lunes, 1 de octubre de 2018

Patriarcado con pies de barro



                                               NUESTRAS REFLEXIONES SEPTIEMBRE, 2018

Maite Menor Esteve





Patriarcado con pies de barro

En estos momentos, hay una realidad convulsa en muchas partes del mundo, hay muchos movimientos de mujeres en lucha por ser ellas las que tomen las decisiones en sus vidas y por escapar, de alguna manera, al pensamiento hegemónico patriarcal. Puede parecer ilusorio pero me ha hecho pensar en el texto bíblico de Daniel 2, 31 en el que se relata el sueño de Nabucodonosor con una visión: “una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario; su aspecto era impresionante. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata,
 el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro”.
En esta visión una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. Esto me ha hecho pensar en que el patriarcado, a pesar de los casi cuatro mil años de existencia, tal vez sea ese ídolo con pies de barro, que tarde o temprano caerá hecho pedazos.

Son muchos los años de dominación y subordinación, pero creo que se están empezando a abrir algunas grietas en este patriarcado que hará que algún día, se caiga a trozos, tal vez no lo veremos ni tú ni yo, pero tengo la esperanza que serán otras mujeres y otros grupos,  oprimidos hoy, los que lo verán. A los largo del ancho mundo, son muchas las mujeres que están tomando conciencia de que ellas tienen la misma dignidad y los mismos derechos que los hombres, ya se han cansado de la subordinación y de que les digan lo que tienen que hacer, cómo tienen que vivir, qué reglas éticas o morales tienen que seguir, etc., YA NO MÁS, BASTA YA.

Han proliferado, en los últimos años, una serie de
movimientos en contra de la violencia contra el cuerpo de las mujeres: “#Ni una menos” Argentina, “#Metoo” en Estados Unidos,
#BalanceTonPorc” en Francia, “#YoReconozco” en México, en España el caso de la “Manada” ha generado más conciencia del problema y se llenaron las calles. Son movimientos de resistencia colectiva que buscan la igualdad entre hombres y mujeres, se han desarrollado
alrededor del mundo ya que el problema de acoso, desigualdad, violencia, misoginia, etc., está presente en todo el planeta. Hasta famosas estrellas de cine han empezado a denunciar el acoso sexual y los abusos sufridos y han creado un movimiento contra el abuso sexual
"Time's Up".

Toda esta realidad es fruto del patriarcado que durante estos cuatro mil años[1], ha ejercido la mitad de la humanidad, los hombres, sobre la otra mitad, que son las mujeres. Durante todo este tiempo se han creído superiores y con todos los derechos sobre las mujeres, sus cuerpos, sus mentes y sus vidas. Pero está surgiendo otra conciencia en las mujeres que acabará con este patriarcado. Hay que aprovechar este momento de la historia para realizar una revolución cultural que transforme el patriarcado y se acabe por abolirlo.

Gerda Lerner, en el libro “La creación del patriarcado “dice: “Hace tiempo que sabemos que la violación ha sido una forma de aterrorizarnos y mantenernos sujetas. Ahora sabemos también que hemos participado, aunque fuera inconscientemente, en la violación de nuestras mentes”. Estamos en un momento histórico para decir NO MÁS, no más violaciones en nuestros cuerpos, no más violaciones en nuestras mentes. Las mujeres hemos de trabajar y transformar el androcentrismo que tenemos metido en la cabeza y poco a poco, liberarnos para poder llegar a ser nosotras mismas. Somos muchas las que queremos hacer este cambio, apoyémonos y trabajemos para lograr, aunque tú y yo, no lo veamos, la liberación de las mujeres.


                                                                       Maite Menor Esteve
                                                                       Guatemala

martes, 28 de agosto de 2018

“MUCHACHA, A TI TE DIGO, LEVÁNTATE” (MC 5, 41)


NUESTRAS REFLEXIONES AGOSTO, 2018




                                             
Ana Luisa Argueta W.











“Muchacha, a ti te digo, levántate” (Mc 5, 41)

Por el texto bíblico referido se sabe que la joven se levantó al instante, caminó y comió. Si imaginamos que podemos conversar con ella, ¿Qué nos diría ante la experiencia de haber recuperado la vida? ¿Qué pudo haber pasado por su corazón y mente al saber que su vida era tan valiosa que no le fue indiferente al hijo de Dios?  Claro que perfectamente se puede subrayar que fue la fe de Jairo, padre de la adolescente, el principal móvil que motivó a Jesús a desafiar a la muerte.  Pero, conociendo a Jesús, podríamos también atrevernos a decir que más allá de querer enfatizar su identidad, lo que le ganaba era su deseo de estar cerca de quienes sufren y de quienes, aparentemente, no valen porque la sociedad les coloca en el último escalón como simples objetos que son utilizados cuando conviene. (Vale la pena recordar en este momento, que  en el tiempo de Jesús, las mujeres eran marginadas tanto social como religiosamente, no participaban en la vida pública en donde debían pasar inadvertidas.)

Al trasladarnos a hechos concretos de nuestra realidad guatemalteca: ¿Qué diría…qué dice Jesús ante la noticia publicada en Prensa Libre[1] el sábado 18 de agosto de 2018, página 11, titulada “Mujeres explotaban sexualmente a tres niñas”?  Aparte del dolor tan profundo que puede sentir, me animo a creer, sin equivocarme, que su indignación es tan grande como cuando expulsó a los mercaderes del templo.

Y, ¿Cómo puede sentir nuestra sociedad ante un hecho como éste? Una madre y una tía vendiendo a tres niñas de 11, 13 y 15 años, durante 6 meses por Q.50.00 (aproximadamente US$6.50) para “servicios” sexuales requeridos por hombres mayores de edad. ¿Qué las llevó a actuar tan nefastamente, a desvalorizarse desvalorizando a estas chiquillas? ¿Será que el desenlace de estas jovencitas violentadas es que podrán caminar, comer y seguir viviendo, levantando sus rostros con dignidad como signo de que pese a haber sufrido tanto daño, están vivas y tienen derecho de ser felices?  ¿Cómo podemos sentir las mujeres que tenemos hijas, sobrinas, hermanas, amigas ante esta acción de pisotear la dignidad de estas jovencitas?  Porque, al fin y al cabo, esta afrenta es para todas las mujeres. ¿Cómo decirles “levántate” y pedirles que reconstruyan su vida ante vejaciones de esta naturaleza?
Sin embargo, ante todo lo absurdo que pudiera parecer ese “levántate”, puede que sea la fuerza que impulse a gritar que el mal NO puede ganar y que, también, sea lo que empuje a que la justicia se aplique para: proteger a estas niñas (brindarles tratamiento psicológico y médico adecuado para que puedan rehacer su vida, creer en ella y que no repitan la historia con sus hijas o hijos); así mismo, para que las medidas que se tomen contra quienes las dañaron sean tales que garanticen que nunca más volverán a cometer actos en contra de seres indefensos.

Ojalá que ante realidades tan dolorosas e inaceptables como la de esta noticia, las personas seamos capaces de dejarnos tocar para decir ¡SI A LA VIDA! y testimoniar así que no pertenecemos al grupo que padece de la “globalización de la indiferencia”, que nos puede volver incapaces de compadecernos ante el sufrimiento de los y las otras.[1]

Ojalá que nos dejemos iluminar por Jesús, que lloró, se compadeció y que, también actúo en favor de la existencia humana: “Yo he venido a dar vida” (Jn 10,10).

Así que es necesario… es urgente rescatar el valor de la indignación ante noticias como la expuesta en este espacio, de preguntarnos: ¿Qué hay detrás de un trato tan inhumano e injusto? ¿Qué vida es la que se promueve en nuestra sociedad? ¿Puedo aportar de alguna manera para que la obscuridad de la muerte (y no con referencia a la natural como proceso normal de la vida) no se cierna sobre nosotras y nosotros? ¿Responde nuestro actuar a lo que espera Jesús cuando habla del Reino?

Por eso, quiero terminar este mensaje dirigiéndome a ellas y a todas las mujeres jóvenes, niñas, adultas que han pasado por momentos de muerte, diciéndoles:

¡LEVÁNTATE!
Si no fueras tan valiosa, no hubieras sido hecha a imagen y semejanza de Dios (Gn1,27).  Si Dios no te quisiera tanto, no tendrías la dignidad que recibiste por el sólo hecho de nacer.  Eres valiosa, fuerte, tienes derecho a ser amada y, no estás sola. 
 ¡LEVÁNTATE!



[1]Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, No.54.



[1] Periódico guatemalteco.


*Ana Luisa Argueta W. es Licenciada en Teología por la Universidad Rafael Landívar. Actualmente trabaja en: ICE/CEFAS, Trabajo pastoral, Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Ciudad de Guatemala.
Integrante del Núcleo Mujeres y Teología de Guatemala.