lunes, 4 de mayo de 2020

María de Nazaret: mujer de fe y discípula misionera


                                                 

 
                                        La devoción a María en el contexto 
                                                          del Reino de Dios


    
 La Iglesia católica siempre tuvo gran aprecio por la persona de   María y por eso ha animado y orientado, mediante diversos   documentos y pronunciamientos, el culto mariano. Pero, las   prácticas devocionales creadas y/o propagadas por un buen   número  de líderes eclesiásticos y laicos van más allá de la   orientación de los documentos. Como resultado, en muchas   parroquias, grupos y movimientos eclesiales, lo que vemos es un   exacerbado devocionismo mariano que no educa ni conduce a una   fe adulta y comprometida.

Es común en la tradición cristiana presentar a María como mujer, virgen y madre. Estos tres atributos o identificaciones de su persona parecen ser indiscutibles, particularmente en la tradición católica romana. Los expertos parecen encontrar en la Biblia y en la tradición cristiana, especialmente de los antiguos Padres de la Iglesia, referencias que subyacen a esta triple identidad. Es a partir de esta condición identitaria que los fieles acuden a ella, doblan sus rodillas, cantan, piden, lloran, hacen promesas y peregrinaciones.

Debido a esta su condición especial muchos la proclaman reina del cielo, la coronan en la tierra y periódicamente cambian sus vestiduras como si le debieran no sólo respeto, sino cuidado y reverencia continua. Delante de la imagen de María, todos se transforman en niñas/os o mendigas/os, como si ella fuera el último recurso para salir de una situación extrema, aparentemente sin salida. Las relaciones con ella nunca se rompen, incluso si las/os fieles no tienen sus peticiones satisfechas. Hay algo del deseo de superar la orfandad y el abandono en sus diferentes formas, que siempre está presente en esta relación.

Además de estas visiones de María, a nosotras mujeres, de modo especial, nos han presentado la figura de una María humilde, silenciosa, servidora, que no cuestiona nada y siempre dice “sí” a todos. Una María “purísima”, que nunca pasó por las dificultades que la mayor parte de las mujeres tienen que enfrentar en su vida sexual y sus relaciones conyugales. Esa figura de María no nos hace bien. La historia y la espiritualidad de las mujeres está llena de muchas experiencias de autoculpabilización, que nos aleja todavía más de la figura de la María histórica, que ha pasado por las mismas dificultades de las mujeres de su tiempo. Por eso, en este breve texto quiero proponer otra visión de la devoción a María, desde la perspectiva de la misión.

  La devoción a María en el Contexto del Reino

La devoción a María, iluminada por la Palabra de Dios y por Su ejemplo, orienta a seguir a Jesucristo y comprometernos con su Reino. Aprendimos con María a contemplar el rostro de Cristo en el rostro de sus hermanos sufrientes "más pequeños" (Mt 25,31ss), y a experimentar la profundidad de su amor liberador. Con su cuidado por todas las personas en sus necesidades, como en la visita de apoyo a su prima anciana, Isabel (Lucas 1,39-56), y en Caná de Galilea (Juan 2, 1-11), cuando falta el vino necesario para la completa alegría familiar, la madre y compañera fiel de la Iglesia ayuda a mantener vivas nuestras actitudes misioneras de atención, servicio, entrega y gratitud, que deben distinguir a todas las personas discípulas seguidoras de Jesucristo.

La atención misionera de María a las necesidades de las personas más vulnerables nos indica cómo hacer para que los pobres sean acogidos, amados y amparados. La solidaridad de la Madre de Jesús genera comunión y fraternidad y educa para un estilo de vida compartida y solidaria. Esta fuerte presencia de María enriquece la dimensión misionera de la Iglesia y la convierte en lugar de comunión y espacio fecundo de preparación para asumir la misión en la perspectiva del Reino de Dios.

Es sorprendente la espiritualidad mariana que brota a partir del contexto del Reino de Dios. En él María es contemplada en su debido lugar, junto a otras mujeres, como una discípula misionera de fe y valentía, que no tiene miedo de exponerse porque sabe que Dios hace en ella y por medio de ella "grandes cosas" (Lucas 1,39-56). Ella sabe reconocer los signos de Dios actuando en la historia de su pueblo para liberarlo. La memoria de la lucha de muchas mujeres, sus antecesoras, por la liberación de su pueblo está bien viva en su corazón. Por eso María cultiva una espiritualidad atenta a sus clamores y no se desanima ante los poderosos; es una espiritualidad que restablece la fuerza de los débiles y afirma el coraje de quien lucha en la defensa de la vida de los pobres.

Así es también, hoy, la espiritualidad de las mujeres y de las personas que se ponen al servicio del pueblo sufrido y explotado: una espiritualidad que desafía a las fuerzas opresoras y dominadoras porque sabe que el Dios de la historia no abandona a sus hijos e hijas, y quiere "vida en abundancia para todas las personas" (Juan 10,10). Le toca a la "Iglesia misionera en salida", como dijo el Papa Francisco, como simple servidora del Evangelio, debe potenciar la acción de María entre los "pequeños", amados de Jesús y razón de ser de su encarnación y misión.

La contemplación de María como discípula misionera une y empodera a todas las personas que a ella recurren, sobre todo a las mujeres, haciéndolas persistentes y valientes, capaces de enfrentar y superar todo tipo de obstáculos. La devoción mariana, en esa perspectiva, adquiere una dimensión profético- liberadora, ya que es una espiritualidad histórica, capaz de leer los signos de Dios en la historia personal y colectiva, y de actuar en la realidad de hoy conforme a los principios del Reino de Dios.

Conclusión
Una "Iglesia misionera en salida" no puede asumir o alimentar ninguna práctica devocional mariana que retire a María de su contexto sociohistórico, político y religioso. El pueblo más pobre (los anawim), aún hoy, tiene el sagrado derecho de acercarse a María a partir de su situación real y de identificarse con ella por su fe, su fuerza, su persistencia, su servicio solidario y su entrega al proyecto libertador del Reino amoroso de Dios, constituido de justicia, paz y solidaridad universal. Especialmente en el contexto del continente latinoamericano y caribeño, María brilla como ejemplo vivo del seguimiento a Jesucristo, como fiel discípula misionera, como mujer, madre, hermana, compañera, inspiradora y maestra, que nos invita a “salir” al encuentro de las personas más sufrientes en la realidad en que vivimos. 

Para reflexionar:

1)  ¿Qué lugar ocupa María de Nazaret, mujer de fe y discípula misionera, en mi espiritualidad?
2)  ¿Con cuáles aspectos de su vida más me identifico?
3)  ¿Qué necesitamos cambiar para seguir el ejemplo de María discípula misionera? 


Hna. Alzira Munhoz – CF[1]






[1] Alzira Munhoz es licenciada en filosofía y teología, maestra y doctora en teología y profesora de teología en la Universidad Rafael Landívar y en el Instituto Centroamericano de Ciencias Religiosas, de Guatemala. Pertenece a la Congregación de las Hermanas Catequistas Franciscanas.



miércoles, 1 de abril de 2020

María de Nazaret: mujer de fe, discípula y compañera misionera

                   

                 Nuestras Reflexiones  
NR-04-2020  
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Las reflexiones que comparto en este texto son fruto de mi experiencia con María, que siempre fue para mí una mujer y misionera admirable, que asumió libremente participar en el proyecto del Reino de Dios junto con su pueblo, y a ese proyecto se entregó total y conscientemente. Como pobre y con los pobres, y sobre todo con las mujeres judías de su época, ella también soñaba y buscaba realizar el Reino de Dios como un mundo alternativo de  justicia paz y solidaridad. Es sobre esta María que quiero reflexionar con ustedes en este texto.

María de Nazaret: una mujer identificada con su pueblo 

María de Nazaret: una mujer judía que emerge en el primer siglo de la era cristiana, probablemente analfabeta, vivió en una aldea llamada Nazaret. Una mujer simple, cuya fe fue delineada por las promesas de las Escrituras judías y cuya espiritualidad fue forjada en la vivencia y en la práctica de los deberes religiosos comunes del hogar, como encender las velas del Sabbath, por ejemplo.
En otras palabras, siento a María como una mujer atenta a las Escrituras, que las asimiló en sus actitudes y le sirvieron de impulso durante toda su vida. 

Ella no sólo aceptó ser madre de Jesús y cuidar de él, sino también estuvo con las discípulas y discípulos que le siguieron y se quedaron junto a él en sus horas más difíciles, siendo también testigos de su resurrección. Los escritos del Nuevo Testamento la  configuran como una mujer de fe, consciente, decidida y valiente, una discípula aglutinadora de la comunidad cristiana naciente. Al comienzo de su evangelio, Lucas la muestra junto a la comunidad de los pobres, los que esperaban la realización de las promesas divinas configuradas en el Reino de Dios. Por tanto, es justo ver a María como una mujer que hizo la elección libre y consciente de participar en el Reino de Dios, y no como un ejemplo de sumisión pasiva a una voluntad divina absoluta.

La comunidad de Lucas captó estas características de la personalidad de María. En el Evangelio de Lucas, el magníficat (Lc 1,46-55) pone en sus labios no sólo un himno de alabanza, sino también de indignación y de proclamación de la visión del Reino, presentándola en actitud solidaria con su pueblo, junto con otras mujeres que también  proclamaron el poder misericordioso de Dios en favor de los pobres: Miriam, hermana de Moisés (Éxodo 15,21); Débora, la profetiza y jueza (Jueces 5,12); Ana, madre de Samuel (1Samuel 2,1); e Isabel, una anciana que necesita de apoyo en un embarazo de riesgo, como la propia María, que también enfrenta la difícil situación de gestar un hijo en condiciones no comunes. 

  María discípula y compañera misionera pobre entre los pobres

María es discípula misionera porque está situada junto a los pobres y humillados y cree que Dios no está del lado de los poderosos, sino que asume la defensa de los humillados (Lucas 1,52); ella cree firmemente que los hambrientos no serán abandonados con las manos vacías (Lucas 1,53); por eso, lucha con fe espera un mejor, de acuerdo con las promesas del Reino de Dios. Esta composición del magníficat nos ayuda a ver a María ligada a una tradición judía de justicia y profecía. La espada que Simeón dijo que golpearía su corazón, atravesó, y aún atraviesa, los corazones de muchas madres y padres cuyos hijos perecen bajo la tiranía de los Herodes de hoy.

Como mujer-madre María intentó comprender muchas cosas, como las elecciones de su hijo durante su ministerio. Ella guardaba todo en su corazón, dice el evangelio lucano. Y aunque ella generalmente es presentada entre bastidores, podemos, con certeza, imaginarla actuando junto con los discípulos y discípulas de Jesús. Esto reivindica para ella la identidad de discípula misionera y la localiza firmemente en la comunión de las santas y santos de todos los tiempos, justo en el centro de la Tradición eclesial. No es casual que la devoción popular mariana es rica en cantos, oraciones, letanías y otras invocaciones que muestran una María solidaria con personas y grupos humanos abandonados y explotados por sistemas dominantes, como sucede hoy en todos los países latinoamericanos y en otras partes del mundo.

Las reflexiones anteriores muestran por qué la devoción y el culto a María no pueden ser desvinculados del sufrimiento de los pobres, principalmente de las mujeres pobres. A María los pobres se le acercan con fe y esperanza. Ella es la inspiración para la Iglesia que desea ser la sierva de los pobres, como insiste el Papa Francisco. Ella se identifica con los intereses de los pobres y oprimidos, y su propia experiencia de fe está anclada a un Dios que está del lado de ellos.

Las similitudes entre la vida de María y la vida de los pobres (anawin) son una importante fuente de espiritualidad, sobre todo para las mujeres pobres. María no es una reina del cielo, sino una mujer de la tierra, que comparte sus vidas como hermana, madre, inspiradora, compañera solidaria. Como María, muchas madres alrededor del mundo dan a luz a sus hijos en situaciones muy precarias, o incluso desamparadas; son forzadas a huir de su colonia, su ciudad o su tierra natal, como refugiadas, con un niño en los brazos; muchas madres pierden a sus hijos e hijas en las guerras, la prostitución, la trata de personas, las drogas, el trabajo esclavo. Hay una empatía e identificación entre esas mujeres y María. De esa convergencia nacen originalísimas espiritualidades y devociones marianas basadas en el servicio misionero comprometido junto a personas fragilizadas, en el cuidado de la vida en todas sus expresiones, y en la presencia ético-solidaria.

María, la discípula misionera que lucha por un nuevo orden social

Pero María también está en solidaridad con los pobres (anawin) en su lucha por crear un nuevo orden social, como muy bien expresa el Magníficat, que es una síntesis de la visión alternativa del Reino de Dios, tan soñada y esperada por los pobres de Israel. La tradición judía del Reino de Dios, entendido como una visión de justicia, de dignidad humana y de salvación para todas las personas, en medio de un mundo regido por la dominación, opresión y deshumanización, nos permite situar a María como una discípula misionera en este contexto.

La cosmovisión político-religiosa del Reino de Dios como el imperio del bien común, fue realmente determinante e inclusiva para Jesús y sus discípulos y discípulas, así también para su madre. El mayor cambio introducido por la visión del Reino ocurrió principalmente por la “comunión de la mesa” entre pobres, gentiles, pecadores, mujeres y judíos-cristianos, y tuvo especial impacto y de adhesión entre las mujeres que se sintieron incluidas y percibieron que en el Reino inaugurado por Jesús ellas podían ocupar un lugar central, siendo respetadas en su dignidad, como personas y como mujeres. 

El movimiento de Jesús experimentó un Dios benevolente e inclusivo, que acepta a todos, sin excepción, propiciando justicia y bienestar para todas las personas, como María canta en el magníficat. Los seguidores y seguidoras de Jesús entendieron que debían hacer presente el reino de Dios conforme a los principios y criterios del Reino (visto como un acontecimiento salvífico colectivo inclusivo) curando, liberando de todo tipo de opresión, animando y reuniendo a  todas las personas para participar en la mesa de la vida. La presencia y actuación de María en el matrimonio de Caná  se sitúa en esa perspectiva. Ella no es vista sólo en su papel como madre, que acepta cumplir pasivamente la voluntad de un Dios absoluto, sino también en relación con el Reino que irrumpe en la historia de los pequeños, a través del poder creativo de la Ruah Divina.

María de Nazaret, discípula misionera, modelo de las personas discípulas misioneras 

Los cristianos y las cristianas creen que María de Nazaret fue la primera discípula misionera de Jesúcristo. Mujer de fe y generosidad, al mismo tiempo,discípula misionera de Jesucristo. Mujer de fe evangelizada y evangelizadora (cf. Juan 2, 1-12). Por su testimonio de oración, de escucha de la Palabra de Dios y de pronta disponibilidad al servicio del Reino de Dios, hasta la cruz, ella es el modelo de las personas discípulas misioneras. En todos los continentes, María nos sigue enseñando cómo llevar a la humanidad a Jesús. Ella nos precede en la peregrinación de la fe y nos acompaña con amor en el camino del seguimiento de su Hijo.

María fue la primera misionera de Jesús porque lo acogió en su corazón, lo cargó en su vientre y se lo entregó al mundo. Hoy, ella sirve como modelo, guía y aliento a las personas discípulas misioneras, abriendo camino y atrayendo a la gente para seguir a su Hijo. Por eso es considerada la primera evangelizadora y primera evangelizada. Conforme a Lucas 1, 26-56, ella acogió con fe la Buena Nueva de la salvación, convirtiéndose en anuncio, profecía y canto, como nos muestra claramente el magníficat.

En resumen, como madre y educadora, María enseña a la Iglesia-comunidad a consagrarse a la misión y a perseverar en el seguimiento de Jesús. Su figura de mujer libre, decidida y comprometida se manifiesta en el Evangelio, orientada hacia el seguimiento a Jesús. Aprendimos con María a contemplar el rostro de Cristo en el rostro de sus hermanos sufrientes "más pequeños" (Mt 25,31ss), y a experimentar la profundidad de su amor liberador. Con su cuidado por todas las personas en sus necesidades, como en la visita de apoyo a su prima anciana, Isabel, (Lucas 1,39-56) y en Caná de Galilea (Juan 2, 1-11), cuando falta el vino necesario para la completa alegría familiar, la madre y compañera fiel de la Iglesia ayuda a mantener vivas nuestras actitudes misioneras de atención, servicio, entrega y gratitud, que deben distinguir a las personas discípulas seguidoras de Jesucristo.

La contemplación de María como discípula misionera une y empodera a todas las personas que a ella recurren, sobre todo a nosotras mujeres, haciéndonos persistentes y valientes, capaces de enfrentar y superar todo tipo de obstáculos. La devoción mariana, en esa perspectiva, adquiere una dimensión profético-liberadora, ya que es una espiritualidad histórica, capaz de leer los signos de Dios en la historia personal y colectiva, y de actuar en la realidad de hoy según los principios del Reino de Dios.









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* Alzira Munhoz es licenciada en filosofía y teología, maestra y doctora en teología y profesora de teología en la Universidad Rafael Landívar y en el Instituto Centroamericano de Ciencias Religiosas, de Guatemala. Pertenece a la Congregación de las Hermanas Catequistas Franciscanas. 




martes, 10 de marzo de 2020

La voz profética de Greta



                          


Ustedes se han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías. Y, sin embargo, yo soy una de las afortunadas. La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva y lo único de lo que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno. ¡Cómo se atreven!” 
 Con estas palabras en un discurso estremecedor, Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años, sacando el ardor de su interior que no le permite más callar, hizo temblar al auditorio en la apertura de la Cumbre de la ONU, el 26 de setiembre de 2019. Se dirigió a los líderes mundiales de 60 países y con un valor asombroso, los acusó de omisión y traición frente al cambio climático. 

         La voz de esta joven es el resultado de un clamor mundial que en especial están levantando las nuevas generaciones, porque pareciera que nosotras, las personas más adultas, vemos con indiferencia la extinción de especies, el deshielo de los glaciares, el plástico en los océanos, la emisión de gases efecto invernadero, la devastación de los bosques; que como verdaderas catástrofes, mantienen nuestra casa común al borde de un colapso.

   El cambio climático no es una idea o una posibilidad a largo plazo, es ya una alarmante realidad, causada por el abuso que la humanidad hemos tenido con la creación. Estamos en un momento urgente, de decisiones inmediatas. De ahí la vehemencia de las palabras de Greta, que en nombre de la juventud, y de las mujeres jóvenes, hace un desesperado llamado a las naciones del mundo.

   Como un dato curioso, aunque no extraño, la presidencia de las Naciones Unidas desde sus inicios en el año 1946, al 2019, ha estado ocupada de forma desbordada por hombres. En más de siete décadas solamente cuatro mujeres han ocupado el cargo de presidentas de la ONU. Esto me hace pensar que la dirección del clamor de esta joven mujer, se dirigió a un público mayoritariamente masculino. Lo que hace aun más valioso su discurso.

    "Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición", advirtió Greta con enojo y emoción. Nos habló a usted y a mí, generación adulta que hemos sido inconscientes en el uso de los recursos naturales. Organizaciones como la Unesco han advertido que de no tomar las medidas para la eliminación de los microplásticos y si los países no regulan el uso de este material, en 2050 en los océanos habrá más plásticos que peces, porque en la actualidad, cada año llegan al mar 8 millones de toneladas de plástico.

     Es por ello que Greta nos representa a todos y todas, pero en especial a las mujeres. Porque es conocida nuestra inclinación a la defensa de la vida en todas sus formas, y en este caso, en particular, no es casualidad que sea una mujer la que levante la voz. Y no es cualquier voz, es el grito profético que alerta sobre el necesario cambio de mentalidad, de costumbres, de políticas para seguir disfrutando de la casa común; caso contrario, estamos a las puertas de la autodestrucción. 

Nosotras las mujeres, que por siglos hemos sido silenciadas, avasalladas en nuestras ideas y pensamientos; castradas en nuestros impulsos por defendernos a nosotras mismas y a nuestras familias frente a la cultura de muerte, estamos siendo dignamente representadas por una joven mujer, que expresa su convicción de que no nos pueden engañar más. ¿Quién ha fallado? El sistema, las estructuras, los esquemas dominadores que se arrodillan frente al poder. Y allí en ese sistema, hombres y mujeres nos hemos quedado atrapadas, reproduciendo estímulos que perpetúan el concepto de dominadores y dominados. 

     El cambio climático nos ahoga. Ya no hay región que se libre de incendios forestales que matan especies a granel, de altas temperaturas y sequías, de inundaciones que avasallan todo lo que encuentren a su paso, de contaminación de todo tipo. El cambio debe empezar por cada uno y cada una, pero es urgente el cambio desde las políticas gubernamentales del mundo entero. El clamor de Greta es nuestro también; no nos engañemos más, no evadamos la realidad de un planeta que gime desde sus entrañas, porque está herido, apuñalado, golpeado y ultrajado. De alguna manera hace analogía con tantos cuerpos de mujeres que en igual condición han sucumbido históricamente y lo siguen haciendo a manos de criminales masculinos perversos. 


Tengo la firme convicción de decir junto a Greta: “El mundo está despertando y el cambio está en camino, les guste o no”. 

Nieves Lucía Rodríguez Quesada
Costa Rica


jueves, 5 de marzo de 2020

TENTACIONES Y REALIDADES


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Comenzamos otra cuaresma y debemos pensar cuál será nuestra penitencia o ayuno este año: ¿Nos restringiremos algún alimento, o fumar, o el café, o las salidas con amigos/as? ¿Visitaremos enfermos, ancianos, huérfanos? ¿Apoyaremos alguna institución benéfica con dinero o con nuestro tiempo?

En esta época no puedo dejar de pensar en las personas guatemaltecas que viven en perenne penitencia y ayuno. Según el Índice de Pobreza Multidimensional de Guatemala, publicado en diciembre de 2018[1], el 60% de guatemaltecos viven en pobreza multidimensional, o sea que viven con privaciones en el 30% o más de los indicadores utilizados en el estudio. Es decir, que 6 de cada 10 guatemaltecos apenas cubren sus necesidades de alimentación o ni siquiera eso. Y no olvidemos los factores que agudizan la pobreza: ser mujer, ser indígena, ser persona con discapacidad, vivir en un área rural lejana o vivir en un área urbana roja, etc.

En el primer domingo de cuaresma, la liturgia de la Palabra trata el tema de las tentaciones de Jesús antes de iniciar su vida pública. Yo diría que, aquí en Guatemala, las tentaciones más frecuentes a nivel social son la avaricia, la indiferencia y la falta de solidaridad. Por eso quienes tienen poder político o económico caen tan fácilmente en las redes de la corrupción. No hay otra explicación para que este país tenga en el abandono a más de la mitad de su población.

El miedo es generador de grandes tentaciones. Nuestros miedos nos marcan, nos dominan, nos tornan agresivas/os. No es el odio el antónimo del amor; es el miedo. Es por miedo que quienes ostentan el poder recelan y agreden, por miedo a los poderes de los y las otras.  Es su inseguridad la que los hace lastimar, humillar, rebajar. Y mientras más capaz, más segura y más madura la otra persona, más amenazados se sienten y más necesidad tienen de acabar con la amenaza.

Tristemente, a nivel social y político esto ha causado que en Guatemala los gobiernos no inviertan como se debe en educación, no sea que la población aprenda a ser crítica y a tomar buenas decisiones. ¡Grave peligro para la corrupción y la impunidad! Ya vemos cómo el nuevo gobierno está demostrando que tiene miedo a las ongs, porque están formando a la población, ayudando a generar consciencia, autodeterminación y ciudadanía. Sobre todo porque el mayor trabajo se ha venido realizando entre la población más vulnerable, discriminando positivamente a sectores de población indígena y mujeres. Este trabajo de hormiga podría llegar a transformar la sociedad guatemalteca, ¡qué peligroso para quienes quieren seguir aprovechándose de una población ignorante y manipulable!

A otro nivel, también en las instituciones sucede que autoridades inseguras prefieren deshacerse del personal competente, no sea que les pongan en evidencia. Por supuesto, se sienten más cómodas rodeadas de soba-levas sigue-órdenes que de personal capaz y proactivo que aporte buenas ideas y rete su capacidad de reconocer y adaptarse a los signos de los tiempos. El miedo y la inseguridad de las personas corruptas e incapaces que llegan a posiciones de poder ¡causan tantos estragos!

Con demasiada frecuencia las mujeres recibimos ataques que son consecuencia del miedo a nuestras capacidades, a nuestras voces, a nuestros argumentos, a nuestra sensibilidad. En nuestras historias de vida fácilmente nos encontramos en situaciones así, porque en las sociedades patriarcales, a mayor superación de las mujeres, ya sea a nivel personal o profesional, en vez de recibir recompensas recibimos más palo, pues crece el recelo y el miedo en los hombres. Y entonces se despierta en nosotras también el miedo; y la tentación es a rendirnos, retroceder, caer de nuevo bajo la dominación, reprimirnos y auto-anularnos.

¡Pero no!  No debemos caer en esa tentación, ¡Dios no lo permita! La victoria de Jesús sobre las tentaciones en el desierto fue como su “rito de iniciación”, con el cual quedó acreditado para iniciar con fuerza su misión: su predicación y su testimonio sobre el Reino, fiel a la Voluntad Divina hasta la muerte en cruz. Cada victoria sobre nuestras tentaciones de indiferencia, insolidaridad o de rendirnos al miedo nos va preparando, como a Jesús, para trabajar con más fuerza y empeño en nuestra misión de construir Reino aquí y ahora, hasta las últimas consecuencias.

Al final de cuentas, la gran tentación es la de olvidarnos de la Shekinah, olvidarnos de que la Ruah no nos abandona cuando tenemos actitud de escuchar humildemente Su Voz[2] y actuar en consecuencia. Ruego que, en esta cuaresma 2020, nuestras penitencias y oraciones nos conduzcan a prestar más atención a esa Voz y a renovar nuestras fuerzas para vencer las tentaciones que se nos presenten, y así llevar a feliz término el trabajo que la Sabiduría nos tiene programado para este año.

Escrito por Regina Castañeda. Ingeniera Química Industrial y estudiante de Teología


[2] Uso “Su Voz” y no “Su Palabra” porque la Sabiduría Divina la encontramos tanto en las Sagradas Escrituras como en la realidad de la vida, cualquiera sea el contexto en el que nos encontremos, siempre que prestemos atención conscientemente, con corazón y mente bien dispuestos.


8 de marzo 2020


El lema del 
Día Internacional de la Mujer 2020, celebrado este 8 de marzo, es “Soy de la Generación Igualdad: Por los derechos de las mujeres”. Como parte de la conmemoración del Día de la Mujer, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) invita a participar en redes sociales con la hashtag #GeneraciónIgualdad.


Puedes visitar el enlace pinchando aquí:  https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/2/compilation-small-actions-big-impact-for-generation-equality



lunes, 20 de enero de 2020

2020 TIEMPO DE ESPERANZA Y OSADÍA EN LA BÚSQUEDA DE NUEVOS HORIZONTES


   

Hermana. Alzira Munhoz – CF
Los textos bíblicos que escogí como preparación para esta Navidad son evocados para apoyar la utopía de muchas personas y grupos que creen en la posibilidad de construir un mundo diferente. Hace algunos años el Foro Social Mundial viene afirmando que "otro mundo es posible". ¡Y cuantos cambios han tenido lugar en el mundo de las repercusiones de la FSM! Fui a escudriñar la palabra de Dios para ver cómo ella ilumina y ayuda a discernir qué mundo realmente soñamos y queremos construir, o, que horizontes estamos mirando.

La utopía bíblica habla de edificar un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra, donde habita la justicia (cf. 2Ped 3,13), donde no hay más muerte, ni luto, ni clamor, ni dolor (cf. Ap 21,4); donde cesa la lágrima de cada rostro. Y el oprobio que pesa sobre el pueblo es removido (cf. Is 25,8); donde nadie practica la maldad y la destrucción en todo el planeta (cf. Is 11,9); donde no se oye más ni llanto, ni luto, ni desesperación; donde no existe mortalidad infantil, o pedofilia, o explotación de menores, o tráfico de personas; o personas mayores que viven abandonadas, deprimidas, sin dignidad y sin respeto por su ancianidad (cf. Is 65,19b-20). 

En el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, los trabajadores rurales tienen su pedazo de tierra y pueden cultivar la agricultura familiar para su propia subsistencia; y también casas para habitar con seguridad y dignidad con sus familias (cf. Is 65,21-22); las mujeres no engendran más hijas e hijos para el abuso, el aborto, las drogas, el hambre, la violencia o cualquier otra desgracia (cfr. Is 65,23). 

En el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra la humillación y la vergüenza de vivir se sustituyen por la alegría y la solidaridad universal "permanente". El robo, la explotación y la injusticia dan espacio a la ley de la equidad en todas las naciones (cf. Is 61,7-8). La paz es la administradora de la tierra y la justicia su autoridad suprema; y si no se oye hablar más acerca de la violencia, ni en la devastación, la contaminación y la destrucción en cualquier parte del planeta (cf. Is 60,17-18).

En el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra hasta el León es tan vegetariano como el buey, y ya no agrede y mata para sobrevivir. El leopardo, tan serio y autoritario, pero es también muy paciente y reflexivo. El lobo, tan sospechoso e individualista, pero de gran perspicacia y sentido de la realidad, es capaz de convivir con el chivo, tan irreverente, rebelde y atrevido, pero tan alegre y jovial, y con el cordero, tan tímido y sumiso, pero de una generosidad extrema. La vaca y la osa, como amigas, comparten sus alimentos naturales y enseñan a sus hijos a entretenerse y dormir juntos, sin prejuicios y desconfianzas. De hecho, todos los hijos chiquitos, de animales o seres humanos, desde pequeños aprenden a respetar las diferencias y a desarrollar el sentido del cuidado como elemento clave para la armonía entre ellos y con la naturaleza. Hasta la víbora, que es tan mal interpretada, se divierte, como una niñera cariñosa, jugueteando con el niño de pecho, enseñándole a gatear y caminar por sí mismo (cf. Is 11,6- 8).

Las utopías que se expresan en estos textos bíblicos ayudaron a fortalecer la esperanza del pueblo de Israel y de los primeros cristianos en tiempos difíciles, cuando todo parecía un callejón sin salida y no estaba claro el camino a seguir. Hoy, ellas apuntan a otras direcciones ayudándonos a avanzar en el camino y, cada día, mirar nuevos horizontes. 

Sin embargo, el discurso moderno sobre la utopía resultó de la desacralización del mundo en el período del Renacimiento, hace algunos siglos. En la medida en que el ser humano, comenzó a dominar los recursos técnicos y científicos que interfieren el curso de la naturaleza y mejora la convivencia social, surge la necesidad de diseñar el futuro y prever el modelo ideal de sociedad. En este contexto, en el Siglo XVI, Thomas Moore comparó la utopía como un "lugar ideal" donde se satisfacen todas las necesidades, deseos y anhelos, es decir, donde podemos vivir en armonía y equilibrio. Nosotras/os también estamos en busca de esta utopía porque nuestras vidas están aún lejos de nuestros ideales personales y colectivos, fragmentados por sufrimientos e injusticias causadas por sistemas inhumanos y destructivos. 

Aunque los diccionarios clasifican la utopía como un "no lugar", o "lugar ninguno", que no está aquí y ahora, nosotras/os resignificamos la utopía como "el sueño todavía no realizado, pero que es posible llegar a ser una realidad". Un ejemplo actual de esto son las actuales comunidades de budistas en el mundo, comprometidas con la transformación de la realidad, que enfatizan el "solo aquí" y el "solo ahora" como lugar de la "tierra pura", es decir, el "Nirvana". Así, de "no lugar" el significado del término utopía se convirtió en "lugar del aquí y ahora". La persona que no puede encontrar la "tierra pura", el Nirvana, "aquí y ahora", no la encontrará en ningún otro lugar, ni después de la muerte. La utopía está "aquí y ahora" indicando cuales caminos debemos seguir para alcanzar el "buen-vivir" y "el buen-convivir".

Los movimientos locales y globales iniciados por organizaciones indígenas, campesinas, ecologistas, ecofeministas y otras, así como el movimiento francisclariano, también entienden que la utopía pasa por el "aquí y ahora", en esta tierra, concebida como un organismo vivo, fecundado por la Divina Fuente de la Vida. Esta visión conduce a crear alternativas de agricultura orgánica, de revitalización y reforestación de zonas devastadas, de preservación de los recursos naturales, de desarrollo económico sostenible y de muchas otras iniciativas en favor de la vida.

A su vez, los movimientos globales por la paz, justicia y transformación social también son "espacios utópicos" donde se fomenta la tolerancia, la convivencia, la cooperación, el respeto, el reconocimiento y la interacción de las diferencias humanas, culturales, religiosas etc., con el fin de construir un mundo más cariñoso y solidario. Che Guevara lo entendió como el "sentimiento colectivo", o el "gran amor", que absorbe el pequeño "yo", abriéndolo a una dimensión cósmica de cuidado y ternura: "luchar sí! pero sin jamás perder la ternura", dijo. Gandhi también vivió y difundió esta actitud como "no violencia activa". San Francisco y Santa Clara de Asís fueron más allá, en su cuidado y fraternidad universal a todas las criaturas asumiéndolas como hermanas. La hermana misionera Dorothy Steiner, entendió que la floresta amazónica, así como sus pueblos, suspiran por vida, justicia y paz; por lo que entregó su vida a esa causa. Más cerca de nosotros, aquí en Guatemala y en otros países de Centroamérica, tenemos tantas otras personas, como Rigoberta Menchú, Julia Oquelí, Mirna Mack, Berta Cáceres, Mons. Gerardi, Beato Obdulio Arroyo, San Óscar Romero, que son reconocidas por su lucha y por su vida entregada a la causa de los derechos humanos y los derechos de la madre tierra. 

Hoy, sin duda, los movimientos de mujeres, en todas sus expresiones, constituyen uno de los espacios más propicios y fecundos para la realización de las utopías. Con determinación ellos contestan los dualismos: cuerpo/espíritu, público/privado, sexualidad/espiritualidad profana/sagrado, y, por extensión, hombre/mujer, blanco/negro, pobre/rico y muchas otras dicotomías. Estos movimientos de mujeres defienden la integralidad y las alianzas, y no las dicotomías y jerarquías. La Teología Feminista enfatiza que lo cotidiano es el lugar fértil desde el cual debemos tejer nuestra reflexión teológica. Las mujeres, no queremos una única y/o mega utopía, en un futuro lejano. Sí, queremos muchas pequeñas utopías diarias "aquí y ahora". Utopías diversificadas, plurales, pero con fuerza transformadora en nuestra cotidianidad histórica, corporificada, y, a veces, tan fragmentada y dolorida. Este es el suelo donde se fecunda la Teología Feminista, para muchas utopías. No hay una gran utopía, pero muchas utopías plurales, diversificadas. pero también la alegría de la celebración[ii], creatividad y esperanza.

Con certeza, hoy, la Divina Fuente de la Vida fomenta utopías en muchas organizaciones de mujeres, que se levantan, toman la palabra y exigen el reconocimiento de los derechos que les han sido negados durante siglos. Solamente la mirada de fe es capaz de percibir esta Presencia Divina, despertando y alimentando utopías en el movimiento mundial de mujeres, que se extiende y diversifica en cada país, en cada cultura, en cada iglesia, en cada religión. Hace décadas, las mujeres de todo el planeta, estamos mostrando que otro mundo es posible "aquí y ahora". Rompimos el silencio sobre la opresión y la violencia, conquistamos el acceso a la educación que nos fue negado, y seguimos luchando por mejor acceso a los servicios de salud, por estabilidad económica, por seguridad ambiental y por derechos para nosotras, para nuestras comunidades y para toda la humanidad. Creamos cambios en muchas actitudes sociales y reivindicamos nuestro espacio de liderazgo en nivel de toma de decisiones porque creemos que es posible "hacer la diferencia". La Marcha Mundial de las Mujeres, creada el año 2000, que se extiende en casi todos los países del globo, es una señal viva de la energía y de la fuerza que nos habita, como también de nuestra capacidad de organización y de articulación local y mundial. 

De hecho, según Kiyoko Takeda[i], que participó del Consejo Mundial de Iglesias, existen tres fuentes de "energías primordiales" que llevan a la gente a actuar: la primera es la "energía del desespero", que mueve las personas sin esperanza a luchar para romper las barreras que las encierran en el sufrimiento, en la pobreza, en el hambre, o en otras necesidades no satisfechas. La segunda está en el "ethos" moral o religioso, en las ideas filosóficas, en los conceptos de valores, en los cuentos, en las artes y la música, en la literatura y la poesía de las culturas nativas, que permiten la comprensión tradicional del ser humano y del sentido de la vida. La tercera consiste en el la "energía de las mujeres". No sólo de las mujeres de países empobrecidos, sino también de muchas organizaciones de mujeres de países considerados muy avanzados. Esas "energías primordiales" son utopías que indican nuevas formas y direcciones, fomentando el cambio de paradigmas. La teóloga coreana Chung Hyun Kyung mencionó algunas características de los cambios de paradigmas, presentes en las nuevas utopías emergentes. Las presento aquí, porque nos ayudan a entender cómo el momento que estamos viviendo, aunque lleno de contradicciones, puede abrir para nuevos horizontes:

➢ Estamos pasando de una utopía
➢ Estamos pasando de una utopía abstracta, idealizada, para una utopía encarnada, corporificada, donde las necesidades, deseos y anhelos más profundos de nuestros cuerpos sean respectados y tomados en consideración. 
➢ Estamos pasando de la vida fantástica de la imaginación, para nuestra vida cotidiana
➢ Estamos pasando de un tiempo: “tal vez en el futuro”, para el momento “aquí y ahora”.
➢ Estamos pasando de una dirección de metas, a una orientación a través de procesos
Y para llegar a la utopía, estamos eligiendo no sólo el camino de la lucha.

Para concluir, volvamos al texto utópico de Isaías que dice: "en el momento adecuado hago que se realicen estas cosas" (Is 60, 22b). Y más adelante: "Regocíjense con lo que ya está ocurriendo: ¿no entiendes? Estoy creando un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra" (cf. Is 65,17- 18). Sin duda, nosotras/os también estamos convocadas a colaborar en esta Nueva Creación. 






Este artículo fue escrito por Hermana Alzira Munhoz. Religiosa Brasileña, de la congregación de las Hermana Catequistas Franciscanas. Es teóloga y catedrática de teología en varios centros de formación teológica en Guatemala. Actualmente es participante activa del Núcleo Mujeres y teología de Guatemala.

[i] KIYOKO, Takeda. Inquire into indigenous cultural energies. In: JENKINS, D. (Ed.). The humanum studies, 1969-1975. A collection of documents. Genebra: Consejo Mundial de las Iglesias, 1975, p.97-103. 
[ii] KYUNG, Chung Hyun. El lugar y las posibilidades de la utopía hoy. In: SUSIN, Luís Carlos (Org.). Teología para otro mundo posible. San Pablo: Paulinas, 2006, p. 249