jueves, 20 de julio de 2023

Vidas resilientes o vidas rotas



Los seres humanos tenemos una dignidad por el simple hecho de existir, una dignidad que es inalienable y que, por lo tanto, debiera estar garantizada la igualdad de derechos y el respeto a los mismos. 

La adolescencia es una etapa de la vida compleja y, en ocasiones, complicada. Según la Organización Mundial de la Salud la adolescencia es el período de crecimiento que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y 19 años[1]. Es una etapa de crecimiento y desarrollo en el que se dan profundos cambios, tanto a nivel físico como emocional y psicológico; pero en el que también hay incertidumbres, temores, riesgos y amenazas para las adolescentes, sobre todo, en determinados entornos y ambientes.

Esta situación que es común para las adolescentes en cualquier lugar, en Guatemala se agudizan por el contexto actual en el que vivimos, donde hay altos niveles de pobreza, desestructuración familiar, drogas, alcoholismo, violencias, en concreto, violencia sexual y violaciones, lo que lleva consigo embarazos precoces a edades para las que no están preparadas ni física, ni mentalmente, y la posibilidad de ser contagiadas con una enfermedad de trasmisión sexual que las podría hipotecar afectándolas para el resto de sus vidas.  Además, como dice Juan Masiá SJ, un embarazo no debe ser fruto de la violencia, sino fruto del amor.


El embarazo en menores de 14 años está tipificado como violación en el código penal de Guatemala. Dejando a un lado la parte legal y las cifras abultadas de estas violaciones, nos podemos centrar en lo que significa para la adolescente esa violación, ese trauma, esa vulneración de sus derechos y su dignidad como persona que le marcarán para toda la vida. Algunas podrán, tal vez con ayuda, salir de esa dura experiencia trabajando la resiliencia que les hará caminar erguidas creyendo en ellas mismas de nuevo, podrán reconstruir su vida y trabajar por alcanzar sus sueños de estudiar una carrera técnica o una universitaria, ser buenas profesionales y llegar a donde quieran llegar. Pero otras quedarán con las vidas rotas y las alas cortadas, sin poder realizar sus sueños si es que alguna vez los han tenido. ¿Qué podemos hacer para que las adolescentes en Guatemala puedan vivir en familias y sociedades sin violencias y sin riesgos a ser violadas?

Hay mucha legislación tanto nacional como internacional que protege a las y los adolescentes, pero mientras siga habiendo violencia y violaciones a adolescentes, como sociedad no estamos haciendo lo que debemos hacer que es proteger a las adolescentes. Esta realidad nos tiene que retar para preguntarnos qué más podemos hacer por ellas, de qué manera podemos protegerlas, cuál es nuestro grano de arena para ayudar a construir una sociedad libre de violencia, donde las adolescentes puedan desarrollarse plenamente sin tener que ir con miedo por las calles. Son muchos los frentes que tenemos que atender, pero no podemos mirar para otro lado si queremos ser constructoras de una sociedad libre de violencia, sana y sanadora.  Para los y las seguidoras de Jesús de Nazareth, creemos en una comunidad justa, igualitaria, con derecho a ser felices y siendo protagonistas de nuestra propia historia. Trabajemos para que las adolescentes también puedan serlo. Liberar es un signo del Reino. 

Maite Menor Esteve
Julio 2023
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología


[1] UNICEF para cada infancia, en: https://www.unicef.org/uruguay/que-es-la-adolescencia

[2] OSAR Guatemala, “Registro de nacimientos y embarazos en madres adolescentes año 2023” en: https://osarguatemala.org/registros-de-nacimiento-y-embarazos-en-madres-adolescentes-ano-2023/







martes, 27 de junio de 2023

UN NUEVO PENTECOSTÉS: EL LLAMADO DE LA RUAH EN EL SIGLO XXI

Parte 1

La celebración de Pentecostés me llena de entusiasmo porque, en los últimos tiempos, la Iglesia en general, y la teología feminista en particular, le ha ido reconociendo al Espíritu Santo el valioso rol que le corresponde en el caminar histórico de la Iglesia. Porque la divina Ruah[1] pasó muchos siglos semi-olvidada en la Iglesia católica, aunque Ella no abandonó su Iglesia ni por un instante.

En el siglo XX surgieron diversos movimientos que generaron un despertar en el Espíritu y fructificaron en el Concilio Vaticano II. Ahora, en este nuevo siglo, escuchamos un nuevo llamado de la Ruah a través del proyecto de construir una Iglesia Sinodal, ya en marcha gracias al papa Francisco[2]. Y como un nuevo brote del tronco de Jesé[3], surgió la trascendental iniciativa del Sínodo de las Mujeres (CWC por sus siglas en inglés)[4], que ha asegurado que se escuchen las voces de las mujeres católicas en las asambleas sinodales.

Según el Génesis, el aliento de vida de Dios es el protagonista de la historia desde sus inicios, desde la creación del universo y del ser humano. Sin el aliento de Dios que habita su creación, nada existiría. Es la energía, dinamismo, creatividad y fuerza que empuja la evolución del universo. Y a la vez, es suavidad, ternura, amor, consuelo, armonía, sosiego, paz…

Así como habló por medio de los profetas de Israel, para denunciar cuando se desviaban del camino que Yahveh esperaba de ellos, así mismo ha acompañado a la Iglesia de Cristo en su caminar. Como el pueblo de Israel, también la Iglesia ha abandonado en diferentes tiempos, lugares y circunstancias el camino correcto, el camino de la caridad. Desde el siglo IV, cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del imperio, la alianza con el poder político ha sido la piedra en el zapato para la vida eclesial.

Sin embargo, la Ruah siempre ha respondido a los signos de los tiempos suscitando espiritualidades y movimientos de fe y de servicio que no permitieron que el pueblo de Dios se olvidara de las enseñanzas evangélicas. En cada cultura y en cada época, de acuerdo con el modo de ser y pensar de la gente, la Ruah ha hecho surgir diversidad de modos de llevar el evangelio a la vida y de transmitirlo a la sociedad; diversidad de modos de ser Iglesia, de formar comunidad, de dar testimonio, de hacer misión, de velar por los más débiles; diversidad de modos de construir el Reino de Dios y de propagar sus valores en los distintos contextos.

Para nuestra inspiración como mujeres cristianas del siglo XXI, contamos con una larga lista de mujeres que vivieron atentas al impulso de la Ruah; entre las más destacadas están: Felícita y Perpetua, Macrina la Mayor y Macrina la Joven, Egeria, Clara de Asís, Hildegarda de Bingen, Margarita Porete, Hadewych de Amberes, Teresa de Ávila, Juana Inés de la Cruz, Rosa de Lima, Simone Weil, Edith Stein, Dorothy Day, Teresa de Calcuta, … imposible mencionarlas a todas.  Ellas confirman nuestra certeza de que las mujeres hemos tenido un importante rol en el tejido de la historia de la Iglesia, tanto como los hombres, a pesar de que se nos visibilice menos.

El Concilio Vaticano II fue un despertar al Espíritu. Sus documentos muestran claramente la intención de los padres conciliares de leer los signos del tiempo que se vivía, a la luz del Espíritu, para responder a ellos con una Iglesia actualizada y dinámica. Por eso fue llamado el Nuevo Pentecostés, pues marcó un punto de inflexión en la historia de la Iglesia. La renovación llegó a temas como algunas formas en la liturgia, la apertura de la Iglesia al mundo y las religiones no cristianas y la institución del Sínodo de los Obispos. Pero luego de una década de entusiasmo, los procesos de renovación fueron bloqueados y muchas actualizaciones quedaron pendientes.

No obstante, la Ruah sigue moviéndonos, impulsándonos, ahora a través del Sínodo de la Sinodalidad. Urge que le prestemos atención para suscitar lo que necesitamos en este tiempo de cambios vertiginosos. El compromiso y la confianza en el Espíritu de todo el pueblo de Dios puede hacer de este Sínodo un Pentecostés versión siglo XXI, que lleve a la Iglesia a recuperar la creatividad y el dinamismo de sus primeros días.

La Sinodalidad es un llamado a la comunión, la participación y la misión: CAMINANDO JUNTOS. Se basa en lo que llamamos sensus fidei fidelium: el sentido sobrenatural de la fe del pueblo. La Ruah habla a través de las voces de todas/os los bautizados, de manera que en una asamblea eclesial que está atenta al Espíritu, se expresa y escucha la voz de la Ruah en todas las voces presentes, incluidas las voces disonantes. Por tanto, es en asamblea como se tendrían que tomar las decisiones que competen a todos y todas, en la cotidianidad de las comunidades eclesiales.

En consecuencia, para vivir en sinodalidad, la Iglesia debe reorganizarse e implementar, en todos los ámbitos de la vida eclesial, el Discernimiento Espiritual Comunitario, que consiste en la escucha comunitaria, desde el nivel local (parroquia, diócesis) hasta el universal. Solo dentro de esta dinámica sinodal, la Iglesia podrá revitalizarse y atajar el fenómeno de templos vacíos que se convierten en museos, restaurantes y bares, que se ha hecho común en muchos países de tradición católica. Es así de urgente.

¿Nos vemos las católicas caminando juntas/os, en igualdad, en el proceso hacia la Sinodalidad?

 

Regina Castañedas
Integrantes de Núcleo Mujeres y Teología

[1] Espíritu de Dios se dice Ruah en hebreo, Ruha en arameo, Pneuma en griego. Los términos en hebreo y en arameo son femeninos; en griego el término es neutro; en español, derivado del latín “Spiritus”, la palabra Espíritu es masculino.

[2] El papa Francisco, luego de una década de hacer llamados en favor de procesos eclesiales que lleven a una Iglesia sinodal, ha convocado al Sínodo de la Sinodalidad. Es el Sínodo de los Obispos que se está llevando a cabo actualmente; inició en octubre de 2021 y concluirá en octubre de 2024. Información oficial sobre este sínodo en: https://www.synod.va/es.html

[3] Isaías 11, 1

[4] Iniciativa que reunió a más de 60 organizaciones de mujeres católicas, religiosas y laicas, para llevar a cabo un sínodo propio, a nivel global, simultáneo al Sínodo de la Sinodalidad, y que consistió en la realización de talleres de discernimiento espiritual comunitario, presenciales o virtuales, para recabar los sentipensares de las católicas sobre cinco ejes eclesiales fundamentales: Situación de las mujeres en la Iglesia; Poder y participación; Estructura, transparencia y rendimiento de cuentas; Vida sacramental; y Resistencia y esperanza. El informe final fue entregado a la subsecretaria de la Secretaría General del Sínodo de Obispos, Nathalie Becquart, en Roma, en octubre de 2022.

martes, 23 de mayo de 2023

Dos madres valientes y dolidas que defienden a sus hijos - continuación

 Rizpah

Los Israelitas estaban de regreso en la tierra prometida, donde, por muchos años, los sacerdotes estuvieron a cargo del gobierno del pueblo, no solo en lo religioso, también en lo legal, político, económico y militar. Con el tiempo también había los jueces, otros líderes diversos que surgían en las tribus. El pueblo comparaba su situación con la de los vecinos que contaban con reyes como autoridad máxima y achacaba los problemas que padecía a la falta de un rey. El profeta Samuel estaba en contra de este cambio porque consideraba a Yahveh como el único rey, pero al fin Yahveh accedió y Saúl fue ungido como el primer rey del pueblo de Israel. Con el tiempo, Saúl cometió una gran ofensa, probablemente la de ofrecer él mismo un sacrificio en lugar de dejarlo a un sacerdote o al mismo Samuel, y con ello perdió la posibilidad de formar una dinastía. David fue escogido como su sucesor. Siguieron conflictos con los vecinos y pleitos entre los seguidores de Saúl y los afines a David. En este ambiente de violencia e intriga encontramos a Rizpah (II Samuel 21:1-14).

Rizpah fue concubina de Saúl y tuvo dos hijos de él. Cabe señalar que el rey se casaba con una reina por ser botín de guerra o por poder político y diplomático, para estrechar relaciones con otras naciones. Los hijos de estos enlaces fueron los herederos principales de la corona. Rizpah, como concubina, ocupaba un rango inferior, pero había sido escogida por el rey por su gran belleza y otros dones, y por ende tenía una relación cercana al rey Saúl. David había sido ungido como rey de Judá, pero no de Israel, todavía en poder de Saúl. El rey Saúl tenía una hija, Mical, que dio por esposa a David (vendida según algunas traducciones: II Samuel 3-14). Pero con el tiempo, Mical vivía con otro hombre, con quién tuvo cinco hijos, nietos y herederos de Saúl. Seguía un ambiente de intrigas, violencia, y asesinatos. Saúl y tres de sus hijos perdieron la vida en una batalla. Un cuarto hijo, Is-bóset, asumió como rey, pero resultó ser bastante incompetente.

Abner, primo de Saúl y su jefe militar, apoyó al nuevo rey. Prontamente circularon rumores que Abner había tenido relaciones sexuales con Rizpah, hecho que él negó. Esta relación con la viuda concubina del rey significaba un intento de asumir el trono (una interpretación de este encuentro indica que podría ser un intento de parte de Rizpah para lograr una alianza con un hombre más fuerte que Is-bóset, otro ejemplo de la lucha de poderes en tiempos convulsos). El nuevo rey creyó las acusaciones, ciertas o no, y expulsó a Abner de la corte. Abner se alineó con David y al poco tiempo fue asesinado por un hombre de confianza de David. Rizpah y sus dos hijos sobrevivieron este episodio. Is-bóset fue asesinado por hombres de su círculo cercano.

Años más tarde, hubo una gran sequía y se perdieron las cosechas por tres años. El pueblo hambriento exigía que se hiciera algo para apaciguar a Yahveh. Se consideraba que la hambruna era un castigo por la maldad de Saúl, y el efecto de esta maldad aún estaba presente en sus herederos. La muerte de ellos sería pago suficiente para levantar el castigo. David entregó a los gabaonitas los herederos que quedaban de Saúl: los dos hijos de Rizpah y los cinco de Mical. Con su muerte, durante la cosecha de la cebada, se terminó la sequía, según las escrituras. Pero ¿cuán severa era la sequía, si hubo cosecha de cebada? ¿David realmente quería complacer a Yahveh con esta matanza o era, más bien, una oportunidad para afianzar su posición en el trono?

En este momento, Rizpah inició una lucha por la dignidad de sus hijos y por los de Mical, para darles el sepelio junto con su padre y abuelo. Ella se vistió de ropas ásperas y se acostó sobre una piedra cerca de los cuerpos de los siete muertos. Alejaba de los cuerpos a los buitres y a los animales salvajes por unos seis meses. Cuando falleció Saúl, primero su cuerpo y los de sus hijos habían quedado a la vista en una plaza pública, pero luego los cuerpos fueron robados y enterrados. Cuando David se enteró de la vigilia de Rizpah, mandó a recoger los huesos de Saúl, los de sus hijos que murieron con él y los de los siete entregados a los gabaonitas. Dio la orden de que fueran sepultados en la tumba del padre de Saúl en Selá.

[Foto: LedyscatFuente: Mujer Virtuosa 

Termina esta historia con la siguiente frase: “Y tan pronto como se cumplieron las órdenes del rey David, Dios escuchó sus oraciones y bendijo al país”. Visto con ojos patriarcales, David fue el héroe de todo este episodio trágico. Visto con ojos de madre, David fue el responsable del asesinato de todas estas personas, y cientos más, para consolidar su posición de poder, para quedarse con sus mujeres y sus posesiones. Rizpah fue la madre que vigiló a sus hijos y su pareja hasta lograr un final digno para ellos y para la complacencia de Yahveh.

Sheryl Schneider

 Integrante de Núcleo Mujeres y Teología


miércoles, 17 de mayo de 2023

Dos madres valientes y dolidas que defienden a sus hijos


Estamos en mayo, el mes de la madre. Llevo casi ochenta años celebrando con flores y regalos para mi abuela, mi madre, mi nuera, mi suegra, mis cuñadas, sobrinas, comadres y amigas. La imagen que acompaña los saludos es de la maternidad: una madre muy joven con una criatura tierna en los brazos.

La realidad es otra: muchas madres son abandonadas por sus parejas, enfrentan las injusticias, la opresión, el hambre, y la muerte de sus hijas e hijos queridos. Tienen que encarar decisiones sumamente difíciles para la sobrevivencia de ellos y cuando esto no es posible, luchar por la dignidad, por su memoria y su misión.

En este pequeño ensayo, quiero recordar a dos de estas valientes mujeres en su lucha contra la injusticia, la crueldad, los poderes políticos de su tiempo. Mi querida suegra, madre de cuatro hijas y once hijos, me decía que los dolores de parto no se comparaban con los dolores de enterrar a un hijo. La muerte de mi primera hija me dejó un vacío sin fondo refugiado en mi corazón. Perder una hija o un hijo a mano de las fuerzas políticas, las estructuras patriarcales, debe ser aún más doloroso.

[Foto: Slmone Dalmasso].  Fuente: plazapublica.com.gt

Encontramos muchas mujeres madres valientes en la Biblia, que lucharon para proteger a sus hijos de la violencia y la muerte, muchas veces sin éxito. Para comprender sus historias, hay que leer los pasajes desde la perspectiva de estas mujeres. La tradición transmite e interpreta las escrituras tras 2000 años de voces patriarcales. Hay que romper esta tradición.

En esta oportunidad, traigo a dos mujeres olvidadas del primer testamento que merecen ser vistas con ojos de mujer: Jocabed, la madre de Moisés, y Rizpah, la concubina de Saúl.

Jocobed

La historia de Jocobed se sitúa en Egipto antes del éxodo. Después de varios siglos, la comunidad israelita había aumentado con creces y se mantenía su identificación como los hijos de Jacob. En Éxodo 6:20 y Números 26:59 se encuentra a Jocabed junto con Amirán, de la tribu de Leví, la madre y el padre de Miriam, Aarón y Moisés.  

El faraón egipcio consideraba peligrosos a los esclavos israelitas y buscaba cómo limitar el crecimiento de la comunidad[1]. Ordenó a las comadronas matar a todos los niños al nacer, dejando vivas a las niñas. Por temor a Yahvé, las comadronas Sifrá y Puá no obedecieron al faraón, aduciendo que las madres israelitas eran tan robustas que daban a luz a las criaturas antes de que ellas pudieran llegar y atenderlas. Entonces, el faraón ordenó arrojar a todos los niños al río, pero podían dejar vivir a las niñas (Éxodo 1:15-22).

En esta situación de esclavitud y opresión se encontraba Jocabed. Ya tenía a Miriam, la mayor de sus hijos, y a Aarón nacido antes del decreto del faraón. Jocabed dio a luz a un bello niño, Moisés, al cual logró esconder durante los primeros tres meses. Junto con Miriam, elaboraron un plan arriesgado para salvar al bebé. Prepararon un cesto embarrado con asfalto y resina. Jocabed, llena de tristeza y esperanza, acomodó al bebé y lo colocó en el río. Miriam siguió de lejos el cesto en su viaje por el río.

En esto, bajó la hija del faraón al río para bañarse. Vio, entre los juncos el cesto y mandó a una de sus sirvientas a traerlo. Encontró adentro al bello niño llorando y le dio lástima. Se dio cuenta de que era un bebecito israelita. En este momento apareció Miriam y le preguntó – Su Majestad, ¿quiere que llame a una mujer israelita para que alimente al niño? La princesa accedió y ordenó a la niña traer a la mujer. Al llegar Jocabed, la princesa le entregó al niño pidiéndole que le diera de comer y lo cuidara, y que le recompensaría sus servicios. Jocabed atendía al niño con esmero y amor, instruyéndole en la fe y las tradiciones israelitas. Cuando el niño creció, lo llevó de regreso a la princesa, quien lo adoptó como hijo propio y le puso por nombre Moisés, que significa “Yo lo saqué del agua.”

La Biblia no nos cuenta más sobre Jocabed, pero podemos sentir el gran dolor de madre al entregar dos veces su propia sangre, primero al río y luego a la princesa. La formación que Jocabed le dio a Moisés lo preparó para ser el liberador de los israelitas en el éxodo de Egipto.

La palabra tebah es empleada en el pentateuco en dos oportunidades: para el arca construida por Noé y para la cesta de Jocabed. En ambos casos es el vehículo de salvación de un pueblo. En la primera instancia salva a la humanidad de la muerte en la gran inundación; y en la segunda, del genocida de los israelitas, el faraón de Egipto.

En este corto relato, vemos la intervención de seis mujeres valientes, cuyos esfuerzos rescatan del genocidio a Moisés, el liberador de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Ellas enfrentaron la política opresiva y patriarcal; fueron las comadronas Sifrá y Puá, la hija del faraón y su sirvienta, Miriam y Jocabed.

Sheryl Schneider
Integrante de Núcleo Mujeres y Teología

Continúa el relato de Rizpah.


[1] De una comunidad original de 70 varones más sus familias había alcanzado a una población total de 2 000 000 (Números 1:46) aunque algunos historiadores consideran que probablemente era una cifra algo menor.

miércoles, 19 de abril de 2023

Objetivo Igualdad Geraldina Céspedes: "Las religiones legitiman la opresión de las mujeres"

Publicación de: https://www.rtve.es/noticias/20221127/objetivo-igualdad-geraldina-cespedes-religiones-legitiman-opresion-mujeres/2408898.shtml

Por: LUCÍA BLÁZQUEZ     27/11/2022




lunes, 10 de abril de 2023

CREDO DE LAS MUJERES GUATEMALTECAS

Estamos celebrando el tiempo pascual, la presencia viva del amigo, acogida, por primera vez, por María de Magdala. Una mujer con la mente y el corazón abierto, para ser capaz de descubrir presencia viva de la trascendencia en su corazón y en su espíritu. Amaba mucho y por eso creyó en lo que su sentipensar le hablaba al corazón como su verdad más plena. 

Creemos porque amamos. Así expresamos nuestra fe las mujeres amigas y seguidoras de Jesús de Nazaret. Este es nuestro Credo: 

“Creemos, porque amamos, a quien nos trasciende y no podemos nombrar por eso inventamos lenguajes nuevos con el que acercarnos a ÉL/Ella Sentipensamos que es una fuente de energía que nos da vida, que nos regala paz y armonía entre nosotras y con todos los demás seres de la creación. Creemos en aquel/aquella que podemos llamar Papá Bueno, Mamá entrañable, amiga, amante, compañera y compañero. luz, sabiduría, ternura, misericordia, amor incondicional, que nos permite recrearlo en cada una de nuestras experiencias. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos, creemos en Él/Ella, porque lo/la amamos. 

Creemos, porque amamos, en Jesús de Nazaret, al que podemos nombrar, tocar y reconocer en las hermanas y hermanos en los que descubrimos su rostro. Creemos, porque amamos a Jesús que nos hace hijas en el Hijo, que da sentido a nuestras historias, sueños y proyectos, que nos ama y acoge como mujeres, que nos acompaña, que nos hace sabernos y sentirnos dignas e importantes. Estuvimos con él desde el principio de su aventura por el Reino y nos quiere presentes en la transformación de cada día. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos en Él porque lo amamos. 

Creemos, porque la amamos, en la Ruah a la que hemos aprendido a nombrar y que es nuestro aliento de vida. Ella es presencia, lugar de encuentro, empuje, verdad, fiesta, novedad, vuelo alto. También es desafío, riesgo y compromiso. Nos enseña a dialogar con la Verdad de D**s y la humanidad de Jesús. Creemos que está en lo más íntimo de nuestra intimidad, nos conoce y reconoce nuestro ser mujeres, anima nuestras luchas por nuestra propia dignificación y nos quiere libres y felices. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos en Ella, porque amamos. 

Creemos, y por eso, empujamos el proyecto de una comunidad de iguales donde lo que importe no sea el nombre, sino la sororidad entre mujeres y hombres, porque ese es el sueño de Jesús, que todas y todos participemos de la mesa de la comensalía universal. Creemos que la verdadera religión es la que nos hace más humanas porque ella nos acerca a D**s, a todas y todos. Sabemos que nuestra fe se sostiene en el abrazo de Jesús, la confianza en D**s y la cercanía de la Ruah. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos creemos que otro mundo es posible y eso es lo que amamos.

 Creemos, porque las amamos, en nuestras raíces ancestrales que nos han enseñado a nombrar al Formador y Creador Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra. Amando a todos y cada uno de los seres que integran la Casa Común en igualdad de relaciones, en sororidad y respeto, formando parte de ese equilibrio cósmico que humaniza. Y dialogando con la tierra, el viento, el aire y el fuego que conforman las entrañas de la vida, cantamos nuestra fe y nuestra esperanza. Por eso y por tantas cosas buenas que sentimos, creemos y esperamos un mundo nuevo”.

                                                      
 Chus Laveda 
Miembro del Núcleo Mujeres y Teología