de las mujeres en todos los espacios, incluido el teológico-religioso y nos sumamos a esta lucha por los derechos de las mujeres, su reconocimiento y paridad en la inclusión de un mundo justo.


jueves, 22 de diciembre de 2016

Un saludo de Navidad



Agradecemos la oportunidad de compartir con ustedes este 2016. 
Deseamos que la luz Divina les ilumine, y les conceda  paz y armonía. 
Nuestro sincero saludo a través de un abrazo sororal. 

lunes, 24 de octubre de 2016

RESEÑA XIX JORNADAS MUJERES Y TEOLOGÍA 2016

Dras: Geraldina Céspedes y Lucia Ramón Carbonel

Con mucha ilusión, entusiasmo y preparación, los días 23 y 24 de septiembre se realizaron en Guatemala las XIX Jornadas Mujeres y Teología tituladas “Eco-justicia y paz en clave feminista”. Nos acompañó como conferencista, Lucía Ramón Carbonell, una mujer laica con gran trayectoria como filósofa y teóloga feminista; quien logró nutrirnos con la riqueza de sus intuiciones y experiencias compartidas.

En esta ocasión, se contó con la participación de varias mujeres de diferentes regiones del país y Centroamérica. Desde los rituales, la música, los videos, los cuchicheos, el coloquio y los espacios de reflexión feminista, las mujeres tomaron sus propias palabras tantas veces ignoradas en el sistema patriarcal.

Lucía Ramón compartió cinco valiosas ponencias que invitan a hacer reflexiones y relecturas que propicien relaciones de igualdad y un movimiento de resistencia en busca de dignificación humana.

El día viernes, utilizando la metodología Ver Juzgar y Actuar, la ponente expuso tres de sus reflexiones iniciando con “Una lectura de la crisis ecológica en perspectiva cristiana, verde y violeta”. Este tema planteó la necesidad de no desentendernos de la crisis ecológica, que tiene que ver con las mujeres porque somos parte damnificada pero también parte de la solución. Representó una invitación a ser capaces de ver la realidad y hacernos cargo de revertir el proceso de “descreación” al que ha llevado el sistema patriarcal, apostando por espiritualidades de emancipación frente a los espiritualismos nihilistas y de evasión. Formuló como nuevo paradigma el Ecofeminismo que intenta abordar y responder de forma creativa y radicalmente inclusiva, a los grandes problemas que afrontamos como el hambre, la pobreza, la desigualdad, la violencia y la devastación ecológica.  

La segunda reflexión “Legitimación teológica de un orden socioeconómico depredador y excluyente: el paradigma de la dominación” permitió cuestionar las imágenes androcéntricas y masculinas que representan a Dios omnipotente, todopoderoso, y que ha constituido el canon simbólico en la humanidad. Estas imágenes influyen en los comportamientos sociales manifestándose como poder impositivo sobre los demás. El Ecofeminismo propone replantear estas imágenes de Dios insertas en la Biblia y la Tradición desde la mirada de las mujeres para redescubrir al Dios de Jesús, un Dios con nosotros y nosotras que propicia el empoderamiento. Es necesario transformar nuestra imagen del Dios patriarcal a un Dios que es padre-madre, que se preocupa por sus criaturas para practicar la justicia y  eco-justicia a fin de que todas y todos tengan una vida digna.

En la tercera ponencia Lucía invitó a “Releer la vida cristiana desde el paradigma de la inhabitación y la interdependencia. Bendición cuidado y justicia.” Esta reflexión enfatiza la necesidad de la cooperación humana para que Dios actúe y se haga presente en cada hombre y en cada mujer, llamando a dar lo mejor de sí y resistiendo contra la injusticia.  Es la Divina Ruáh quien impulsa, alienta, capacita y respeta nuestra autonomía. “El Espíritu Santo-Sofía nos llama a derribar todos los muros de división que nos separan, a combatir la cultura de la muerte, a luchar por nuestra vida en esta tierra en solidaridad con todos los seres vivientes, promoviendo la justicia, la paz y la integridad de la Creación”.

El día sábado, se continuó la reflexión teológica con el tema “claves para una espiritualidad cristiana de la compasión creativa”, propuestas que surgen del paradigma de la creación a partir del amor y la bendición, pues Dios nos ha creado con amor y con libertad; está presente en la toda la creación y se goza con ella. “La espiritualidad nos recuerda que todos provenimos de la misma fuente de vida, Dios, y que todos los hilos de nuestras vidas están interrelacionados y que esa interconexión y esa interdependencia es una riqueza y una bendición”.

Por la tarde se expuso la última ponencia “Hacia una ética política y una ecosofía para una vida buena para todos empezando por las últimas”, que propone la vivencia de una espiritualidad que nos capacita para la indignación ante la injusticia del empobrecimiento de millones de personas y eliminar la indiferencia, desarrollando la creatividad para lograr mejores condiciones de vida. Es preciso recordar y tener presente que somos propiedad de la tierra y no al revés, somos huéspedes y anfitriones, donde los últimos son los recién llegados a quienes se les debe facilitar el acceso de todos los bienes cósmicos. La justicia contempla la vía a la información, al trabajo decente y al legítimo poder para empoderar.

Además de la temática tan enriquecedora, se invitó a vivir dos espacios de reflexión feminista donde las y los asistentes tuvieron la oportunidad de compartir los temas: la violencia y la violación: un arma de sometimiento y poder, facilitado por Victoria Novoa y una espiritualidad para vivir con encanto, a cargo de Geraldina Céspedes.


Finalizó este precioso encuentro entre agradecimientos, ritos, danzas, abrazos y oraciones que expresaron el gozo de la bendición compartida.

domingo, 7 de agosto de 2016

Nunca se mencionó mi nombre

NUESTRAS REFLEXIONES Julio 2016   
Espacio de promoción y reflexión teológica feminista       
      

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En esta ocasión ofrecemos un recurso de la escritura creativa,
                                                para la reflexión dentro de la Teología Feminista,
                                                             desde la relectura bíblica y 
la hermenéutica de la sospecha.
                                                  Del texto del N.T. en Marcos. 7:24-30


Por Lilian Haydee Vega Ortiz





Para ti, en cualquier lugar que te encuentres
¡También tú y yo somos parte del proyecto de Dios! ¡Yo hablé con Jesús de Nazaret, créeme!  Aunque cuando lo he contado, algunas personas han preguntado esto: ¿Cómo es que dejaste que ese tal Jesús te tratara como perrillo? Otra dijo: ¡Que! ¿Jesús también hacía bromas? Y ¿cómo pudo hablar contigo… siendo una mujer… sirofenicia? ¡Hasta me recordaron que era pagana!  De verdad, me sentía vulnerada y  tenía gran necesidad, mi niña estaba enferma. Y la gente me decía que tenía un espíritu inmundo, cuando su cuerpo se movía sin control, muchas veces, y sus ojos como que se salían de sus órbitas, y, ciertamente no sabía qué hacer, yo no sabía a quién acudir. ¡Cuántos años de esconderla, protegiéndola del vecindario para que no nos apedrearan!

Pero, eso ya pasó, hoy quiero contarte sobre mi encuentro con Jesús: Yo solo había escuchado hablar de él, de sus milagros, pero como yo no podía ir a Galilea, a Decápolis  o por donde él caminaba con sus discípulos, ¿sabes? él vino hasta aquí, a esta tierra. Yo estaba en el campo cuando lo supe, e inmediatamente dejé mi tarea para buscarle. Aunque te parezca increíble vino a tierra de gentiles. ¡Él siendo judío!

Y me escabullí entre los que lo entraban a una casa y fui directamente hacia él y le clamé con toda mi alma, que sanara a mi niña. Le pedí con todas mis fuerzas, pues la angustia y el dolor se   desbordó en mi voz. Supe que mi irrupción no fue agradable, pero era mi oportunidad, él vino a mi pueblo.  ¡Ah! Imagina…Había entrado una mujer, de un pueblo gentil, una mujer impura y con todo,  sudorosa… Iba con el manto cayéndose entre mis pies, por la prisa de llegar hasta él. Sin percatarme de la puerta estaba dentro con el Maestro...y todo pasó tan rápido, cuando algunos de los discípulos se quejaron y pidieron que me atendiera, creo que todos estaban cansados. La verdad, a la primera súplica no tuve respuesta, pero me llené de valor e insistí. Luego él me sorprendió cuando dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Bueno, eso yo lo sabía,  aunque no esperaba que Jesús lo enfocara en ese momento.   Esto, pues, aunque suene áspero, Jesús probablemente lo citó así como un refrán popular, pero también creí que de forma irónica me estaba negando  lo que pedía; lo cierto, para los judíos, los perros eran considerados animales inmundos.

Realmente no han sido ajenas las confrontaciones entre gentiles y judíos, y Jesús me lo recordó…Yo casi no lo creía. ¡Sentí algo desde lo profundo de mi ser, para responderle con toda seguridad, allí en medio de todos! Porque grande era mi necesidad y grande la fe que la acompañaba. Entonces le  contesté: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”.
Luego, sentí una paz que no puedo explicar, cuando escuche de nuevo su voz: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

Y supe que mi niña era sana desde ese instante. Yo reconocía la prioridad de la misión de Jesús hacia Israel pero, a pesar de eso, reclamé una extensión de la misma para los gentiles. Yo sabía del plan que Dios había estado realizando desde el llamamiento de Abraham en Gn. 12:1-3, me acogí a su misericordia. También sabía que, a su tiempo extendería la Iglesia fuera de los límites.
 
Pero ahora sé que mi fe creció juntamente con la prueba. Y  me siento feliz de haber experimentado lo que me decían,  si calmó la tempestad ¿cómo no iba a escuchar mi clamor? Siendo de las desposeídas, “las que comemos por debajo de la mesa, muchas veces,  esa mitad de la humanidad”, ¡no podíamos quedarnos sin la opción sustentadora! Hoy emocionada escribo: Desde la sanidad de mi hija Dios inició el proceso y extendió  su misericordia para responder a mi propuesta, en la inclusión de todas y todos, de quienes se decía, no teníamos derecho.

 Más, sé que él se congració conmigo cuando le hice mención de incluirme en su plan, al presentarle esa nueva opción, creo que cobró vida y luz  el significado de la parábola; sin estudiar teología, la realicé, él me dio esa oportunidad. Sí, Jesús. Y me siento privilegiada por estar en las páginas de la Biblia, en un evento donde Dios quiso plasmar este encuentro, en el que una mujer lo persuade. El me ungió de su gracia, de su sabiduría y humildad; me condujo a su propósito. Alcancé la misericordia de Dios, pues a través de mi necesidad y de la tenacidad, me dio la respuesta favorable, él pudo ser flexible; y que desde los discípulos, que me tuvieron tan cerca y todos cuanto han conocido esto, conozcan del mensaje de Salvación, que es inclusivo y nunca exclusivo, es de vida, no de muerte, de misericordia.

Ese encuentro me mostró que Dios está en lo cercano y desde las personas desvalidas muestra su grandeza.

Nunca se mencionó mi nombre. Creo que hay un propósito y es el de adoptar el tuyo.  
(Esta es la carta que mi madre dejó como testimonio del diálogo con Jesús: Mi salud se extendió al proyecto de vida digna para toda la humanidad).
  
Lilian Haydée Vega Ortiz