sábado, 15 de marzo de 2014

Medios de Comunicación social por la igualdad las mujeres


        

  NUESTRAS REFLEXIONES


03-14
María Concepcion Vallecillo(1)

“Igualdad para las mujeres: progreso para tod@s”  
 es el lema propuesto por la ONU para celebrar el día internacional de las mujeres en este año 2014. Pregunté a algunas y algunos, de mi equipo de trabajo y de otros ambientes sensibles a las luchas de las mujeres, si conocían el significado de la celebración 8 de Marzo como día internacional de la mujer, y las respuestas fueron variadas y alguna poco acertadas. Luego insistí en preguntar si conocían  el lema de la ONU propuesto para el 2014, y las respuestas que escuche de tod@s  fue un no.
Las respuestas obtenidas  me llevaron a reflexionar sobre el papel que juegan los medios de comunicación para informar y generar opinión sobre tópicos determinados, especialmente el tema de las mujeres. Los medios de comunicación social tienen una gran responsabilidad, ellos contribuyen de manera impactante sobre la configuración del pensamiento colectivo y de los estereotipos acerca de las mujeres influyendo sustancialmente sobre los patrones de comportamiento entre y hacia las mujeres.
En cuanto al tema de publicidad y comunicación no tengo mucha experiencia, pero  hay dos cosas que quisiera señalar; una es la dimensión persuasiva e influyente de los medios de comunicación y la publicidad; y la otra, el carácter masivo que tienen especialmente hoy las llamadas redes sociales al alcance de much@s.
La dimensión persuasiva de las campañas publicitarias a través de los medios sociales de comunicación se refiere a la clara intención de estos, de generar cambios en el pensamiento, las creencias, actitudes y conductas de los destinatarias hacia un determinado tópico. Esto se hace evidente en las campañas políticas en donde se invierten grandes sumas de dinero para cuidar y vender una imagen ante los posibles votantes.
El otro aspecto al que me quiero referir es a la dimensión masiva de los medios. La comunicación y publicidad llega a tod@s a través de la radio, la televisión, sendas vallas publicitarias a lo largo del camino, está en nuestro teléfono móvil, en las redes sociales, los mensajes de texto, en nuestro correo electrónico etc. Se introduce afectando la vista, oído, incluso el tacto de miles y miles de destinatari@s.
En los últimos años los grupos feministas y de lucha por los derechos de las mujeres han alcanzado logros, permitiendo visibilizar el papel de las mujeres y su contribución en diferentes campos de la vida. Cada vez más la celebración del día internacional de la mujeres se presenta como ocasión propicia para la reflexión sobre los avances y conquistas y lo que queda por hacer en materia de derechos, oportunidades y tratos de igualdad para las mujeres.  Es innegable  la contribución que los medios de comunicación han dado para expandir esta lucha y logros
Paralelo a esto hay gran despliegue de comunicación y publicidad con fines comerciales que subrayan en las mujeres sus dotes femeninas corporales en menoscabo de sus capacidades intelectuales, su creatividad y más aun su capacidad de generar espacios habitables. Es fácil ir por la calle y encontrar sendas vallas propagandísticas que utilizan la figura femenina semi desnuda para vender automóviles, promocionar una bebida alcohólica, un nuevo desodorante, una toalla sanitaria o una crema vaginal para las “jovencitas bien portadas”. Estas campañas solo refuerzan una visión utilitarista sobre la mujer, que es vista como objeto de placer.
Más diversidad encontramos en las redes sociales de comunicación, donde publican todo tipo de ideas sobre el día de la mujer. Imágenes que van desde los  ramos de rosas rojas, pasando por mensajes religiosos sobre las mujeres que acentúan sus dotes de mujer virtuosa, hacendosas amas de casa, o las mujeres que reclaman el derecho sobre sus cuerpos, las denuncias contra el patriarcado, el machismo, la violencia de género, la igualdad de oportunidades. Constatamos  que las posturas y acciones son de lo más variopintas.
Y para terminar mi reflexión  me referiré a una anécdota. Hace algunos años una compañera me dijo: “Que rico se siente participar en estos talleres feminista, donde se habla acerca de las maniobras del patriarcado y todas las formas de opresión impuestas a las mujeres, Aquí podemos hablar en voz alta sobre nuestros derechos pero… en estos talleres participamos un número reducido de mujeres y  solo duran cuatro horas, luego regresamos a nuestras casas y volvemos a ser las hacendosas amas de casa, cuidadora del esposo y  los hijos; continuamos siendo “sumisas devotas e invisibles”.
Mucha razón tiene mi amiga pues la cultura patriarcado ha introyectado en nuestra conciencia arquetípica y colectiva unos patrones y dioses primordiales a los que mujeres y hombres nos doblegamos una y otra vez. Así ordenamos  nuestras energías, la casa y nuestra vida misma,  rindiendo culto a unas deidades que nos oprimen, y más aún invisibiliza todo el aporte  que como mujeres damos  para parir  tiempos  mejores y espacios habitables. Los talleres feministas de reflexión grupal permiten el despertar de las mujeres, pero seguimos lamentando que los medios sociales de comunicación y las campañas publicitarias refuerzan patrones patriarcales y machistas y hacen que el trabajo por la igualdad parezca la inmensa roca de Sísifo que empujamos y cuando  creemos haber llegado a la cima nuestro esfuerzo cae de rodada.
Con el debido respeto a la libertad de expresión y a la generación del libre pensamiento, proclamo a toda voz la urgencia para acabar con el lenguaje sexista, machista y patriarcal que está presente en nuestros medios de comunicación y en la publicidad que bombardea a diario nuestro sentidos y cuyo impacto se evidencia en nuestras formas de relacionarnos. Queremos medios de comunicación social, redes y vallas publicitarias que proclamen “Igualdad para las mujeres: progreso para tod@s”.
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[1] Ma.C. Vallecillo. Nicaragüense, teóloga y médica, con maestría en salud pública es miembro del Núcleo de Mujeres y Teología en Guatemala.

sábado, 22 de febrero de 2014

PARIR: UNA EXPERIENCIA MÍSTICA



         

  NUESTRAS REFLEXIONES



02-14

Silke Apel
Si iniciara diciendo que cada mesa servida con amor en un hogar es una Eucaristía, despertaría algo más que murmullos. Sin embargo cuando se nos dice que todos los célibes también son padres y madres, no dudamos siquiera en discutir, no digamos cuestionar, esta analogía.  Pensando en esta contrariedad, no puedo dejar de preguntarme sobre otra igual: la razón que subyace a la negación del sentido trascendente del parto real. La experiencia vital y humana que viven día a día, minuto a minuto, miles de mujeres en el mundo.  Las estadísticas nos informan que nacen 252 bebés por minuto en el mundo (4.2 por segundo)[i].

Sin embargo difícilmente se profundiza más allá de estadísticas, fríos números, índices de natalidad, morbilidad, mortalidad, pobreza… Es innegable que urge la asistencia sanitaria y el acceso a métodos de planificación de la natalidad, especialmente entre las mujeres más pobres. A pesar de eso, actualmente se enarbolan banderas limitando a las mujeres a ser medios para la procreación, justificándolo con una manipulada teoría de “ley natural” o “querido por Dios”.  Como si la razón de la vida de más de la mitad de los seres humanos no fuera más allá de los 15 a 20 años que en promedio una mujer, fisiológicamente hablando, está capacitada para la procreación.
¿Será que no hemos superado el trasfondo mítico del parto como “castigo divino” por la “desobediencia de la mujer”?  En este caso, si las mujeres nos hubiéramos “arrepentido” (por no decir “regenerado”) para no sufrir “el castigo divino del parto”, ¿cómo habrían llegado al mundo San Francisco de Asís (algo de moda ahora), Santa Teresa de Ávila, o nuestro actual aclamado Francisco I?  En fin, cualquier ser humano y, superando las teologías, elementos simbólicos y mitos propios de su tiempo: Jesús.  En lo personal me cuesta admitir que María, la madre de Jesús, no haya sido mujer, real y verdadera: humana.  Contrario a lo que sostienen algunas interpretaciones populares no dogmáticas acerca de la forma de su parto “misterioso”, la concibo muy cercana, como mujer que ha parido con su cuerpo, con todo lo que ello implica, a su hijo.
¿En qué momento marginamos el misterio más elemental y grande de la gracia divina que se manifiesta en cada mujer cuando es capaz de llegar al umbral extremo del dolor que la lleva al pleno y total abandono de sí misma?  Un conocimiento que difícilmente se puede adquirir por analogía y absolutamente imposible de aprehender académica o discursivamente.  Esta experiencia es una entrega de sí misma llegando a la oblación total y plena de su persona a todos los niveles: corporal, emocional, sensible, espiritual…, adecuadamente llamada “alumbramiento”, como plenificación para una mujer, pudiendo incluso llevar a otro nivel de conciencia. 
Cuando ésta se vive en el contexto de la fe, llega a ser una incomparable manifestación de la presencia de D**s en la vida de una mujer.  ¿Cómo una mujer durante los dolores, que han sido calificados usualmente como “imposibles de soportar por un varón”, no desea más que poder tener entre sus brazos a la criatura que ha alimentado con su cuerpo para besarla por el resto de su vida?  ¿Cómo un ser humano, con todas las limitaciones de su “filosófica inmanencia”, es capaz de sentirse tan anonadado por el misterio de la vida al apreciar la maravillosa criatura que habitó en sus propias entrañas?  ¿Cómo puede negarse que la gestación y el parto sean actos co-creadores, unión del ser humano y D**s?
El parto, puede ser experiencia mística, cuando se vive desde la fe.  Es el encuentro esencial con lo más profundo del ser personal a la vez que vincula con la plenitud de la trascendencia.  Es el abrirse absoluto, pudiendo llegar a ser la más grande participación de la vida y la creación.  ¿A qué más si no a esto es a lo que le llama contemplación y arrobamiento la tradición mística?
Desde el momento en que intuye su embarazo, a una mujer le cambia la forma de situarse en la vida. Difícilmente puede hacerse presente el don de la vida dentro del cuerpo de una mujer sin que el espíritu atento lo intuya.  Ella es capaz de desplegar totalmente su persona ofreciéndose para cuidar, animar, acompañar la vida por el resto de su propia existencia.  El embarazo es una experiencia maravillosa, un sentirse amada y amante plena y total todo el tiempo.  La amada y el amante no se pueden separar: son una sola y a la vez dos.  La vida que habita el vientre de la mujer y late por sí misma, es la experiencia más radical del actuar de D**s en la creación.
La grandiosidad de la manifestación de la Vida en cada madre es una inexplicable, inabarcable, innombrable experiencia de encuentro con D**s, siempre y cuando exista la libre aceptación por parte de cada mujer.  Basta recordar la anunciación lucana, en la cual el ángel Gabriel entabla un diálogo con María posibilitándole el discernimiento para responder a las preguntas del caso.  Lo contrario hubiera sido un atropello, una aberración, una humillación, una violencia inconmensurable, indigna de humanidad, no digamos de divinidad.  Si D**s respeta la libertad, la autonomía y dignidad de sus hijas, ¿qué es el hombre para no hacerlo? 
El amor, la entrega, el servicio dentro de la enseñanza cristiana bajo ninguna circunstancia se puede imponer.  Jamás se puede obligar a otra persona a llevar una carga que uno mismo no elegiría, menos aún amar.  No se puede obligar a nadie, por muy profunda justificación deontológica[ii] que le demos, a entregar toda su vida, su ser, al servicio de otra persona.  D**s no lo hizo con María.




[ii] Deontología: tratado de deberes.

martes, 18 de febrero de 2014

EN BÚSQUEDA DE NUEVAS VISIONES


         

  NUESTRAS REFLEXIONES



01-14


Lubia De León[i]

Un tiempo nuevo para repensar y renovar

Recién ha iniciado un año nuevo en donde se hacen propicios los análisis, las evaluaciones, las proyecciones, los propósitos y nuevas metas que alienten el horizonte. En este momento de respiro para retomar energías, esta reflexión se enfoca en la necesidad de atreverse a repensar los discursos acerca de los símbolos e imágenes sagradas que influyen en la vida y acción de muchas personas, especialmente de las mujeres, sobre todo desde su propio conocimiento.
Cabe resaltar, que el conocimiento de las mujeres apenas se está reconociendo ya que su participación tanto en la historia como en las ciencias había sido limitada, afectando así su propio desarrollo. Por mucho tiempo, la experiencia de las mujeres se invisibilizó y minimizó, excluyéndola de la sociedad donde han predominado los paradigmas de conocimiento masculino. Ivone Gebara en su libro “Intuiciones Ecofeministas” alude al desarrollo de un conocimiento más amplio, hasta ahora no explorado o reconocido socialmente, desde las experiencias de las mujeres que incluya el espacio sagrado. La autora afirma que las mujeres al repetir las verdades transmitidas en los sistemas socioreligiosos pero no como conocimientos propios pierden el sentido de los significados.[ii] Para muchas mujeres guatemaltecas nuestros conocimientos y sabidurías son de inmensa riqueza. No obstante, parecen estar empañadas por las experiencias negativas de dominación, violencia, pobreza, discriminación, poco desarrollo,…entre otros males. Basta con ver las malas noticias de todos los días en los diarios, donde aparecen los cuerpos de mujeres con el común denominador que sus victimarios han sido varones. Ante este panorama, pensar y hablar de esperanza en un año nuevo es sumamente difícil para las niñas, jóvenes, adultas y ancianas que vivimos en este país. Por otro lado, los símbolos religiosos y las imágenes de un dios liberador que represente esperanza para las mujeres aún están lejos de su percepción. Más bien, éstas provocan fuertes contradicciones en su dignidad e identidad.
Me permito hacer alusión a una experiencia personal en el vecindario donde vivo y que parece ser común en nuestra sociedad: A finales del año pasado, una joven desapareció, hallándose una semana después vilmente asesinada, hecho que desgarró a su familia y conmocionó profundamente a quienes le conocíamos. En el sepelio (como en tantos otros) se escuchaba diversas interpretaciones de las personas asistentes acerca del sentido de esta muerte. Dentro de los discursos religiosos también sobresalió la afirmación de que la muerte, cualquiera sea la forma, era voluntad divina. Dicha explicación aunque tenía como objeto el consuelo de la familia, llamó considerablemente mi resistencia. Al argumentar que la muerte violenta está implicada en la voluntad divina y en especial la de mujeres que en la mayoría de casos es ocasionada por los varones, es contradecir la misma voluntad divina, que llama a la vida plena a todos los seres humanos. Aceptar esta afirmación sería admitir la imagen de un dios sádico, al que se le atribuye el control total del bien y del mal sobre la vida de las personas. Además, creer en este dios no sólo lleva a evadir la responsabilidad personal y colectiva ante hechos punibles sino ante todo a deformar su propia imagen de amor y de justicia. La muerte de toda persona es parte del proceso humano pero cuando es provocada violentamente llama a afrontarla como un hecho criminal que reclama la justicia humana-social. Dicha justicia debiera estar contemplada como voluntad divina. Sólo desde esta perspectiva las mujeres podrían empezar a descubrir la imagen de un dios amoroso al que le importa su bienestar integral, el de sus cuerpos, en su historia y no sólo como almas para ser salvadas en un reino sobrenatural. La situación de violencia que viven las mujeres y los hombres del tiempo actual, aunada a las interpretaciones fundamentalistas y misóginas, favorece que la injusticia continúe prevaleciendo. Cuántos familiares, amigos, amigas, o simplemente ciudadanos o ciudadanas, no hacen o continúan los procesos de denuncias. Muchos y muchas, ante la impunidad y la impotencia, influenciadas por fundamentalismos religiosos, resuelven dejar a las y los victimarios, en manos de una justicia divina que llegará tarde o temprano, pero que aleja las posibilidades reales de precedentes que beneficiarían la aplicación de justicia. Ahora bien, ante la complejidad del problema que representa para las mujeres la justificación de la violencia desde símbolos sagrados, es saludable el permitirse analizar si los discursos teológicos y cristológicos acerca de la redención y la retribución dentro de la tradición cristiana favorecen la justicia hacia ellas. Nuevas visiones y posibilidades
La esperanza nace de nuevas visiones acerca de la realidad con proyección de las posibilidades reales hacia la construcción de un futuro realizable. Como lo indica Mary Judith Ress, “Sin visiones nos perdemos”, título de su libro inspirado en Proverbios 29,18, las mujeres necesitamos de nuevas visiones, nuevos símbolos que correspondan a la realidad, la propia experiencia y conocimiento[iii].
Los cambios estructurales sociales son necesarios como resultado de una nueva conciencia. No basta con tener buenos propósitos, pues es a través de la experiencia que se adquiere y se transmite el verdadero conocimiento que lleva a los cambios profundos. Para avanzar y evolucionar como humanidad será necesario deconstruir muchos de los conceptos que impiden el desarrollo del pensamiento teológico y una espiritualidad propia de las mujeres, que les provea de sentido e identidad, situándose en el aquí y en ahora, en conexión con esta bendita tierra que sostiene al género humano y a todos los seres. Desde visiones nuevas que alienten la renovación y permitan a las mujeres el empoderamiento de la palabra propia y de su autoridad podrán abrirse horizontes capaces de eliminar el gran azote de la dominación de unos seres sobre otros para su utilización y destrucción. Apuntar a una visión holística y a una espiritualidad que conjugue la justicia en la cotidianidad como parte sagrada, puede orientar hacia la transformación a través de acciones encaminadas al cuidado de la vida y el respeto de los seres humanos en relaciones de interdependencia y corresponsabilidad.


[i]  Licenciada en Ciencias Religiosas, M.A. en Teología Feminista, integrante del Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala.
[ii] Ivone Gebara, Intuiciones Ecofeministas. Ensayo para repensar el conocimiento y la religión, (Montevideo: Doble Clic, 1998), p. 71.
[iii]  Mary Judith Ress, Sin Visiones nos perdemos: Reflexiones sobre teología ecofeminista Latinoamericana, Traducción Maruja González Torre, (Santiago de Chile: Colectivo Con-spirando, 2012), p.7.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Pacto Entre Nosotras

Braulia Antonieta Amado*
Estamos a unos días de terminar este año 2013, y quisiera en este espacio dejar algunas reflexiones que, como integrante del Núcleo Mujeres y Teología he ido recogiendo, comprendiendo y asumiendo como parte de mi práctica cotidiana y, sobre todo, en el aporte a las mujeres, y porque donde estemos demos nueva aportes para Brardebilitar el patriarcado.
Quiero iniciar esta reflexión haciendo notar que a las mujeres, que ocupamos distintos espacios o bien promovemos acciones en favor de otras y de nosotras mismas, el Núcleo nos va posicionando respecto a lo importante que es construir un escenario de oportunidades y posibilidades entre nosotras.
Frente a esto, hoy quiero dejar algunos elementos que a lo largo de mi experiencia he descubierto y que me parece importante apuntar para que entre las personas del sexo femenino que construimos un mundo diferente podamos reflexionar sobre la posibilidad de adquirir nuevas formas de relacionarnos, comunicarnos, manejar el poder y hacernos visibles.
Es importante mencionar que el patriarcado es una raíz (si la comparamos con un árbol) que debemos arrancar y debilitar en acciones que nos lleven a desarrollar pactos convivencia pacífica entre nosotras.
Lo expreso así, porque considero que en estos tiempos sigue siendo necesario reconstruir los roles, ideas y formas de concebir a la mujer que el sistema imperante nos ha enseñado, y que sobre todo para quienes actuamos a lo interno de los grupos es importante hacerlo una práctica constante.
Digo esto porque, como he manifestado en las primeras líneas, debemos hacer el doble esfuerzo de seguir desaprendiendo lo que nos han enseñado sobre nuestro rol de las mujeres. Me refiero a que, aunque estemos en la sintonía de saber que no debemos descalificarnos, caemos en la provocación y criticamos a las mismas compañeras que hacen aportes y proponen algo diferente, sin darnos cuenta de que este sistema provoca eso para dividirnos y controlarnos a su sabor y antojo.
Invito en esta reflexión a hacer visible lo que queremos las mujeres, es decir, construir para todas una sociedad con menos patriarcado, capitalismo y racismo.
En las jornadas que como Núcleo tuvimos en septiembre, la doctora Mercedes Navarro nos dejó la tarea de hacer posibles los pactos entre nosotras en los espacios que habitamos. Me parece importante acordarlos y practicarlos en donde nos encontremos para que en su momento sean un aporte a esta sociedad, por lo que hoy quisiera proponer algunos acuerdos que considero nos pueden ayudar despatriarcalizar esta sociedad.
*      No caer en la descalificación de una mujer por muy contraria que parezca su posición
*      No permitir la crítica destructiva
*      Debilitar el machismo interviniendo en conversaciones en las que predomina el hombre, no quedarnos calladas.
*      Apoyar las iniciativas de las mujeres, aunque parezca que contradigan las nuestras.
*      Denunciar las injusticias contra nosotras. 
*      No permitir que seamos motivo de chistes, burlas o juegos machistas.
*      Demostrar que podemos trabajar en equipo para alcanzar una meta u objetivo propuesto.
*      Confiar en que estamos luchando juntas por el cambio.
*      Ser solidarias entre nosotras, aunque mucho nos cueste.
*      Promover el liderazgo femenino. 
(*) Braulia Antonieta Amado González
Profesora en Ciencias Religiosas.
Licenciada en Psicología Educativa.
Miembro del Núcleo Mujeres y Teología


Más allá del Matriarcado

Beatriz Eugenia Becerra Vega* 
Me atrae acercarme, acercarnos brevemente al tema del Matriarcado, para explorar tal vez algo desconocido, atrayente, estimulador, ya que llevamos siglos de vivir inmersas en sociedades e iglesias patriarcales y haciendo referencia en Teología a la Patrística, en Biblia a los Patriarcas y hasta en el arte nos fascinamos con obras que son Patrimonio común de la humanidad.
Cuando hablamos de patriarcado, patriarcal, lo escuchamos como una denuncia del predominio del padre, señor o “kyriarcalismo” que dice Elizabeth Shüssler Fiorenza1. Cuando nos referimos a la Biblia, hablamos de los Patriarcas como padres en la fe, pero luego, el feminismo ha venido desempolvando el protagonismo de las matriarcas en los orígenes de la humanidad, así como en los orígenes de las religiones y representaciones de las divinidades primitivas.
Ahora, si vamos a algunas definiciones de la palabra “matriarcado”, nos encontramos con algunas incomodidades, ya que la raíz viene del latín “máter, madre” y del griego “archein-gobernar”, por lo tanto, haría referencia a una sociedad gobernada por mujeres o que por lo menos mostraría el predominio de la autoridad de las mujeres.2
Aunque hay también quiénes la colocan a otro nivel, como la mujer que por su edad y sabiduría posee autoridad y es la más respetada en una gran familia o comunidad; ciertamente esto nos induciría a matizar distintas modalidades de la autoridad, pero no es el propósito de nuestro tema. Sin embargo, sí resulta significativo el que no haya datos para concluir que las sociedades en las cuales los hombres no dominaban a las mujeres, eran sociedades en que las mujeres dominaban a los hombres.
Esto me lleva a pensar que la importancia de nombrar, de recuperar a las matriarcas que nos antecedieron, no es con el fin de reproducir la contraimágen del patriarcado, sino más bien, para visibilizar, honrar y hacer justicia histórica y desde ahí, dar el salto a nuestro presente, inspirándonos para construirnos, nombrarnos, levantarnos, celebrarnos.
A propósito de este planteamiento, me gusta traer a la memoria lo que tan bellamente aprendimos, nos inspiró y practicamos desde la década de los 70 del siglo pasado, con el gran maestro y pedagogo Paulo Freire en la “Pedagogía del Oprimido”: y es la fuerza transformadora que posee el conocer, nombrar, desenmascarar, rechazar las actitudes y comportamientos del patriarcalismo, no del varón como tal, para no reproducirlas, para no darle la vuelta a la tortilla. Inclusive, para estar, como mujeres permanentemente atentas para desenmascarar y expulsar los fuertes y sutiles introyectos que están tan firmemente asentados en cada una de nosotras, así como en nuestros colectivos e instituciones.
Sería también un gran aliciente para descolonizar la imagen de Dios todopoderoso, omnisciente, el Dios de fuera, lejano, inaccesible, juez implacable, obsesivo sexual, que sólo exige sacrificios, que culpabiliza implacablemente a la mujer y en cambio abrirse al Dios que se encarna en lo pequeño, que escucha y que le duele el sufrimiento de las personas débiles, el Dios humano que es víctima de la brutal tentación de poder, el Dios del amor gratuito e incondicional, el de la alegre misericordia, el que dignifica sin cesar a las mujeres.
Resulta alentador evocar el protagonismo de las divinidades femeninas de los orígenes de la humanidad, de las religiones, así como las mujeres que han atravesado la historia, la ciencia, la espiritualidad y que luego nos han sido arrebatadas e invisibilizadas para que no alboroten el predominio del patriarcado. Sin embargo, el desempolvarlas, el releerlas, el honrarlas, es para prolongar su aliento, su energía dinamizadora, revoltosa, transgresora y dejarnos acompañar por ellas en el cuidado de nuestros sueños.
En la mitología griega y romana tenemos a Atenea, Hera, Deméter, Atargatis y Dea Syria. La Diosa cananea Astarté o la sumeria, La Diosa del Árbol de la Vida.3
Algunas matriarcas de la Biblia hebrea: Sara, Agar, Rebeca, Lía, Raquel, Bilhá, Zilpá, Dina, Tamar.4
Y las místicas, filósofas y teólogas: Hildegarda de Bingen, Gertrudis de Helfta la grande, Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Anna María van Schurman, , Maríe de Gourney, Ángela de Foliño, Catalina de Siena, Edith Stein, Simone Weil.5
El recuperar a nuestras Diosas y Matriarcas es para empujar el nuevo paradigma evolutivo, para hacer el tránsito milenario del matriarcado y patriarcado hacia el paradigma “genérico-holístico, donde la diferencia no se equipara necesariamente a la inferioridad o la superioridad. Es superar la jerarquización de la humanidad, la mitad de una parte sobre la otra”.6
Y aquí me surge la pregunta: ¿Por qué plantear el antagonismo y la superioridad entre el ser que gesta, alberga, que da la vida y la nutre y el ser que muchas veces, haciendo alarde de un poder distorsionado, insano, violento, guerrerista, excluyente, aniquila la vida? ¿Por qué una parte de la humanidad se atribuyó lo absoluto de la razón y del pensar, del decidir, del legislar, del gobernar e incluso de ser los únicos mediadores de la divinidad, a costa de subyugar, despreciar, excluir, maltratar, abusar, violentar a la otra parte de la humanidad? Cuando nuestros ancestros, ya desde el neolítico, representaban el poder divino en forma femenina, apoyados en la observación de la vida que emerge del cuerpo de la mujer. “A partir de ahí empezaron a imaginar el universo como una gran Madre bondadosa, valoraron las cualidades femeninas del cariño, la empatía, la compasión, la no violencia, muy lejos de una estructura que venerara a un Padre divino que empuña un relámpago y/o una espada”.7
Por eso hoy queremos convocar a nuestras Diosas y Matriarcas ancestrales, que hoy nos habitan y habitan en los entresijos de la historia, de nuestras ciudades y de nuestros pueblos, de grupos humanos alternativos, con ciudadanía adulta, que habitan también en los surcos y en la choza del campo, en las oficinas, las fábricas, la maquila, escuelas, universidades, iglesias, en los vericuetos y precipicios de las barriadas, bajo los puentes, las de los márgenes y las de la periferia, las de las maras y ¿por qué no? también en los espacios de placer, de esparcimiento, en los cuerpos habitados y deshabitados, en los que se levantan y en los que aún están dormidos.
Entonces, queremos afirmar que no queremos ni matriarcado ni patriarcado, sino la danza rítmica, poética, sugerente, apasionada, tierna y cariñosa, respetuosa, placentera, paradójica e incluyente de los cuerpos que aletean y energetizan todo el Cosmos, devolviéndole su vocación originaria de armonía, de justicia y paz para todas y todos.
*Teóloga, Profesora y acompañante, miembro del Núcleo Mujeres y Teología. 
1 cf. “Cristología feminista crítica”, Ed: Trotta, pág. 16
2 cf. Wikipedia
3 EISLER, Riane, “El Cáliz y la Espada”, ed: Pax México 1997, pág. 98.
4 www.benedictinescat.com
5 Cf. En CHIAIA, María: “El Dulce Canto del Corazón”, Ed Narcea 2006 y en FORCADES, Teresa: “La Teología Feminista en la Historia”, Fragmenta Editorial, 2011.
6 cf. Op. c. EISLER, págs. Introducción XXV, 25-27, 30, 44 y 119.
7 EISLER op. c.

martes, 15 de octubre de 2013

¡Agenda cumplida!

Según Agenda Programada, el pasado  mes de Septiembre 2013 en la ciudad de Guatemala hemos realizado las XVI Jornadas de Mujeres y Teología, bajo  el lema "Mujer, tu fe te ha salvado"...
Los detalles nos los narra desde México Marisa Noriega. Les presentamos unas líneas del artículo publicado en eclesalia digital el 14/09/13

‘MUJER, TU FE TE HA SALVADO’
Reseña de la XVI Jornada Mujeres y Teología, Guatemala 2013
MARISA NORIEGA CÁNDANO, mamarisa_noriega@yahoo.com
MÉXICO DF (MÉXICO).
ECLESALIA, 14/10/13.- El viernes 20 y sábado 21 de septiembre del año en curso, se llevó a cabo la décimo sexta Jornada Teológica, organizada por el Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala.
El Núcleo de Mujeres y Teología de Guatemala, nació el 18 de abril de 1992 gracias a la inquietud de 6 mujeres estudiantes de teología. Actualmente está conformado por alrededor de 12 mujeres, de distintas iglesias y culturas que se reúnen una vez al mes y desde su sentir y pensar, escriben y publican regularmente sus reflexiones sobre teología feminista.
En un principio las Jornadas se llevaban a cabo cada dos años en la Universidad Rafael Landívar, ahora, las organizan anualmente en el Centro Mariápolis en la zona 3 de Mixco en Guatemala. El Núcleo convoca a mujeres y hombres de distintas comunidades indígenas y rurales del país, así como a estudiantes, seminaristas, religiosas, laicas y laicos de las diversas zonas urbanas y siempre tiene los brazos y el corazón abiertos para las personas que asistimos de distintos países latinoamericanos.
Cada Jornada Teológica invitan a distintas teólogas feministas renombradas, para nutrirse de su sabiduría, para crecer, profundizar y actualizar su fe y sus reflexiones, y para alentar su compromiso e intensificar su testimonio con miras a construir un mundo más justo y equitativo. La catedrática este año fue la Dra. Mercedes Navarro Puerto, 
para ver texto completo hacer click en el siguiente enlace:   http://eclesalia.wordpress.com/