Hoy recordamos que somos resistencia: mujeres que, como tantas antes que nosotras, sostienen la vida cuando es amenazada. Resistimos desde el amor, desde la conciencia, desde la memoria que se niega a callar. Sostenemos la vida que habla desde adentro, de nuestro corazón unido al corazón de la Madre Tierra. Porque la historia no se olvida, se guarda para ser custodiada y validada.
Somos lucha: acción
silenciosa y valiente que transforma la historia paso a paso. Porque incluso el
gesto pequeño puede abrir caminos de dignidad. Porque nuestro actuar acontece
en el silencio del gesto sencillo y amoroso, pero como la semilla de mostaza,
brota poco a poco y llegará a dar frutos y ramas bellas en donde anidarán
infinidad de pájaros.
Defendemos la vida en toda su
plenitud. La vida de las niñas, de las abuelas, de las que trabajan, de las que
cuidan, de las que sueñan. Porque somos vida, aliento que emana de la fuerza de
la Sabiduría.
Tenemos hambre y sed de justicia,
y no renunciamos a ella. Creemos en la promesa de que quienes la buscan serán
saciadas. Porque la sed de justicia espera a ser denuncia y anuncio de que ya
viene el Reino.
Y afirmamos nuestra
identidad: somos parte de la historia, no sus márgenes. Que nos vean. Que nos
escuchen. Que nuestra voz cuente.
Este 8 de marzo caminamos juntas. Por la dignidad. Por nuestra voz. Por la memoria. Por la vida.

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