jueves, 10 de noviembre de 2022

Epistemología Eco-feminista

 


El Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala, en el marco de  XXV aniversario  nuevamente impulsan las Jornadas de Formación, de forma virtual, lo cual nos ha permitido llegar a otros países como México, Costa Rica, Argentina, Perú y Brasil, y porque no decir al otro lado del continente Europeo. Extrañamos la forma presencial donde nos hemos deleitado y compartido con otras y otros ricas reflexiones y propuestas de Teólogas Feministas y Ecofeministas, conocidas y reconocidas en los ámbitos religiosos y filosóficos, que como grupo nos han dado la fuerza de seguir apostando por un mundo posible en una sociedad imposible.

En este marco el pasado mes de septiembre en fechas del 23 al 25, nos  acompañamos en este caminar y reflexión de tres mujeres que han marcado hitos en la vida cotidiana y que ya forman parte de nuestra historia, por sus valiosos aportes siendo ellas: Ivone Gebara y su impactante ponencia inicial: Por dónde pasan las referencias actuales para una epistemología teológica feminista[1].  Luego la segunda Conferencia, Ecofeminismo y defensa del territorio en Abya Yala”, nos brindó, pedagógicamente, Aimé Tapia[2]. Y para cerrar  tuvimos una iluminadora  Conferencia de Yayo Herrero[3]: “Miradas ecofeministas para revertir la guerra contra la vida".

Las tres conferencias  nos han dejado mucho que reflexionar y repensar, pero también actuar en lo que estamos viviendo hoy las mujeres, los pueblos y la misma naturaleza. La invitación es que en su momento quien nos lee, pueda pasar y darse el tiempo de escucharlas y desde allí poder aportar otros elementos.

Quiero, en este espacio, atreverme a colocar algunos puntos de la Conferencia compartida por Ivon Gebara, y provocar, por medio de una relectura, reacciones, reflexiones, pero más que todo dudas, que nos permitan atrevernos a deconstruir lo construido y reconstruir nuevas formas, rutas caminos, y como dice Ivon desde lo cotidiano y, desde los posible, veamos otras realidades diferentes a las lógicas patriarcales dogmáticas que desde la jerarquía nos han enseñado, y que al colocarnos otros lentes nos permitamos vernos y ver nuestro movimiento en otros movimientos, como parte de un todo.

Ivon Gebara comparte la importancia de sacar la ropa dogmatica impuesta desde la teología y epistemología y apostar por una epistemología ecofeminista (entendiendo la epistemología como, “conocimiento, y es una rama de la filosofía que  ocupa de todos los elementos que procuran la adquisición de conocimiento e investiga los fundamentos, limites, métodos y validez de mismo”.

A continuación presento la propuesta de Ivon en siete puntos que Ivon  ha colocado como una ruta que nos puede ir marcando uno de tantos caminos que podemos ir conociendo desde nuestro accionar.

1.    La interdependencia del conocimiento: no hay un conocimiento aislado todo conocimiento es articulado con otras fuerzas y mesclas; no existe la pureza; lo que existe es la vida interdependiente.

2.    La epistemología de múltiple percepción del mundo, en la diversidad de sus manifestaciones; la mirada de mujeres campesinas no es la misma que la mirada de mujeres que dan clases, o viven en la ciudad; ¿cómo hacer este intercambio de distintas visiones y percepciones de  mundo?

3.    Una epistemología marcada por nuestro género, identidad, cultura y clases sociales y con    interdependencia (experiencia, vida)    en sus múltiples percepciones. (desde donde vemos la vida, contextos y acción).

4.    Una epistemología más allá de los conocimientos prefijados;  lo aprendido y e impuesto como dogma y que desde otra mirada puede ser modificado.

5.    Epistemología  reducida a una forma de pensar, razonar, sentir, y que en consecuencia nos hace ver una sola verdad la cual se ha compartido desde los catecismos prefijado, por ejemplo:  la iniciación a la tradición de Jesús no puede ser desde el conocimiento  prefijado.

6.    Una Epistemología que toma en cuenta nuestra subjetividad, y que nos lleva a un autoconocimiento no repetición de los conocimientos, pero que nos provoca a auto-conocernos, que nos provoca a una reciprocidad en las situaciones cotidianas de la vida con otras personas.

7.    Una epistemología que no toma a los seres humanos como el centro máximo de la vida, pero sí como un elemento entre otros elementos de la evolución de la vida en este universo en el cual estamos.

Todo esto nos lleva a una confrontación con lo establecido y con lo que hemos creído como voluntad de Dios.  Son Siete lentes que tiene múltiples graduaciones y que nos permiten ver la complejidad de la vida. En en esta perspectiva debemos ubicar las tradiciones que han provocado algunos de los dogmas  que  nos han sido impuestos desde la fe, y que fueron fijados por una minoría a las mayorías, para conservar su poder.  

Tener claridad de que los dogmas que son tradición cristiana, los ha colocado la minoría como parte del dominio patriarcal prefijado donde en el aquí y ahora el reto es releerlos en contextos diversos, y toca identificar otras formas de dialogar con y desde otras creencias.

Ivon apunta a que una Epistemología Ecofeminista agrega a su conocimiento  la propuesta antes descrito en  los siete puntos antes mencionados, que tienen su fundamento en la experiencia existencial de las mujeres, en el dolor de nuestros distintos cuerpos no solamente en el cuerpo crucificado de Jesús. Es nuestro cuerpo crucificado de múltiples maneras, es la opresión que tiene que ser descrita, opresión impuesta por la cultura patriarcal, el capitalismo, el absolutismo religioso de un Dios todo poderoso que nos juzga y que nos mantiene como una categoría complementaria.

La propuesta es la de otra interpretación de la tradición cristiana, la que ha sido ocultada por intereses particulares, y acá los siete puntos propuestos nos llevan a entrar a una teología no clerical, que nos lleve a dudar, ( para Ivon  las dudas nos hacen crecer).

Su invitación es volver a leer y ver los evangelios sinópticos sin parámetros clericales dogmáticos y patriarcales, ver  historias de mujeres, que se saludan y están embrazadas, el nacimiento de un  niño en una condición muy pobre, pero también hay cuentos que nos relatan una vida cotidiana que nos hacen pensar, nos invitan a ver la vida y no tener miedo y que no hay dogma ninguno allí. Nos invita a retomar la historia de las mujeres que fueron sacadas de los dogmas. Y ver la vida en el nacimiento, miedo, dolor en el parto de Maria, y también la pérdida de su hijo en la cruz, es la vida cotidiana.

Nos invita a rescatar los cuentos,  la memoria histórica desde las mujeres.

Como Núcleo Mujeres y teología queremos seguir en nuestra propuesta ecofeminista que nos invita  vernos como movimiento de mujeres. Somos  hijas de Dios, el Dios de la vida, donde todos los grupos humanos somos incluidos y no solo lo humano sino todo lo que nos rodea y tiene vida.  Y reconocer y aceptar que el movimiento de Jesús no es el único y eso me permite entrar en diálogo, aprender y compartir  con otros movimientos y espacios religiosos.


Braulia Antonieta Amado Gonzalez

Integrante del Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala

Referencias:

https://www.google.com/search?client=opera&q=que+es+epistemologia&sourceid=opera&ie=UTF-8&oe=UTF-8, Gogle: que es epistemología:

YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=eAZzA75hTm4



[1] La Conferencia se encuentra en  https://www.youtube.com/watch?v=knJ88vhZjoY

[2] Vea la segunda Conferencia en: https://www.youtube.com/watch?v=pi4oQNCH_Ds

[3]  Se puede ver esta Conferencia en:  https://www.youtube.com/watch?v=pi4oQNCH_Ds

martes, 4 de octubre de 2022

El fruto de una transgresión

 

De todos es sabido la importancia que en la Biblia se da a la imposición del nombre y al cambio del mismo. Nombrar, poner nombre, significa distinguir y reconocer; el cambio de nombre implica una nueva visión de la persona, se desvela una cualidad oculta hasta entonces, una nueva identidad, muchas veces vinculada a la misión que se le encomienda.

Esta quiere ser una reflexión personal y libre, muy libre sobre el primer cambio de nombre del que nos habla la Biblia. No se trata de hacer una disertación académica sino, simplemente, de realizar una lectura pausada y atenta permitiendo que el texto nos vaya desvelando posibles interpretaciones alternativas a las habituales.

Cuando, según el relato yavista de la creación, Dios presenta al hombre la mujer, éste la reconoce como:

Hueso de mis huesos y carne de mi carne;

a ésta se la llamará varona porque del varón ha sido tomada

(Gn 2, 23)[1]

Según este nombre la mujer resulta ser una especie de prolongación del varón, una imagen especular del mismo; sin embargo, más adelante, el mismo varón que la ha reconocido como reflejo propio le cambiará el nombre por el de Eva, es decir, dadora de vida. ¿Qué sucede o ha sucedido para que se de este cambio?

Y el varón puso por nombre a su mujer hawah porque ella es madre de todo viviente

(Gn 3, 20)

Fijándonos bien descubrimos que el cambio de nombre no aparece después de que la mujer dé a luz a su primer hijo, sino que surge previamente, en otra secuencia del relato bíblico. En realidad, el cambio de nombre parece estar vinculado a la experiencia de la transgresión y sus consecuencias.

Y vio la mujer que era bueno el árbol para comer y que era agradable él a la vista y deseable el árbol para adquirir inteligencia, y tomó de su fruto y comió y dio también a su marido y comió, y se les abrieron los ojos a los dos y conocieron que estaban desnudos.

(Gn 3,6-7a)

El ser humano, varón y varona, por iniciativa de la varona come del fruto, transgrede la norma, con lo cual se les abren los ojos y toman conciencia de que están desnudos, es decir, toman conciencia de sus límites. Límites en sus relaciones personales y límites en su relación con la realidad que, según se ve más adelante, pasan a vivenciarla como algo hostil.

Ahora bien, en este punto surge un interrogante:

La prohibición puesta en boca de YHWH Elohim ¿es realmente una prohibición absoluta? ¿No puede entenderse que se trata más bien de un reto, una prueba cuya finalidad es estimular la autonomía del ser humano frente a su tendencia a la pasividad, a esperar que todo se le dé hecho?

También al reflexionar sobre el supuesto castigo que conlleva la desobediencia al mandato nos podemos preguntar: ¿es realmente un castigo? ¿no se trata más bien del impulso a salir del ámbito de bienestar, de la comodidad, tomar conciencia de la realidad y asumirla con todos sus límites?

Es precisamente después de esta toma de conciencia cuando el varón cambia el nombre de la mujer. Deja de llamarla varona y pasa a llamarla hawa, es decir, madre de todo viviente, dadora de vida. Ya no la ve como una prolongación de sí mismo, sino que la percibe como ser diferenciado que tiene vida propia; más aún, un ser capaz de dar vida.

Como se ha dicho anteriormente, este cambio de nombre no está vinculado directamente a la maternidad, aunque la incluya, sino que la capacidad de dar vida está vinculada al conocimiento. Y es la mujer precisamente quien estimula el acceso al conocimiento, es la mujer quien impulsa a la maduración, a aceptar la realidad con todos sus límites lo cual implica el abandono del paraíso, lugar donde todo se vivía como placentero y exento del esfuerzo personal. La maduración del ser humano implica necesariamente esfuerzo, y en ese esfuerzo parece ser la mujer quien toma la iniciativa.

No quiero dejar de compartir una asociación que me viene reiteradamente cuando reflexiono sobre este texto: se trata de la madre de Jesús en las bodas de Caná, según nos la presenta Juan, ella es la que impulsa a Jesús a hacer su primera señal, iniciando con ello su hora, a pesar de que él entendía que todavía no había llegado.

La iconografía nos suele presentar a María como la madre protectora que acoge en su manto a quienes acuden a ella, pocas veces, en realidad ninguna, me he encontrado con alguna imagen de María que la presente como la impulsora del inicio de la misión de Jesús. Según el evangelio de Juan, la madre está presente en el inicio de la misión de su Hijo y lo está también en la culminación de la misma. Podría decirse con un dicho popular: “está a las duras y a las maduras”

Termino esta reflexión con una sugerencia: la lectura de un libro de Mercedes Navarro que es, a mi juicio, una excelente exégesis de los capítulos 2 y 3 del Génesis; exégesis hecha desde una perspectiva muy distinta a las habituales (detrás de mi reflexión está en contenido de este libro). Se trata de:

Navarro Puerto, Mercedes. Barro y aliento. Exégesis y antropología teológica de Génesis 2-3. Madrid: Paulinas 1993.

Ma. Sol Puente
Miembro activa de Núcleo Mujeres y Teología

[1] Para los textos bíblicos se ha utilizado la traducción de Mercedes Navarro en su libro barro y aliento.

martes, 6 de septiembre de 2022

MIRADA DE MUJER

 

 Soy mujer
Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea.
Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron
de la vida este rincón sensible, luchador,
de piel suave y corazón guerrero.
                                         Alejandra Pizarnik

  He iniciado este artículo con el poema de una mujer latinoamericana. Una escritora argentina que vivió atribulada por las comparaciones que hacía su madre con su hermana. La autora del poema era de cabello oscuro, con tendencia a subir de peso y rebelde en búsqueda de la aceptación materna. Mientras su hermana era rubia, bonita y delgada, es decir, el prototipo de la mujer perfecta a los ojos maternos. Cómo explicar a las mujeres que no podemos continuar haciéndonos tanto daño por seguir los arquetipos que el patriarcado insiste en imponernos como referentes.

    Desde niña fui etiquetada como “rebelde” por el simple hecho de no quedarme callada ante las injusticias y los mandatos ilógicos que el patriarcado nos quiere imponer a las mujeres. Me decían: “no cuestiones”, “cállate”, “no pidas explicaciones”, “obedece”… y muchas más frases sin sentido. Veía las preferencias y prerrogativas de que gozaba mi hermano, pero no entendía la razón. Me fui dando cuenta que a las mujeres se nos exigía más tanto en el hogar, como en los estudios y el trabajo pero se nos reconocía poco nuestro esfuerzo. Esto me molestaba enormemente y me oponía y exigía igual trato que los hombres.

    Cuando empecé a adentrarme en el mundo de la teología feminista, fue como encontrarle sentido a muchas de mis convicciones. Fui descubriendo que en realidad no había sido una persona rebelde, sino una mujer que desde muy niña, la Divina Sabiduría me había dado el don de poder discernir que hombres y mujeres gozamos de igual dignidad y que es nuestro derecho luchar porque se nos reconozca como tales. Y si Dios Padre-Madre no hace acepción entre hombres y mujeres, quién es el varón para insistir en semejante aberración.

    Adentrarme en el conocimiento del trabajo y la lucha de grandes mujeres como Hildegarda de Bingen (s. XII), la italiana Christine de pizan (s. XIV), sor Juana Inés de la Cruz (s. XVII), la primera teóloga latinoamericana, Elizabeth Shüssler Fiorenza, las españolas Mercedes Navarro e Isabel Gómez Acevo, y por supuesto las latinas Ivone Gebara, Elsa Tamez, María Pilar Aquino, Ada María Isasi-Díaz y muchas más, me hace comprender que su único interés es que las mujeres nos demos cuenta de que la tarea por el reconocimiento de nuestros derechos es tarea de todas. El patriarcado, el androcentrismo y lamentable pero es una realidad, las religiones en general, han dañado el verdadero proyecto querido por Dios para los seres humanos: que hombres y mujeres seamos plenamente felices.

    El trabajo que ejecutan las teólogas biblistas al realizar una relectura bíblica con mirada de mujer, haciendo visible la participación de tantas mujeres que se mencionan, algunas por su nombre como Débora, Agar, María Magdalena y otras al aludir algún hecho. Nos permite darnos cuenta que la Divina Ruah siempre se ha movido también, desde las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad.  

    Los supuestos masculinos sobre la vivencia de la doctrina, el culto y la celebración de la fe no dan el debido espacio para la autocomprensión y autoestima de las mujeres. Ya que las prácticas religiosas en las iglesias denigran los cuerpos en especial el cuerpo femenino. De ahí la importancia del trabajo de las teólogas que luchan por el reconocimiento de las mujeres como sujetos creadoras de conocimiento, de una corporalidad positiva y sana. El patriarcado ha influido en la creencia de que la mujer es considerada como “varón defectuoso”, “la que incita al mal”, haciendo creer a las mujeres que son culpables y causantes del mal, del dolor y la muerte que se asocian al pecado original, relegándonos esta creencia a un papel secundario en la Iglesia y en la sociedad.

    Las telogías feministas me animan y motivan aun más, a seguir involucrándome en las diferentes disciplinas. Desde el trabajo pastoral y acompañamiento a las familias, busco trabajar con familias para llevar a las mismas nuevos paradigmas y que las mujeres y los hombres puedan darse cuenta que las prácticas aprendidas del patriarcado causan daño a la familia en general. Seguir trabajando desde las iglesias, aunque nos toque enfrentar dificultades, para que el sistema androcéntrico que se vive en los templos se debilite al fortalecer las pastorales y equipos de mujeres que sirven en las parroquias. Esto es posible por medio de talleres que ayude a las mujeres a visualizar un nuevo estilo de vida donde el varón no tiene la prioridad y supremacía.  

    Como mujeres profesionales en las diferentes disciplinas del saber, es necesario involucrarnos a consciencia para erradicar la discriminación e injusticias que viven las mujeres en nuestro país, por el simple hecho de ser mujer, muchas de ellas por ser indígenas y además pobres. Retomando el poema del inicio: “cuando el mundo me golpee, el calor de las otras mujeres me abrigue”.  La alianza entre mujeres nos hace falta, es decir, la sororidad que nos permita crear redes de mujeres que caminamos juntas defendiendo nuestros derechos en búsqueda de la igualdad.

    Según la Real Academia Española, la sororidad se define como “agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”. Para Marcela Lagarde[1], quien utilizó el término por primera vez en español, la define como “una forma cómplice de actuar entre mujeres”.  Me gusta la definición que da la escritora y defensora de los derechos de las mujeres Leslie Morgan: “hermandad de mujeres que te ayudan”[2]. Nos toca recuperar algunos de los slogans que escuchamos cada ocho de marzo: “la de al lado es compañera no competencia”, “si tocan a una, nos tocan a todas”, etc. Busquemos ser colaboradoras y amigas unidas contra tanto elemento de opresión y desigualdad que tenemos en común. Esta es la mejor herramienta frente al modelo de competición que impone el patriarcado.

    Cada una de las mujeres que a lo largo de la historia desde su realidad, han luchado por el reconocimiento de nuestros derechos, han dejado huellas que han servido como escalones para seguir avanzando en la búsqueda de nuestros ideales como mujeres. Ahora nos toca a nosotras seguir siendo multiplicadoras.

    Ya no soy la niña tachada de rebelde, ahora soy la mujer que defiende y lucha  por nuestro reconocimiento de ser-mujer. Me quedo con el mensaje de Jesús, quien en todo momento acogió a las mujeres y les dio su lugar.

Marta Delia Morales Alas de Urruela

Laica, Licenciada en Teología, esposa, madre y abuela.


[1] Marcela Lagarde: política, académica, antropóloga e investigadora mexicana, especializada en etnología, representante del feminismo latinoamericano.

[2] https://efeminista.com/sororidad-mujeres/


martes, 2 de agosto de 2022

El 9 de Agosto y las mujeres de los pueblos indígenas.

 

Invitación

La Asamblea General la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decretó, en su resolución A/RES/49/214, declarar el día 9 de agosto para conmemorar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

Para el año 2022 la temática versa sobre: El papel de las mujeres indígenas en la preservación y transmisión del conocimiento tradicional[1].

La población indígena se encuentra distribuida en más de 90 países y se calcula la existencia de aproximadamente 476 millones de indígenas en todo el mundo.

Respecto a la población mundial, ellos constituyen más del 6 % lo relevante es que representan alrededor del 15 % de las personas que viven en pobreza extrema.

Otro dato para subrayar es que estos pueblos indígenas poseen, ocupan o utilizan una cuarta parte de la superficie del mundo, protegen el 80 % de la biodiversidad que aún queda en el planeta.

Tienen conocimientos y experiencias ancestrales acerca de cómo adaptarse, mitigar y reducir los riesgos derivados del cambio climático y los desastres naturales.[2]

Colonización y Genocidio cultural

En Ottawa, Canadá, el nominado Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación[3] publicado en 2015, evidencia una las páginas más oscuras del Canadá; La Ley Sobre Los Indios, emitida en 1876 colocaba a todos los niños indígenas bajo la tutela del Estado canadiense.

En el año 1883, John A. McDonald, primer ministro de Canadá afirmaba que “los niños indígenas deberían ser retirados lo máximo posible de la influencia de sus padres y la única forma de lograrlo era de enviarlos a escuelas industriales donde podrán adquirir las costumbres y prácticas de los blancos”.

Después de 6 años de investigación, el informe final, en sus miles de páginas, narra las atrocidades, abusos físicos, psicológicos, sexuales y el exterminio cultural al que fueron sometidos más de 150 mil niños de los pueblos indígenas. Ellos fueron arrancados de sus grupos familiares y étnicos y enviados a pensionados, en su gran mayoría dirigidos por comunidades religiosas. Principalmente se vieron involucrados la iglesia Católica, Anglicana

Unos 3.200 niños murieron, la gran mayoría antes de 1940, debido a todo tipo de enfermedades, entre ellas la tuberculosis. Las condiciones sanitarias eran tan malsanas que el índice de mortalidad en los pensionados era 5 veces más elevado que en el resto de la población. Estas escuelas de internados operaron por un siglo entero, entre 1870 y 1970.

El principal objetivo contemplaba, “matar al indígena en el niño”. Un proceso atroz de colonización y sometimiento, de despojo de su lengua, valores culturales, sabiduría ancestral y su cosmovisión. Todo esos con métodos de abuso sistemático hacia los niños indígenas.

En mayo de 2021, todas estas páginas oscuras emergen nuevamente colocando en un gran revuelo a la sociedad y el estado canadiense. Se trata de una fosa común con los restos de 215 niños que fue hallada en un internado creado para integrar a miembros de la comunidad indígena de Canadá. El caso de antiguos estudiantes de la Kamloops Indian Residential School en Columbia Británica, en el oeste de Canadá. Este centro inicialmente estuvo bajo la dirección de la iglesia católica, y luego pasó a la dirección del gobierno cerrando en 1978. El internado Kamloops era el más grande de todo este sistema, que se conoció con el nombre de Sistema Escolar de Residencias Indígenas.[4]

Las reacciones tanto hacia el informe del 2015 como los hallazgos de 2021, no se hicieron esperar. Para la población canadiense hay consternación y dolor. El mismo primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, lamentó el hallazgo en el antiguo internado. Y declaró que como católico, se sentía avergonzado de tales hechos esperando un pronunciamiento oficial del Vaticano.[5]

El pasado mes de Julio 2022, El Papa Francisco hizo su “peregrinación penitencial”, el principal objetivo ha sido pedir perdón por los abusos cometidos por religiosos católicos en los centros de internados para niños Indígenas de Canadá, perdón por el genocidio cultural y el sometimiento colonizador.

Ha sido loable el gesto del Papa Francisco. Varios lideres y lideresas de los pueblos indígenas de Canadá, han agradecido y apreciado esta visita y acto penitencial.  Aún existen otros sectores y grupos que consideran insuficiente estas acciones.

El genocidio de las mujeres indígenas en Canadá

  Los abusos y genocidio cultural perpetrado contra la población indígena del Canadá entre los siglos XIX y XX, conmocionan a la población y urgen a realizar acciones concretas de reparación y resarcimiento a las víctimas.

Pero, en pleno siglo XXI con menor distancia en el tiempo, se documentan las crecientes acciones contra mujeres y niñas. Nos referimos ahora al asesinato y desapariciones de mujeres y niñas indígenas en el Canadá.

Las primeras denuncias de secuestros y desapariciones de mujeres indígenas datan de 1980, a partir de estos hechos se creó la unidad de Investigación Nacional sobre las Mujeres y Niñas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas (INMNIDA) (National Inquiry into Murdered and Missing Indigenous Women and Girls, MMIWG), que tras 33 meses concluyó que los casos constituyen un genocidio.[6]

 La población indígena solo representa un 4,9% de la población total de Canadá, los datos arrojan que entre 2001 y 2015 las mujeres de esta etnia asesinadas eran casi el 25% de todas las víctimas femeninas de homicidio en el país. El informe arriba citado, revela que la tasa de asesinatos y desapariciones de mujeres indígenas es 12 veces más alta que la de cualquier otro grupo demográfico del país. Estas cifras son alarmantes y dan mucho qué pensar.

Y nos preguntamos: ¿Por qué Canadá, es un etnocida o feminicida étnico? Es importante recordar que en la época de la conquista y la colonia, los invasores europeos blancos se consideraron ellos mismo como una raza superior frente a los pueblos originarios o aborígenes de Canadá. Los sistemas de seguridad ciudadana y los operadores de justicia consideran a las mujeres indígenas como alcohólicas, drogadictas que no merecen la atención del sistema de protección y seguridad ciudadana. El racismo, el colonialismo y el sexismo de larga data, junto con la indiferencia en la sociedad canadiense son entre otras las principales causas de este genocidio

Si en el siglo pasado el objetivo era “matar al indígena en el niño”, ¿Qué persigue la creciente ola de feminicidio indígena en Canadá?, acaso busca ¿Matar al vientre que hace nacer al indio? o ¿Matar la transmisión del conocimiento tradicional? A pesar de los informes y recomendaciones emitidas en los mismos, el sistema canadiense sigue fallando en el deber de dar protección a todos los ciudadanos y ciudadanas canadienses.

Detrás de todo esto subyace la arrogancia del colonialismo blanco occidental, la usurpación y ocupación de los territorios de estos primeros pueblos, los intereses económicos, la visión desarrollista occidental y el sistema patriarcal que invisibiliza el papel protagónico de las mujeres en sus comunidades.

Mujeres indígenas en la preservación y transmisión del conocimiento tradicional

En contraste con esos Genocidios Culturales, Genocidios étnicos, y desde un largo recorrido, podemos afirmar la convicción, cada vez más creciente y manifiesta, de los pueblos originarios acerca de sus derechos sociales, culturales, económicos y la conservación de sus tradiciones y sabidurías.

El papel de la mujer indígena en la preservación de las tradiciones es muy relevante y necesario. Ella es la transmisora de la lengua y valores de convivencia comunitaria. Como mujeres, su mirada holística le permite observar los ciclos naturales de la vida, extraen y transmiten saberes ancestrales. Son el sostén familiar, cuidadoras, guardianas del conocimiento,

Transmite valores de armonía, en la relación con la madre tierra y todos los vivientes con quienes comparte su espacio y tiempo. Son artesanas no solo de tejidos para la vestimenta, sino también de las relaciones intergeneracionales. Son líderes y defensoras de los derechos humanos.

Con demasiada frecuencia aún sufren niveles interseccionales[7] de discriminación por motivos de género, etnia y estatus socioeconómico. Su derecho a la libre determinación, el autogobierno y el control de los recursos y tierras ancestrales ha sido violado durante siglos. Queda mucho por hacer para lograr más espacio en los puestos de toma de decisiones y operación de la justicia.

Este 9 de Agosto 2022, debe marcar un momento importante para reforzar lo ya iniciado y caminar hacia la conquista de esos espacios de participación, que hagan de las mujeres indígenas verdaderas actoras en la preservación y transmisión del conocimiento tradicional y la configuración de sus pueblos como espacios humanizadores y armónicos para todas las sociedades.

La sensibilización, información sobre estas problemáticas nos toca en primera persona, la consigna que repetimos “Lo que le sucede a una, les sucede a todas” debe pasar a expresiones concretas, hasta que todo sea como lo soñamos.

María Concepción Vallecillo

Integrante activa de Núcleo Mujeres y Teología


[7] La interseccionalidad es una herramienta para el análisis, el trabajo de abogacía y la elaboración de políticas, que aborda múltiples discriminaciones y nos ayuda a entender la manera en que conjuntos

diferentes de identidades influyen sobre el acceso que se pueda tener a derechos y oportunidades


miércoles, 6 de julio de 2022

Defensa del mundo natural ¿a quién concierne?

 

    Recientemente fue publicada la noticia sobre la sentencia condenatoria emitida contra María Cuc Choc, defensora q’eqchi’ de los derechos de las personas y pueblos indígenas y del medio ambiente, dentro del proceso penal que se le sigue hace más de cuatro años. En marzo de este año, Bernardo Caal Xol, también líder q’qeqchí, obtuvo su libertad tras cumplir parte de la pena que le fue impuesta al ser encontrado penalmente responsable por hechos relacionados a su labor en defensa de los ríos.

    Como ellos, muchas defensoras y defensores de derechos humanos han sido y siguen siendo objeto de diversos tipos de ataques. En el último informe anual de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación en Guatemala[1] se resaltó la persistencia del uso indebido del derecho penal como medio para sancionar o impedir su trabajo; denotó además irregularidades y retrasos en procesos penales seguidos en su contra. Alertó sobre el alto nivel de criminalización contra organizaciones y comunidades indígenas y campesinas en el contexto de reivindicación de las tierras ancestrales y defensa del medio ambiente, existiendo para esa fecha 881 órdenes de captura relacionadas. En 2019, las estadísticas de Udefegua reportaron 15 asesinatos de personas defensoras de derechos humanos; 14 de las personas asesinadas pertenecían a asociaciones comunitarias, organizaciones campesinas, indígenas o ambientalistas.[2]

    Frente a este dramático escenario y como forma de reconocer la labor de personas que han dedicado sus esfuerzos -algunas incluso a costa de su vida-, para luchar contra las injusticias económicas, sociales y políticas relacionadas a la tenencia de la tierra y el uso de los recursos naturales, he querido dedicar este espacio para dejar apuntadas algunas ideas sobre la relación entre el medio natural y el ser humano. A partir de estas, pueden surgir posturas conscientes, no solo de la necesidad de conservar y proteger el mundo natural, sino de valorar y apoyar la resistencia contra aquellas miradas restringidas, propias de determinados modelos económicos y sociales, que contribuyen a la perpetuación de las desigualdades y conducen a la destrucción de la vida.

    La sociología actual reconoce que la historia humana no es independiente sino está mediada por la naturaleza. La sociedad, el desarrollo social y las posiciones de los sujetos están entrelazados por la manera en que la naturaleza es y ha sido transformada por el ser humano. Por su parte, la interdependencia entre la naturaleza y las desigualdades se manifiesta de diferentes formas: existe desigualdad en la creación de las crisis ambientales, así como desigualdad en la distribución de los efectos adversos que estas provocan. Tales efectos refuerzan las estructuras existentes de desigualdad. La vulnerabilidad, determinada por marcadores de diferencia como la etnia, la raza, la clase y el género, suele ser mayor para aquellos que son marginados de múltiples maneras.[3]

    Partiendo de este último aspecto, la dimensión de género en las luchas por el medio ambiente no debe tampoco ser ignorada. En el campo de los derechos humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha resaltado la necesidad de que, al momento de adoptar medidas en el marco de las actividades y operaciones empresariales, se incorpore un enfoque interseccional y diferencial, incluyendo la perspectiva de género, consciente de la posible agravación y frecuencia de violaciones a los derechos en razón de condiciones como el origen étnico, la edad, la orientación sexual, la identidad de género o la posición económica de las personas y los grupos.[4]

    Para afrontar el tema del medio ambiente, no debe dejarse de mencionar que las situaciones históricas y las experiencias culturales de cada persona y grupo humano determinan las diferentes visiones sobre la naturaleza. Es por ese motivo que las luchas contra el despojo de la tierra, de los recursos naturales y la destrucción de los hábitats suelen ser asumidas por las personas y grupos humanos cuya cosmovisión se caracteriza por una estrecha relación con la naturaleza -a la que atribuyen un valor intrínseco- y/o que viven en carne propia y desde la experiencia cotidiana las consecuencias de la pobreza y la destrucción sistemática de los recursos.

    Pese lo anterior, debe tenerse presente que el mundo natural nutre la vida de todas las creaturas, incluido el ser humano. Desde el estudio de la naturaleza a luz de Dios, reflexiona Elizabeth A. Johnson que el conocimiento científico resitúa a la especie humana como parte intrínseca de la red evolutiva de la vida sobre nuestro planeta. La conexión del ser humano con la naturaleza es tan profunda que no es posible definir la identidad humana sin incluir el desarrollo cósmico y la ascendencia biológica que compartimos con todos los organismos que forman la comunidad de la vida. Advirtiendo lo anterior, nos invita a construir teología a partir del testimonio de la creación y del Dios amoroso que alimenta constantemente la vida.[5] Existen numerosos puntos de apoyo para el cristianismo, pero también en las diferentes tradiciones religiosas o los distintos sistemas de creencias, que pueden inspirarnos a la sacralización del mundo natural, a no tolerar ninguna justificación para la destrucción de los ciclos de vida y a oponernos decididamente contra la opresión de cualquier clase.

    Dado que el mundo sustenta y posibilita la vida, las luchas por la defensa de la tierra y los recursos naturales, irremplazables, conciernen a todas y todos, en tanto existimos como parte y gracias al mundo natural. Las presiones y ataques contra quienes asumen esta importante tarea -en nombre de sus familias, comunidades y de la parte de la humanidad que se sitúa en su justa posición en este mundo-, así como la mirada aquiescente o confabuladora de las instituciones estatales, deben resultarnos intolerables. El agua que bebemos, el aire que respiramos, la manzana que comimos ayer o la simple contemplación de una flor son cuestiones que quizá nos ayuden a comprender que las causas medioambientales no son ni deben parecernos distantes.


Ana Isabel Calderón

                    Integrante de Núcleo Mujeres y Teología


[1] Naciones Unidas, Asamblea General. Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de derechos humanos en Guatemala, 2020, A/HRC/46/74, párrs. 86 y 87.

[2] Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de Guatemala, resumen del Informe de situación de personas, comunidades y organizaciones defensoras de derechos humanos, 2019-2020, pág. 12.

[3] Dietz, Kristina. Investigar las desigualdades desde la perspectiva socioecológica. En: Repensar las desigualdades, Jelin, Elizabeth, Renata Motta & Sérgio Costa, 1º edición, Siglo XXI Editores Argentina, 2020, págs. 111-133.

[4] Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Relatoría Especial sobre Derechos Económicos Sociales Culturales y Ambientales REDESCA, Informe Empresas y Derechos Humanos: Estándares Interamericanos, 2019, OEA/Ser.L/V/II CIDH/REDESCA/INF.1/19, párr. 44.

[5] Johnson, Elizabeth A., «Pregunta a las bestias» Darwin y el Dios del amor, Editorial Sal Terrae, 2014.